Valencia funde en bronce a Doña Manuela y el niño aragonés: los primeros personajes de Blasco Ibáñez que tomarán las calles de la ciudad

Las figuras de 'Arroz y tartana' ya están en fase de fundición y se instalarán en la plaza del Mercat antes de que acabe 2026.

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Llevan más de un siglo atrapados entre las páginas de una novela. Ahora, Doña Manuela y el niño aragonés, dos de los personajes más reconocibles de Arroz y tartana —la obra con la que Vicente Blasco Ibáñez retrató sin piedad la Valencia burguesa de finales del siglo XIX— están a punto de dar el salto a la calle, literalmente fundidos en bronce. Las esculturas que los representan han completado su modelado en barro y ya se encuentran en los talleres de Arganda del Rey (Madrid), donde ha comenzado el proceso de fundición. El objetivo es instalarlas antes de que termine 2026 en la plaza del Mercat, el corazón histórico de la ciudad al que la propia novela está íntimamente ligada.

Una obra publicada en 1894 que sigue siendo un espejo

Arroz y tartana fue publicada por Blasco Ibáñez en 1894, originalmente como folletín en el diario El Pueblo, que él mismo dirigía, y se trata de su primera novela costumbrista de tema valenciano. La expresión del título era entonces un dicho popular que describía a quienes gastaban más de lo que tenían para aparentar una vida que no podían permitirse. La novela sumerge al lector en la Valencia de finales del siglo XIX, una ciudad en plena transformación donde la tradición y la modernidad chocaban, y es un retrato fiel de una sociedad en transición marcada por el auge industrial y las tensiones entre el viejo comercio y el emergente mundo de las finanzas. Un conflicto que, pensándolo bien, no ha envejecido demasiado.

Doña Manuela es la figura central de la novela, ambientada en la Valencia de finales del siglo XIX. Su padre fue un inmigrante aragonés que llegó a la ciudad mediterránea y con mucho trabajo consiguió fundar una tienda en la plaza del mercado llamada Las Tres Rosas. Después de enviudar dos veces y con cuatro hijos, Doña Manuela empeña sus riquezas en hipotecas y pagarés de condiciones draconianas con tal de mantener su tren de vida y lograr buenas bodas para sus hijas. El niño aragonés, por su parte, es el símbolo de esa otra Valencia: la de los que llegaron a la ciudad buscando un futuro mejor y lo construyeron con las manos.

Fidelidad al texto, cincel en mano

El escultor encargado del proyecto, Alfredo Llorens, no ha dejado nada al azar. Para construir ambas figuras ha tomado como referencia directa las descripciones que el propio Blasco Ibáñez escribió en la novela. El artista ha recurrido a los textos originales para construir ambas figuras; en el caso del niño aragonés, la escultura reproduce su aspecto tal como aparece descrito en la obra, con el traje de pana desgastado y el pañuelo anudado en las sienes. Para Doña Manuela, Llorens se inspira en la descripción que abre la novela: una mujer elegante, envuelta en abrigo largo, cuidadosamente enguantada, con el limosnero en la muñeca y el rostro cubierto por la tenue blonda de la mantilla. Una licencia, sin embargo, ha tomado el escultor: suprimir la mantilla para que el rostro de la protagonista quede visible. A veces, la escultura tiene sus propias reglas.

Llorens, doctor en Arte y profesor del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de València, no es ajeno a los encargos monumentales. Ha pasado dos décadas diseñando piezas para la firma Lladró, con cerca de un centenar de referencias a su nombre, y es el autor de obras como el Monumento al arquitecto Rafael Guastavino en la plaza de la Reina de València, el Monumento a la Música en La Vall d'Uixó o el Monumento al historiador Nicolau Primitiu en Massarrojos. Conoce bien el peso del bronce y lo que significa dejar una huella permanente en el espacio público.

Sobre sus creaciones para esta ruta, el propio artista reflexiona con hondura. Del niño aragonés dice que es "memoria de la ciudad y testimonio de una sociedad al fin empática, que le reconoce y le consagra en símbolo de lo que fuimos". De Doña Manuela, Llorens traza un retrato complejo que la acerca a figuras como Emma Bovary o Ana Ozores: una vida no ejemplar, pero marcada por un coraje y una determinación que van más allá de sus errores, especialmente vistos desde la distancia de casi siglo y medio.

Una ruta que mezcla literatura y cine por toda la ciudad

El proyecto pretende que los personajes no permanezcan únicamente en las páginas de los libros, sino que pasen a formar parte del paisaje cotidiano de la ciudad. La iniciativa incluirá personajes de 15 obras literarias y 10 largometrajes ambientados en València. Las estatuas, todas en bronce y de carácter figurativo, se situarán en los lugares donde transcurren las historias y contarán con códigos QR que permitirán a los visitantes acceder a información detallada sobre cada obra y personaje. Una forma de convertir el paseo por la ciudad en una experiencia cultural sin necesidad de entrar en ningún museo.

Tras las figuras de Arroz y tartana, los siguientes protagonistas de la ruta serán Mortadelo y Filemón, de la película La gran aventura de Mortadelo y Filemón, dirigida por Javier Fesser, con instalación prevista después de las Fallas de 2027 en el entorno de la calle de Dalt, en el barrio de El Carme. La combinación no puede ser más heterogénea: de la Valencia naturalista de Blasco Ibáñez a los agentes de la T.I.A. Es, en cierto modo, el retrato completo de una ciudad que ha servido de escenario para imaginaciones muy distintas.

"Desde el gobierno de María José Catalá seguimos apostando por llevar la cultura a todos los barrios y, además, homenajeamos a escritores tan ilustres y tan valencianos como Vicente Blasco Ibáñez" - José Luis Moreno, concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València

La ruta literaria recorre obras que van desde el Renacimiento hasta la actualidad, con títulos como L'Espill de Jaume Roig (1460), Los locos de Valencia de Lope de Vega (1620) o, ya en el siglo XX, Tranvía a la Malvarrosa de Manuel Vicent y Gràcies per la propina de Ferran Torrent. Cuatro novelas del propio Blasco Ibáñez tienen cabida en el recorrido: Arroz y tartana, Flor de mayo, La barraca y Cañas y barro. Si hay una ciudad que ha inspirado a sus escritores con constancia, esa es València.

La novela ya tuvo una vida más allá del papel cuando, en 2003, José Antonio Escrivá dirigió una serie para RTVE basada en ella, interpretada por Carmen Maura y José Sancho en los papeles principales. Ahora, más de veinte años después, Doña Manuela volverá a ocupar su lugar en la plaza del Mercat, esta vez sin guion ni cámara: solo bronce, espacio público y la memoria colectiva de una ciudad que, al fin, ha decidido saldar una deuda pendiente con sus propios personajes.