Un cuadro que llevaba siglos en paradero desconocido, guardado en una colección particular de Badajoz, ha regresado a Valencia. El Ayuntamiento de la ciudad ha adquirido en subasta la obra Sagrada Familia con San Juanito y ángeles músicos, un óleo sobre lienzo del pintor valenciano José Vergara (1726-1799), por un precio de remate de 26.000 euros —más comisiones e impuestos—, en el marco de las conmemoraciones del tercer centenario de su nacimiento. La compra se formalizó el pasado 30 de junio en la casa madrileña Segre Subastas, después de que el Ministerio de Cultura ejerciera el derecho de tanteo en nombre de la Administración municipal.
Un maestro del siglo XVIII entre dos mundos
Para entender el valor de esta adquisición, conviene saber quién fue José Vergara. Nacido en 1726 en el seno de una familia de artistas, desarrolló su obra en un momento de transición artística, cuando el barroco tardío evolucionaba hacia formas más académicas y clasicistas. No fue solo un pintor prolífico: desempeñó un papel decisivo en el desarrollo y en la consolidación de la enseñanza artística en València, donde fue uno de los impulsores de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, institución de la que fue el primer director, y desde donde ejerció una notable influencia en la formación de nuevas generaciones de artistas. En otras palabras, Vergara no solo pintó la Valencia del Setecientos, sino que también moldeó la forma en que los valencianos aprenderían a pintar durante generaciones.
Su producción, centrada principalmente en la pintura religiosa y decorativa, transitó desde el tardobarroco hacia un clasicismo equilibrado, en sintonía con los gustos cambiantes de la época, en la que destacó por la elegancia del dibujo, la serenidad de sus composiciones y por una notable sensibilidad cromática. Vergara falleció en 1799, a la edad de 72 años, dejando a sus espaldas una ingente y valiosa producción artística repartida por un buen número de museos, templos religiosos y colecciones privadas de toda España. Y, sin embargo, entre el siglo XVII barroco y el esplendoroso XIX de los Sorolla, Pinazo o Benlliure, queda ahí, como aplastado entre esas dos grandes paredes, el siglo XVIII , un periodo al que, según los especialistas, no siempre se le ha hecho la justicia que merece.
El cuadro: dulzura, silencio y una prefiguración de la muerte
La obra recién adquirida, firmada y fechada en 1788, es un óleo sobre lienzo de 175 x 120 cm. Representa a la Virgen María entronizada a la manera de una matrona romana, con el Niño Jesús dormido en su regazo, rodeada de San José, San Juanito y dos ángeles músicos —uno con una chirimía y otro con una vihuela—, en una atmósfera de serena intimidad devocional. San José parece contener la melodía para no despertar al Niño. A sus pies, San Juanito lleva el dedo a los labios y, con ese gesto, involucra al espectador en el recogimiento de la escena.
La lectura de la imagen, sin embargo, va más allá de su evidente ternura. Según David Gimilio, director del MuVIM y comisario de la exposición conmemorativa sobre Vergara en el Museo de la Ciudad, el motivo del Niño dormido no es un simple recurso de dulzura: puede interpretarse como una prefiguración de la Pasión, en la que el sueño apacible anticipa simbólicamente la muerte futura. La escena construye así un delicado equilibrio entre lo divino y lo cotidiano: los ángeles músicos evocan la gloria celestial, mientras la actitud doméstica del grupo central acerca el misterio al ámbito de la contemplación privada.
Perteneciente al período final de la carrera de Vergara, la pieza refleja el punto de madurez plena del artista. Como señala Gimilio, "la composición se organiza con una delicadeza característica de su etapa más madura, en la que aúna gracia y elegancia en cada uno de los gestos de los personajes, y en la que se vuelca en transmitir ese concepto neoclásico del 'bello ideal'".
Un hallazgo doble: la versión de Badajoz y su gemela de Zaragoza
La pieza era completamente desconocida hasta que apareció en el mercado del arte. Su identificación fue posible, en parte, gracias a otra obra de Vergara datada un año después, en 1789, propiedad de un coleccionista privado de Zaragoza. Ambas comparten dimensiones prácticamente idénticas, la disposición piramidal de las figuras, la presencia de los ángeles músicos y el tratamiento de las formas y las veladuras. En la actualidad, esa obra zaragozana —Sagrada Familia con ángeles músicos— puede contemplarse en la exposición conmemorativa del Museo de la Ciudad como un ejemplo extraordinario de la producción artística de Vergara, tanto por la pintura como por su exuberante marco.
Las diferencias entre una y otra son mínimas, pero perceptibles. Según Gimilio, técnicamente la versión de Zaragoza resulta más perfilada y dibujística, mientras que la recién adquirida presenta una pincelada más fluida y, por tanto, más sugerente. Se trata, en definitiva, de dos versiones o réplicas autógrafas, ambas firmadas por Vergara en Valencia, siendo la de Badajoz la versión inicial.
De vuelta a la ciudad que la vio nacer
La pintura pasará a integrarse en las colecciones artísticas municipales del Museo de la Ciudad, institución que ya acoge la exposición "José Vergara Gimeno (1726-1799). Pintura, fama y fortuna", abierta al público desde el 24 de abril hasta el 6 de septiembre de 2026. La muestra reúne 85 obras del pintor, incluyendo lienzos, bocetos y dibujos.
"Con esta adquisición, enriquecemos nuestros fondos con una pieza de excepcional calidad y claramente representativa de la producción artística de Vergara, trayéndola de vuelta a la ciudad en el marco de la citada efeméride" - José Luis Moreno, concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València
Han pasado 21 años desde la última gran antológica dedicada al pintor. La compra del cuadro no es, pues, un gesto aislado, sino la pieza que cierra un año de reivindicación colectiva. Que una obra firmada por Vergara en Valencia en 1788 haya tenido que recorrer el camino de vuelta desde Badajoz, tres siglos después, dice algo sobre cómo el tiempo dispersa el patrimonio y sobre el esfuerzo que supone reunirlo de nuevo. El regreso de esta Sagrada Familia al Museo de la Ciudad es, en cierta forma, una forma de devolver a Valencia una parte de sí misma.


