¿Puede una ciudad entera convertirse en un laboratorio? València ha respondido que sí, y Europa parece haberle dado la razón. La ciudad ha sido seleccionada como semifinalista al título de Capital Europea de la Innovación 2027, los llamados premios iCapital, un reconocimiento de la Comisión Europea que distingue a las urbes que transforman la innovación en una herramienta real para mejorar la vida de sus ciudadanos. La candidatura valenciana no propone un centro tecnológico, ni un hub de startups al uso: propone que las calles, las plazas, las infraestructuras y los servicios públicos de la ciudad sean el escenario donde las ideas se ponen a prueba.
Seis ciudades, un título continental
La Comisión Europea ha seleccionado a seis ciudades semifinalistas para la edición 2027: València, Manchester, Montpellier, Tallin, Madrid y Alicante. La defensa de las candidaturas ante el jurado tendrá lugar el próximo 19 de octubre. Dos ciudades españolas en la misma semifinal europea no es un dato menor: refleja que el ecosistema de innovación urbana en España ha ganado músculo y reconocimiento internacional en los últimos años.
El galardón iCapital no premia simplemente a ciudades con mucha tecnología o muchas startups. El jurado evaluará las candidaturas a partir de seis criterios: la capacidad de experimentación urbana, la construcción del ecosistema de innovación, la gobernanza, la expansión y transferencia de conocimiento a otras ciudades, la visión estratégica vinculada a las transiciones verde y digital, y el impacto en los derechos de la ciudadanía, entendiendo la innovación como palanca de inclusión y democracia.
Una ciudad que se ofrece como banco de pruebas
El elemento más singular de la propuesta valenciana tiene nombre propio: el Sandbox Urbano de València. La idea es tan ambiciosa como sencilla de explicar: poner toda la ciudad a disposición de quienes quieran innovar. Espacios públicos, infraestructuras, servicios municipales e incluso eventos culturales y deportivos forman parte de este ecosistema abierto. Más de 150 recursos urbanos ya están preautorizados, lo que permite agilizar la puesta en marcha de proyectos piloto sin los bloqueos burocráticos habituales.
En menos de dos años, más de 80 proyectos de innovación han solicitado participar en el Sandbox Urbano y más de 50 ya han accedido a este entorno de experimentación para probar sus soluciones en condiciones reales. Además, la mitad de los proyectos finalizados han llegado al mercado. Un ratio que, en el ecosistema del emprendimiento tecnológico, donde el fracaso es la norma estadística, resulta llamativo.
"Innovar no puede quedarse en un laboratorio; tiene que poder probarse en la vida real" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València
Más de 226 millones movilizados en proyectos europeos
La candidatura no se apoya únicamente en el Sandbox. Detrás hay un ecosistema más amplio: startups, empresas, universidades, centros tecnológicos, inversores y organizaciones especializadas conectados por instrumentos municipales de financiación, aceleración e innovación abierta. Valencia también ha impulsado la compra pública innovadora como mecanismo para que las soluciones desarrolladas puedan integrarse en los servicios públicos, cerrando así el ciclo entre prototipo y realidad.
En clave europea, los datos son elocuentes: la ciudad participa en más de 35 proyectos europeos desde 2023, movilizando más de 226 millones de euros de presupuesto total, de los cuales más de 38 millones han llegado directamente a la región valenciana. Estos proyectos reúnen a más de 350 organizaciones y cubren ámbitos estratégicos como la sostenibilidad, la movilidad y la transformación digital.
"Esta candidatura no habla únicamente de tecnología. Habla de cómo queremos que sea València: una ciudad capaz de atraer talento, generar oportunidades, probar soluciones y compartir lo aprendido con otras ciudades europeas" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València
Un modelo para exportar
Uno de los ejes menos visibles pero más relevantes de la candidatura es la vocación de transferencia. El modelo del Sandbox Urbano ya está siendo compartido con otras ciudades europeas, con el objetivo de que pueda adaptarse a contextos distintos y ampliar el impacto del conocimiento generado en València. La candidatura plantea así la innovación urbana como una capacidad compartida y apuesta por facilitar la colaboración entre el sector público, el tejido empresarial, el ámbito académico y la ciudadanía para desarrollar soluciones que puedan aplicarse en la ciudad y transferirse posteriormente a otros territorios.
Llegar a la semifinal ya supone un reconocimiento en sí mismo, pero el objetivo es claro: demostrar ante Europa que la innovación urbana puede dejar de ser un experimento puntual para convertirse en una capacidad permanente de las ciudades. Si València logra avanzar a la final, lo hará con el argumento de que innovar no es solo cosa de laboratorios o de fondos de inversión, sino de quien cada día cruza una calle, usa un parque o espera el autobús.

