El calor ya no es solo un problema del verano: este es el riesgo que preocupa a los expertos en la Comunidad Valenciana

Un nuevo informe científico alerta de que la combinación de altas temperaturas y humedad convierte a la Comunidad Valenciana en una de las zonas más expuestas al impacto del calor extremo sobre la salud

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Una fuente expulsa chorros de agua durante la cuarta ola de calor del verano. Foto: Jorge Gil (EUROPA PRESS)
Una fuente expulsa chorros de agua durante la cuarta ola de calor del verano. Foto: Jorge Gil (EUROPA PRESS)
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Durante años, las olas de calor se han considerado episodios excepcionales propios de los meses de verano. Sin embargo, la evidencia científica apunta a que esa realidad ha cambiado por completo. El calor extremo ha dejado de ser una emergencia puntual para convertirse en un problema estructural de salud pública que ya está condicionando la planificación sanitaria en España y, especialmente, en territorios como la Comunidad Valenciana.

Esa es una de las principales conclusiones del informe Calor extremo, salud en riesgo, elaborado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación "la Caixa", y presentado en el marco del Observatorio DKV de Salud y Medioambiente. El estudio advierte de que el aumento sostenido de las temperaturas no solo incrementa el riesgo de enfermedades y fallecimientos, sino que también pone bajo una presión creciente a hospitales, servicios de emergencias y administraciones públicas.

En el caso valenciano, los investigadores identifican un elemento que agrava todavía más la situación: la elevada humedad propia del Mediterráneo, un factor que dificulta que el organismo pueda refrigerarse correctamente incluso cuando el termómetro marca temperaturas similares a las de otras zonas del país.

La humedad convierte el calor en un enemigo todavía más peligroso

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que la sensación térmica en la Comunidad Valenciana suele ser muy superior a la temperatura real. La explicación está en la humedad ambiental, que reduce la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante la sudoración.

Cuando el aire contiene una gran cantidad de vapor de agua, el sudor se evapora con mucha más dificultad. Como consecuencia, el organismo elimina peor el calor acumulado, aumenta el estrés térmico y se incrementa el riesgo de sufrir golpes de calor, deshidratación o complicaciones cardiovasculares y respiratorias.

El informe señala además que esta situación resulta especialmente problemática durante la noche. Las conocidas como noches tropicales —cuando la temperatura no baja de los 20 grados— son cada vez más frecuentes en el litoral mediterráneo. Esto impide que el cuerpo pueda recuperarse del calor acumulado durante el día y provoca un desgaste fisiológico continuo.

Las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas, los niños pequeños y quienes trabajan al aire libre son algunos de los colectivos más expuestos, aunque los expertos recuerdan que los efectos del calor extremo pueden afectar a cualquier persona si la exposición es prolongada.

Cada grado de más aumenta de forma importante el riesgo para la salud

El documento elaborado por ISGlobal recoge una cifra especialmente reveladora: cada grado adicional de temperatura incrementa un 35 % la mortalidad relacionada con el calor.

Además del aumento de fallecimientos, las altas temperaturas disparan la demanda asistencial. Según recoge el estudio, durante los episodios de calor extremo las urgencias hospitalarias pueden aumentar hasta un 42,8 %, una situación que obliga a reorganizar recursos sanitarios y complica la atención en los centros hospitalarios.

Los investigadores subrayan que el estrés térmico ya constituye el principal riesgo climático para la salud en España. No se trata únicamente de un fenómeno meteorológico, sino de un factor que repercute directamente en el funcionamiento del sistema sanitario.

Las previsiones tampoco invitan al optimismo. Los modelos climáticos contemplan que España pueda registrar hasta ocho olas de calor al año en 2050, acompañadas de un incremento continuado de las noches cálidas que dificultan el descanso y elevan la incidencia de enfermedades relacionadas con las altas temperaturas.

El barrio en el que vives también influye en el riesgo

Más allá de la edad o del estado de salud, el informe pone el foco en una realidad que cada vez preocupa más a los investigadores: la desigualdad frente al calor. El lugar de residencia y el nivel económico condicionan de forma importante la capacidad de las personas para protegerse durante una ola de calor. Los barrios con menos zonas verdes, mayor densidad de edificios y abundancia de superficies asfaltadas acumulan mucho más calor durante el día y apenas logran refrescarse por la noche.

En estas áreas, donde además muchas viviendas presentan peores condiciones de aislamiento o carecen de sistemas de climatización, el impacto sanitario resulta considerablemente mayor.

Los autores del estudio destacan que las personas mayores que viven solas, las mujeres de edad avanzada y quienes residen en barrios vulnerables concentran buena parte del riesgo asociado al calor extremo.

Esta realidad obliga a plantear políticas públicas que vayan más allá de las recomendaciones individuales y que incorporen criterios urbanísticos, sociales y sanitarios para reducir la exposición de la población más vulnerable.

Valencia impulsa medidas para adaptarse a un clima cada vez más extremo

Frente a este escenario, la Comunidad Valenciana ya ha comenzado a desarrollar distintas estrategias de adaptación.

El informe destaca la implantación de protocolos laborales específicos frente a las altas temperaturas, una medida destinada a proteger especialmente a quienes desarrollan su actividad al aire libre o en entornos especialmente expuestos al calor.

Asimismo, Valencia participa en el proyecto europeo WELLBASED, una iniciativa que busca combatir simultáneamente la pobreza energética y los efectos del calor extremo sobre la salud de la población.

El objetivo pasa por identificar a las personas con mayor riesgo y desarrollar soluciones que mejoren tanto el confort térmico de las viviendas como la capacidad de respuesta de los servicios sociales y sanitarios.

Los investigadores consideran que este tipo de actuaciones serán cada vez más necesarias a medida que aumente la frecuencia de los episodios de calor intenso.

Los expertos piden actuar antes de que las olas de calor sean todavía más frecuentes

Durante la presentación del informe, el consejero delegado de DKV, Fernando Campos, aseguró que los episodios de calor extremo "han dejado de ser excepcionales" y ya condicionan tanto la planificación sanitaria como la gestión de recursos asistenciales.

Por su parte, la investigadora de ISGlobal Elizabeth Diago recordó que la comunidad científica dispone ya de suficiente evidencia para conocer qué colectivos son los más vulnerables y cuáles son las estrategias más eficaces para reducir los riesgos. A su juicio, el reto ya no consiste en seguir investigando, sino en aplicar de forma integral las medidas disponibles.

En el debate posterior también participaron especialistas sanitarios y responsables de emergencias que coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una cultura de prevención. El jefe del Departamento de Cardiología de Quirónsalud, Martín Reyes, explicó que cada vez resulta más habitual tener que ajustar la medicación de pacientes mayores durante las olas de calor debido a las alteraciones que provocan las altas temperaturas. Desde Cruz Roja Española, Víctor Segura defendió además la importancia de reforzar la ayuda comunitaria y los planes de emergencia vecinales para proteger a las personas más vulnerables.

Todo apunta a que el calor extremo dejará de ser una noticia puntual de cada verano para convertirse en uno de los grandes desafíos sanitarios de las próximas décadas. En una comunidad especialmente expuesta por la combinación de altas temperaturas, humedad y creciente urbanización, anticiparse será clave para reducir un impacto que ya empieza a sentirse tanto en las calles como en los hospitales.