Un congreso llega, llena hoteles, vacía agendas y se va. Eso, al menos, era el modelo tradicional. València ha decidido que ya no es suficiente y ha puesto en marcha una estrategia que aspira a convertir cada evento internacional celebrado en la ciudad en algo parecido a una semilla: que los expertos que visitan la capital valenciana no solo consuman, sino que también construyan.
Del gasto turístico al legado duradero
El Ayuntamiento de València ha reunido en el centro de innovación urbana La Harinera a los principales organizadores de congresos y reuniones profesionales para lanzar una iniciativa que, según sus impulsores, no tiene precedentes en Europa. El objetivo es claro pero ambicioso: que el conocimiento, la tecnología y el talento de los miles de especialistas internacionales que cada año pasan por la ciudad no se evaporen con el cierre del último panel, sino que se integren en universidades, empresas y agentes sociales locales a través de proyectos de investigación, ciencia y formación compartida.
La herramienta central de esta estrategia es el denominado programa de legado, un concepto que ya empieza a ganar terreno en el sector a nivel global. El turismo de congresos incorpora hoy una vertiente que busca integrar al delegado en el destino, y se percibe cada vez más como una herramienta de posicionamiento estratégico y de legado social para los territorios anfitriones. Lo que propone València, sin embargo, va un paso más allá: no se trata solo de que el congresista disfrute de la ciudad, sino de que la ciudad se beneficie del congresista.
"Estamos trabajando para que los congresos se conviertan en herramientas de transformación urbana. València está liderando un modelo innovador en Europa que conecta los eventos con la ciudad y que permite construir valor más allá del propio evento." - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València
Un proyecto con nombre propio y respaldo europeo
La iniciativa no surge de la nada. Detrás de este encuentro en La Harinera existe un proyecto estructurado llamado Zentropy MICE, cofinanciado por la Unión Europea dentro de la iniciativa European Urban Initiative. Está impulsado por el Ayuntamiento de València en colaboración con València Innovation Capital, la Fundación Visit València, el Palacio de Congresos de València, la Universitat Politècnica de València y la consultora Khora Urban Thinkers, junto a ciudades socias de transferencia como Heidelberg (Alemania), Ljubljana (Eslovenia) y Larissa (Grecia).
Zentropy MICE se basa en la aplicación del concepto de entropía urbana al sector de reuniones y congresos con el propósito de optimizar los flujos de energía, materia e información que generan estos eventos. Para ello, incorpora una metodología propia que incluye una calculadora de entropía urbana desarrollada por la Universitat Politècnica de València, así como programas orientados a maximizar el impacto positivo de los congresos en ámbitos como la innovación, la cohesión social y la transferencia de conocimiento.
La sesión celebrada en La Harinera ha servido para sentar las bases de cooperación y lanzar las primeras acciones piloto, diseñadas conjuntamente entre la administración y los promotores de eventos. Para garantizar la transparencia y medir los resultados reales, el consistorio aplicará herramientas específicas que evaluarán el retorno social y económico que cada congreso deja en la capital.
¿Por qué ahora y por qué València?
Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, Sevilla, Málaga, Granada y San Sebastián son las ocho ciudades de España incluidas en el top 100 de ciudades europeas que más congresos internacionales organizan. En ese escenario competitivo, diferenciarse ya no pasa solo por tener mejores instalaciones o una gastronomía envidiable, sino por ofrecer algo que otras ciudades no dan. La industria de reuniones y eventos tiene múltiples beneficios para las ciudades, como el desarrollo intelectual de la comunidad local y las posibilidades de networking, y puede ayudar a la transformación de la economía local y mejorar el posicionamiento de la marca del destino. El reto está en sistematizar ese impacto, en hacerlo medible y replicable.
No es una preocupación exclusiva de València. El foco en el sector está en construir un modelo de turismo de reuniones que genere impacto positivo más allá de los eventos. En esa línea, otras ciudades como Madrid han presentado estrategias de "turismo con propósito", orientadas a fomentar la sostenibilidad, la inclusión y el legado social en cada congreso o reunión celebrada en la ciudad. La diferencia es que València apunta a institucionalizar el proceso mediante alianzas concretas con su ecosistema universitario y empresarial.
"Queremos que cada congreso que se celebre en València deje una huella positiva en la ciudad, generando beneficios tangibles y duraderos y contribuyendo a los grandes retos urbanos desde la innovación y el conocimiento." - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València
Un laboratorio urbano con vocación global
El modelo apuesta por convertir el turismo MICE en un motor de transformación social, económica y medioambiental, al tiempo que contribuye al bienestar de la ciudadanía. Dicho así puede sonar a declaración de intenciones, pero la hoja de ruta incluye proyectos piloto concretos y mecanismos de evaluación que deberán demostrar, en la práctica, si la promesa se sostiene.
La pregunta que queda en el aire es si otros destinos europeos seguirán el camino que traza València. La concejala ha señalado que "a través de este proceso de transferencia, València refuerza su papel como ciudad líder en innovación urbana y turismo sostenible, impulsando una nueva generación de políticas públicas que sitúan los eventos como motores de transformación, innovación y creación de legado". Si el modelo funciona —y las ciudades socias de Heidelberg, Ljubljana y Larissa así lo validan—, lo que hoy nace en La Harinera podría convertirse en el nuevo estándar europeo para medir el éxito de un congreso: no cuántos asistentes pasaron por la puerta, sino cuánto dejaron al marcharse.


