La plaza de l'Ajuntament de Valencia se quedó pequeña este miércoles. Más de 50.000 personas acudieron a la llamada de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) para mostrar su apoyo a Ceuta, en una concentración que coincidió con el Día de Ceuta y que convirtió el corazón de la ciudad en un símbolo de solidaridad con la ciudad autónoma. No era un acto cualquiera: era la respuesta ciudadana a uno de los episodios fronterizos más graves de la historia reciente de España.
El detonante: la mayor entrada masiva en la frontera hispano-marroquí
La crisis comenzó a finales de julio de 2026, marcada por la entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos hacia Ceuta el 30 de julio. El Gobierno de España estimó en unas 72.000 las personas que accedieron irregularmente a Ceuta entre el 30 y el 31 de julio, lo que convirtió el episodio en el mayor registrado en la frontera hispano-marroquí desde la crisis de 2021. Para poner esa cifra en perspectiva: es como si la población entera de una ciudad mediana española cruzara una frontera en menos de 48 horas.
Ceuta ocupa apenas 19 km² en la orilla africana del Estrecho de Gibraltar, a 14 kilómetros de la Península, y constituye junto a Melilla la única frontera terrestre de la Unión Europea en África. Marruecos reclama ambas ciudades y nunca ha reconocido formalmente esa frontera, de modo que cada flujo migratorio adquiere allí una doble condición: humanitaria y geopolítica. No es la primera vez que ocurre algo así, aunque sí la vez de mayor magnitud: en 2021, cerca de 10.000 personas entraron en dos días después de que la policía marroquí relajara los controles, en represalia por la acogida que España hizo al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
Una voz ceutí en el centro de Valencia
El acto en la plaza de l'Ajuntament no fue solo una concentración silenciosa. Tuvo nombre, rostro y palabras. Luna Granell, ceutí de nacimiento y valenciana de adopción desde 1984, fue la encargada de leer el manifiesto ante la marea humana que llenaba la plaza. Con la autoridad de quien conoce las dos ciudades desde dentro, Granell no escatimó en claridad.
"Proteger Ceuta es proteger España. Porque defender Ceuta es defender nuestra seguridad y nuestra convivencia." - Luna Granell, portavoz del manifiesto de la concentración de Valencia en apoyo a Ceuta
En su intervención, denunció que Ceuta está afrontando "una presión extraordinaria que está poniendo a prueba sus recursos y su capacidad para mantener la normalidad" tras lo sucedido los días 30 y 31 de julio. Y añadió que con ello "también se está poniendo a prueba a España y nuestra capacidad para proteger nuestras fronteras, garantizar la seguridad y defender la integridad de nuestro territorio".
Granell fue especialmente rotunda al referirse a la soberanía española sobre la ciudad: "Ceuta es una parte irrenunciable de nuestro país. Lo es por su historia, por el Derecho y por la voluntad libre y democrática de los ceutíes, que generación tras generación han expresado su identidad española." Y reivindicó, sin ambigüedades, que "la soberanía española sobre Ceuta no se cuestiona. La integridad territorial de España no se negocia". Antes de concluir, reclamó al Gobierno de España que refuerce los medios del Estado en la ciudad autónoma.
Instituciones unidas en la plaza
La convocatoria fue respaldada también por la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP), lo que dotó al acto de un respaldo institucional amplio y transversal. En el estrado coincidieron el president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca; la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, y el presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó. Un alineamiento de las tres principales instituciones territoriales que no pasa desapercibido en el contexto político actual.
El acto concluyó con la interpretación del himno de Ceuta, seguido del himno de la Comunitat Valenciana y del himno de España. Tres melodías que cerraron una tarde en la que una plaza valenciana se convirtió, por unas horas, en un espejo de lo que ocurre a catorce kilómetros de la Península, en ese pequeño enclave de apenas 19 km² que hoy ocupa el centro del debate sobre la soberanía, la migración y el futuro de las fronteras europeas.


