València limitará los grupos turísticos a 25 personas y prohibirá los megáfonos en las visitas guiadas

La nueva Ordenanza de Convivencia de València regulará los grupos turísticos: máximo 25 personas (20 en Ciutat Vella) y adiós a los altavoces.

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Grupos de turistas
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El megáfono del guía turístico que retumba en una calle estrecha del Carmen, el embudo de treinta personas bloqueando el paso frente a la Lonja, el murmullo constante que convierte una plaza en un aeropuerto permanente. Esas escenas cotidianas en el corazón de València tienen los días contados. El Ayuntamiento prepara una Ordenanza de Convivencia y Civismo en el Espacio Público que, por primera vez, regulará de forma específica cómo deben desenvolverse los grupos turísticos y sus guías en la ciudad.

Una reunión para construir la norma con quienes la aplican

La concejala de Turismo e Innovación, Paula Llobet, se sentó este miércoles con Joan Such, presidente de la Asociación de Guías Oficiales de Turismo de la Comunitat Valenciana, y con la vicepresidenta de la misma entidad, Eva Martínez, para desglosar las medidas del borrador que afectan directamente a su trabajo. No fue una reunión de mera cortesía institucional: el objetivo era escuchar a los profesionales que cada día recorren la ciudad con grupos de visitantes y anticipar posibles fricciones antes de que la norma quede aprobada.

El encuentro se enmarca en una estrategia municipal más amplia. El Ayuntamiento de València ha optado por mantener una interlocución directa con los agentes del sector turístico durante todo el proceso de tramitación de la ordenanza, especialmente en aquellos puntos que inciden de manera directa sobre la actividad guiada en el espacio público. Una apuesta por el diálogo que contrasta con la imagen de regulación impuesta desde arriba que suele acompañar a este tipo de normativas.

El límite de los 25: una cifra con mucho peso

La medida más tangible del borrador es la fijación de un tope máximo de 25 personas por grupo turístico. Una cifra que se reduce hasta las 20 en el caso de Ciutat Vella, el núcleo histórico de la ciudad, donde la concentración de visitantes y la estrechez de sus calles medievales convierten cualquier aglomeración en un problema real para vecinos y transeúntes. La futura Ordenanza de Convivencia fija ese máximo de 25 visitantes por grupo en el resto de la ciudad, mientras que en Ciutat Vella la cifra baja hasta 20, debido a la elevada afluencia de visitantes y a las características de sus calles y espacios patrimoniales.

No es un capricho administrativo. El preámbulo del borrador parte de una premisa clara: «El espacio público, en las ciudades modernas, se configura como un bien escaso que se encuentra sometido a un uso intensivo y, por tanto, susceptible de conflicto». Desde esa filosofía, la ordenanza aborda también cuestiones que van mucho más allá del turismo, como el botellón o las despedidas de soltero, pero la regulación de los grupos de turistas que recorren las calles en visitas guiadas figura entre las cuestiones totalmente nuevas que introduce el texto.

Adiós al megáfono, hola al pinganillo

Uno de los puntos más llamativos —y posiblemente más bienvenidos por los vecinos— es la prohibición expresa del uso de altavoces, megáfonos y amplificadores durante las visitas guiadas. En su lugar, la ordenanza establece como alternativa el uso de sistemas de audio individualizados: los llamados "whisper systems" o guías de silencio, auriculares que permiten al visitante escuchar al guía sin que el sonido se proyecte al exterior. Un cambio que transformará la experiencia sonora de algunas de las zonas más transitadas de la ciudad.

La norma también obliga a los guías a evitar que varios grupos coincidan en un mismo espacio cuando ello pueda provocar obstrucciones o molestias, y a organizar las paradas de forma que se facilite la circulación peatonal. Además, deberán informar a sus grupos sobre las normas de visita y los protocolos de reserva en monumentos y museos, asumiendo así un papel activo como agentes de sensibilización.

Regulación, sí, pero también corresponsabilidad

La concejala Llobet ha insistido en que el enfoque de la ordenanza no se agota en la sanción. El planteamiento municipal no se limitará al régimen sancionador, sino que incorporará medidas de prevención, información y corresponsabilidad. En esa línea, el texto prevé la posibilidad de impulsar acuerdos y códigos de conducta con el sector, así como campañas de sensibilización conjuntas con asociaciones turísticas.

"La nueva ordenanza de convivencia busca garantizar que el espacio público sea compatible con todos sus usos, y que València pueda seguir desarrollando una actividad turística de calidad, respetuosa con el vecindario, con nuestro patrimonio y con la propia ciudad" - Paula Llobet, concejala de Turismo e Innovación del Ayuntamiento de València

"Queremos escuchar a los profesionales que están cada día acompañando a los visitantes y explicando nuestra ciudad. Los guías oficiales desempeñan un papel fundamental en la experiencia turística y también pueden contribuir a que quienes nos visitan conozcan y respeten las normas de convivencia de València"

- Paula Llobet, concejala de Turismo e Innovación del Ayuntamiento de València

 

Un debate que va más allá de las normas

El contexto en el que nace esta ordenanza no es menor. La alcaldesa de València, María José Catalá, ha expresado su malestar ante los recientes episodios incívicos protagonizados por visitantes en zonas como Benicalap y La Malvarrosa, llegando a afirmar que "me avergüenza que haya turistas que vengan a Valencia con esas actitudes". Para revertir esta situación, el consistorio impulsó la futura Ordenanza Municipal de Convivencia y Civismo en el Espacio Público, concebida para sancionar las conductas antisociales y preservar el respeto en el entorno urbano.

Y es que València no es una ciudad cualquiera en términos turísticos. La Comisión Europea le otorgó el premio de Capital del Turismo Inteligente 2022, un reconocimiento compartido con Burdeos y dirigido a las buenas prácticas en materia de sostenibilidad y turismo inteligente. Gestionar con inteligencia el éxito turístico, sin que los vecinos paguen el precio de esa popularidad, es precisamente el reto que la nueva ordenanza intenta resolver. El Ayuntamiento continuará reuniéndose con los agentes relacionados con el turismo durante la tramitación de la ordenanza antes de su aprobación definitiva. La pregunta es si las medidas propuestas serán suficientes para cambiar una dinámica que lleva años generando tensión entre quienes visitan la ciudad y quienes la habitan.