Valencia mira con preocupación la llegada de la temporada de borrascas. Y es en que la provincia de Valencia se tiene todavía muy presente lo que ocurrió el pasado octubre de 2024 cuando una gran riada arrasó con todo a su paso. Desde entonces, las distintas administraciones han puesto todos sus esfuerzos en implementar y actualizar los planes anti inundaciones, realizar simulacros (como en el caso de La Torre, en Valencia) o desarrollar programas formativos que enseñen a la ciudadanía a actuar ante fenómenos meteorológicos adversos.
En este punto, la Generalitat Valenciana sigue avanzando en un sistema de alerta temprana (SAT) que, aunque no estará operativo para este año, permitirá avisar de posibles inundaciones con hasta 16 días de antelación. Así, una vez se adjudique, la empresa dispondrá de un plazo de 20 meses para su desarrollo.
Este sistema no estará al alcance de la ciudadanía, sino que se utilizará por las instituciones para coordinarse con el servicio de Emergencias, Delegación de Gobierno y, sobre todo, con los ayuntamientos. Un sistema que pretende subsanar los errores del pasado, cuando el ES-Alert llegó a la ciudadanía cuando ya no había nada que hacer para poder ponerse a salvo.

Cómo funcionará el nuevo sistema de alerta de la Comunitat Valenciana
El nuevo sistema de alerta temprana de inundaciones de la Generalitat estará diseñado para anticiparse a posibles riadas y no solo reaccionar cuando el agua ya ha comenzado a crecer. La herramienta permitirá generar alertas y ayudar a gestionar las inundaciones en tiempo real a partir de diferentes variables meteorológicas y de su evolución, tanto con datos observados como con simulaciones.
Una de sus principales novedades será la capacidad de prever posibles inundaciones con hasta 16 días de antelación, según el modelo licitado por el Consell. Para ello, combinará las previsiones meteorológicas con los datos de lluvia registrados en tiempo real y utilizará modelos hidrológicos e hidrodinámicos capaces de simular cómo se comportará el agua en el territorio.
El sistema analizará así qué cantidad de agua puede acumularse, cómo puede evolucionar el caudal y qué zonas podrían verse afectadas, teniendo en cuenta las características de cada cuenca. Además, recurrirá tanto a modelos deterministas como probabilísticos, de manera que no ofrecerá únicamente una previsión concreta, sino también distintos escenarios en función de la incertidumbre existente.
Las predicciones hidrológicas estarán automatizadas y permitirán cuantificar la incertidumbre de las previsiones de caudal y generar diferentes escenarios de probabilidad para varios horizontes temporales. De esta forma, el sistema podrá determinar el nivel de alerta previsto para cada cuenca y actualizarlo a medida que se incorporen nuevos datos.

Pero la herramienta no se limitará a señalar en un mapa dónde puede producirse una inundación. También permitirá conocer qué elementos vulnerables podrían quedar afectados, como colegios, carreteras u hospitales, y facilitará recomendaciones a los ayuntamientos para que puedan tomar decisiones antes de que llegue la emergencia.
En la práctica, el objetivo es disponer de una especie de radiografía anticipada de una posible riada: primero se analiza la previsión meteorológica, después se calcula cómo esa lluvia puede traducirse en escorrentía y aumento de caudales y, finalmente, se simula qué zonas y puntos sensibles podrían verse afectados. Los responsables de emergencias podrán utilizar esa información para prepararse y actuar con mayor margen.
Por tanto, el salto respecto a un sistema basado únicamente en sensores es importante. Y es que no se trata solo de medir cuánto está creciendo un cauce, sino de combinar previsión meteorológica, lluvia en tiempo real, modelos de cuenca, simulación del agua, escenarios probabilísticos e identificación de zonas vulnerables para anticipar el riesgo y facilitar la toma de decisiones.


