Gandia da un paso más en su apuesta por una movilidad más humana. El Ayuntamiento ha iniciado la instalación de nueve nuevos radares pedagógicos repartidos por diferentes barrios y zonas estratégicas de la ciudad, lo que elevará el parque total de estos dispositivos a once. La novedad no es menor: ninguno de estos radares tiene capacidad sancionadora. Su única misión es recordarle al conductor, en tiempo real, a qué velocidad está circulando.
Un radar que educa, no que multa
La regidora de Movilidad, Tránsito y Transporte Público, Lydia Morant, visitó esta mañana uno de los nuevos equipos instalados en la calle Valier, en el barrio del Raval, acompañada del comisario jefe de la Policía Local, José Martínez Espasa. La imagen es elocuente: donde otros municipios han optado por la vía sancionadora, Gandia elige la persuasión. Informar, no castigar.
"Esta medida no tiene un afán sancionador ni recaudatorio. Son radares pedagógicos que buscan informar al ciudadano de la velocidad a la que circula, intentar que el conductor levante el pie del acelerador y generar entornos más amables y más seguros para peatones, ciclistas y vehículos de movilidad personal." - Lydia Morant, regidora de Movilidad, Tránsito y Transporte Público del Ayuntamiento de Gandia
La distinción es importante. Los radares pedagógicos nacen para hacer justicia a su nombre: la inmensa mayoría no pone multas, sino que están diseñados para concienciarnos sobre la importancia que tiene respetar los límites de velocidad. En la práctica, si el conductor circula a más velocidad de la permitida, el marcador muestra los km/h en rojo; si respeta el límite, la indicación se ilumina en verde. Un semáforo silencioso que apela a la conciencia.
Dónde y por qué en esos puntos
La ubicación de los nuevos dispositivos no es arbitraria. Los servicios municipales y la Policía Local han aplicado criterios técnicos para determinar los emplazamientos, priorizando zonas residenciales, entornos escolares y aquellos puntos donde se ha detectado una velocidad de circulación especialmente elevada. Cada municipio determina el lugar de instalación en función de sus necesidades, priorizándose travesías, entornos escolares y zonas con alta presencia peatonal. Gandia no es una excepción a esa lógica.
Además de mejorar la seguridad, estos dispositivos permiten recopilar datos sobre el volumen de tráfico y la velocidad de los vehículos, información útil para futuras actuaciones en materia de movilidad y seguridad vial. Dicho de otro modo: cada vez que un conductor pasa ante uno de estos radares, la ciudad aprende algo sobre sí misma.
Tecnología solar al servicio de la calle
Otro elemento que distingue a esta iniciativa es su apuesta por la sostenibilidad energética. Los nueve nuevos radares funcionan mediante energía solar, lo que los convierte en dispositivos autónomos que no requieren conexión a la red eléctrica. Para la opción de radar pedagógico con panel solar, este panel se fija directamente mediante un fleje, facilitando su instalación en prácticamente cualquier punto de la vía pública sin obras de envergadura.
Los equipos están entrando en funcionamiento de manera progresiva a lo largo de esta semana. La iniciativa de Gandia se inscribe en una tendencia creciente entre los municipios españoles: estos radares pedagógicos, sin capacidad de denuncia, cumplen principalmente una función educativa e informativa, mostrando la velocidad real de cada vehículo y lanzando mensajes de advertencia como "reduzca la velocidad" o "atención, zona escolar".
Un llamamiento a la convivencia
Más allá de la tecnología, Morant aprovechó la visita para dirigirse directamente a la ciudadanía con un mensaje que va más allá del tráfico: respetar las normas de circulación es también una forma de cuidar el espacio compartido. Respetar las normas de circulación es una responsabilidad compartida y fundamental para proteger a peatones, ciclistas y, especialmente, a los colectivos más vulnerables.
En un momento en que las ciudades buscan compatibilizar coches, bicis, patinetes y peatones en un mismo asfalto, la apuesta por la pedagogía frente a la sanción puede ser más eficaz a largo plazo que cualquier multa. Porque un conductor que entiende por qué debe reducir la velocidad tiene más razones para hacerlo que uno que simplemente teme la foto del radar.

