Cincuenta niños y adolescentes de entre 6 y 16 años que crecen en uno de los rincones más castigados de Valencia tendrán ahora un respaldo institucional más sólido. La Junta de Gobierno Local ha aprobado este viernes un convenio de colaboración con la Fundación Itaka Escolapios para financiar el Proyecto Llum en el barrio de La Malva-rosa, una iniciativa socioeducativa que lleva años actuando como red de seguridad para menores en riesgo de exclusión social. El acuerdo compromete una aportación municipal de 212.000 euros repartidos a lo largo de cuatro años.
El dinero llegará en cuotas anuales de 53.000 euros, una cantidad que, aunque modesta en términos presupuestarios globales, puede suponer una diferencia enorme en la vida cotidiana de familias que lidian con la desprotección, el absentismo escolar y la falta de referentes en su entorno más inmediato. La pregunta que subyace no es menor: ¿cuánto vale evitar que un niño quede atrapado en un ciclo de exclusión antes de cumplir los 10 años?
Un proyecto que ya tiene raíces en el barrio
El Proyecto Llum no es una iniciativa nueva que llega con el convenio bajo el brazo. Llum es un centro socioeducativo cuyo principal objetivo es promover una educación integral a los niños y jóvenes del barrio de La Malva-rosa de la ciudad de Valencia. El proyecto actúa como referencia alternativa para los menores del barrio, con una finalidad de promoción integral de quienes se encuentran en riesgo de exclusión social y de sus familias, mediante programas de educación no formal como la mediación artística, el ocio y el tiempo libre, y el refuerzo educativo y el seguimiento familiar. Lo que cambia ahora es el respaldo formal del consistorio, que convierte lo que antes dependía de subvenciones puntuales en un compromiso estructurado a medio plazo.
La entidad participa en la Mesa de Prevención Específica en Infancia y Adolescencia promovida por la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valencia. Esta trayectoria de colaboración previa es precisamente lo que da solidez al nuevo acuerdo: no se trata de una alianza improvisada, sino de la formalización de una relación de trabajo ya contrastada.
Cinco frentes para una misma batalla
El Proyecto Llum articula su intervención en cinco ámbitos distintos, porque la exclusión social rara vez tiene una sola cara. El primero es el espacio académico-escolar, donde se trabaja para mejorar el itinerario educativo de los menores, favorecer su integración en la comunidad escolar y frenar el absentismo antes de que se convierta en abandono definitivo. El segundo frente es el familiar: se forma a los padres y madres para la educación integral de sus hijos, se fomenta la ayuda mutua y se les orienta sobre sus derechos y obligaciones, porque una familia mejor informada es también una familia más capaz de proteger.
El tercero de los ámbitos es el del ocio y tiempo libre, con una vocación clara: romper las fronteras del barrio. Que un niño de La Malva-rosa pueda conocer la naturaleza, participar en actividades culturales y relacionarse con otros entornos no es un lujo; es una herramienta de cohesión y pensamiento crítico. El cuarto eje es el de la atención emocional, vehiculada a través de la arteterapia, una disciplina que utiliza la creación artística como instrumento para mejorar la gestión emocional, tanto a nivel individual como grupal y familiar. Y el quinto ámbito es el comunitario, que apuesta por la formación del voluntariado y el trabajo en red con otras entidades del entorno.
Educación, arte y comunidad: el triángulo del cambio
La educación integral no es un derecho de unos pocos, por lo que la posibilidad de seguir formándose fuera del horario escolar, hacer una escuela abierta al barrio y a tiempo completo para todos y todas es el fin del proyecto. Esta filosofía se plasma en un programa de actividades concreto: cuatro grupos educativos —tres de primaria y uno de secundaria—, talleres familiares, una escuela formativa abierta al barrio y sesiones trimestrales de ocio que incluyen escuela de verano y campamentos urbanos o en entorno natural.
La arteterapia, por su parte, no se limita a sesiones colectivas. Con el mismo propósito de apostar por el arte y la cultura como herramientas para la integración, la cohesión y la transformación social, se plantea la puesta en marcha de actividades formativas relacionadas con la música, la danza, el teatro y el audiovisual dirigidas al colectivo infantil y juvenil en situación de vulnerabilidad. Estas acciones se desarrollan en colaboración con centros de salud y centros escolares, lo que convierte al proyecto en un nodo de coordinación entre servicios públicos y tercer sector.
Una ONG con vocación internacional y compromiso local
La Fundación Itaka Escolapios nace el 9 de marzo de 2001, dando mayor consistencia a la asociación Itaka —surgida en 1985— y a otras entidades existentes con anterioridad, así como a la labor escolapia iniciada por Calasanz en 1597. Hoy es una red internacional con presencia en América, Asia, África y Europa, pero su trabajo más cercano sucede a escala de barrio, en la calle, con nombres y apellidos.
La Fundación Itaka Escolapios es una organización impulsada por los escolapios y sus fraternidades para dar cobertura legal y presencia social a sus proyectos, y apuesta por la educación como la mejor manera de transformar el mundo y preparar un mañana mejor, haciendo que las nuevas generaciones aporten con responsabilidad lo mejor de sí mismas. No es retórica vacía: en La Malva-rosa, esa apuesta se mide en horas de tutoría, en campamentos de verano, en una sesión de arteterapia que ayuda a un niño a poner nombre a lo que siente.
El proyecto también contempla una dimensión que a menudo queda en segundo plano: el voluntariado. Quienes participan como voluntarios y voluntarias no solo aportan su tiempo, sino que también reciben formación y acompañamiento, convirtiéndose ellos mismos en parte del proceso de transformación. Las familias, igualmente, son consideradas una pieza fundamental del engranaje, porque su implicación repercute directamente en la evolución educativa de los menores. En definitiva, el Proyecto Llum no pretende intervenir sobre el barrio desde fuera, sino crecer desde dentro de él, con sus vecinos y vecinas como protagonistas del cambio.


