Casi uno de cada cinco días del último año, Valencia ha vivido bajo algún tipo de alerta meteorológica. No es una percepción: son 69 días contabilizados entre el 15 de septiembre de 2025 y el 15 de septiembre de 2026, correspondientes a 38 episodios de fenómenos adversos. Una frecuencia que ya no permite hablar de excepciones y que ha llevado al Ayuntamiento de Valencia a dar un paso concreto: reunir en un único documento todos los protocolos de actuación que deben seguir los servicios municipales cuando el tiempo se tuerce.
La medida fue anunciada este martes por el concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil, Juan Carlos Caballero, tras la reunión de la Junta de Protección Civil convocada para revisar la preparación de los recursos municipales ante la llegada del otoño. El nuevo protocolo unifica las actuaciones en función del tipo de fenómeno —lluvias, viento, fenómenos costeros o altas temperaturas— y del nivel de alerta activado en cada momento. Un manual de instrucciones, en definitiva, para que nadie tenga que improvisar cuando el tiempo apremia.
"El objetivo es que todos los servicios municipales tengan perfectamente claro qué deben hacer, cuándo deben hacerlo y cómo debemos coordinarnos ante cualquier incidencia que pueda producirse en la ciudad" - Juan Carlos Caballero, concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil del Ayuntamiento de Valencia
El peso de la DANA, aún presente
El contexto de esta decisión no puede entenderse sin mirar atrás. El 29 de octubre de 2024, una DANA afectó principalmente a la Comunidad Valenciana, así como a zonas de Aragón, Castilla-La Mancha, Andalucía y Cataluña. Las inundaciones dejaron 222 muertos y afectaron a 845.371 personas, causando pérdidas de 13.300 millones de euros. Fue la mayor catástrofe natural de España en décadas, y dejó una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿estaban los servicios municipales preparados para actuar con rapidez y coordinación? El nuevo protocolo valenciano es, en parte, la respuesta institucional a esa pregunta.
Porque el problema no es solo la magnitud de un episodio extraordinario como aquel. Es la regularidad con la que ahora se encadenan los avisos. En el último año, Valencia acumuló 26 días con alertas por lluvias y tormentas, 24 por viento y fenómenos costeros, y 21 días por altas temperaturas. Y a eso hay que sumar las 29 activaciones de los cañones de agua de El Saler entre julio y septiembre por riesgo de incendios forestales, con un incremento del 56% respecto a los mismos meses del año anterior.
"No estamos hablando de situaciones excepcionales que ocurren una vez cada muchos años, sino de una realidad con la que tenemos que convivir y para la que debemos estar preparados" - Juan Carlos Caballero, concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil del Ayuntamiento de Valencia
Un protocolo que anticipa, no que reacciona
La lógica del nuevo documento es sencilla pero poderosa: decidir antes de que ocurra. El protocolo determina previamente qué medidas corresponde adoptar a cada servicio municipal, en qué momento deben activarse, cómo deben coordinarse entre sí, qué información debe trasladarse a otras áreas y qué recomendaciones de prevención y autoprotección hay que hacer llegar a la ciudadanía. Todo ello clasificado por tipo de fenómeno y nivel de alerta, de modo que no haya margen para la confusión cuando los minutos cuentan.
Además de la coordinación interna, la Junta de Protección Civil también ha repasado las actuaciones preventivas ya realizadas por cada servicio, como la limpieza de imbornales, colectores y cubiertas de edificios municipales antes de la llegada de las lluvias. Son medidas discretas, poco visibles, pero que marcan la diferencia cuando el agua empieza a caer con fuerza.
Ciudadanos informados como parte del sistema
El protocolo no se agota en la coordinación interna de los servicios. La Junta de Protección Civil también ha subrayado la necesidad de reforzar la cultura de prevención entre la población. A través del programa Valencia + Segura, desarrollado en colaboración con la Universitat de València, el Ayuntamiento continuará impulsando acciones para que los ciudadanos sepan identificar una alerta, distinguir una preemergencia de una emergencia real, conocer las principales medidas de autoprotección y recurrir siempre a los canales oficiales de información.
En esa misma línea, los Bomberos de Valencia, en coordinación con la Policía Local, preparan un simulacro de inundaciones en las pedanías de Carpesa y Benifaraig. El ejercicio tiene un doble objetivo: que los vecinos tomen conciencia del riesgo y que los propios servicios municipales pongan a prueba su capacidad de respuesta en un entorno real. En los próximos días, además, el Ayuntamiento lanzará una campaña de información y utilizará el mobiliario urbano —los mupis de la ciudad— para difundir de forma permanente consejos de autoprotección ante lluvias, olas de calor e incendios forestales.
"Tenemos unos servicios de emergencia preparados, pero necesitamos también ciudadanos informados y responsables, porque la prevención empieza antes de que llegue la emergencia" - Juan Carlos Caballero, concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil del Ayuntamiento de Valencia
La apuesta del Ayuntamiento de Valencia refleja un cambio de mentalidad que cada vez más ciudades europeas se ven obligadas a asumir: la emergencia climática no es un horizonte lejano, sino el presente. Coordinar, anticipar e informar no son ya opciones de buena gestión, sino condiciones mínimas para proteger a quienes viven en una ciudad donde, como demuestran los datos, el tiempo adverso ha dejado de ser la excepción para convertirse en una constante del calendario.

