Chulilla refuerza su ladera de La Muela con mallas de acero para frenar los desprendimientos que amenazan viviendas y la vía pública

La Diputació de València concluye obras de estabilización en la ladera de La Muela de Chulilla con una inversión de 48.396 euros.

 - Actualizado a 06/11/2026 15:35

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La Muela en Chulilla
La Muela en Chulilla
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Una malla de acero galvanizado de alta resistencia, fijada con bulones que penetran hasta tres metros en la roca, es ahora la barrera que separa a los vecinos de la calle La Cruz de Chulilla de un riesgo que convivía con ellos en silencio: el desprendimiento de materiales desde la ladera de La Muela. La Diputació de València ha finalizado las obras de estabilización de este talud, una intervención que combina ingeniería de precisión con trabajo en altura y que ha supuesto una inversión de 48.396,95 euros.

Un riesgo cotidiano que la lluvia convierte en urgente

Chulilla, un municipio de poco más de 700 habitantes enclavado en la comarca de Los Serranos, conoce bien la fuerza del agua. En octubre de 2024, la DANA que azotó la Comunitat Valenciana golpeó con especial intensidad esta localidad serrana, donde las lluvias torrenciales dejaron una huella de caminos bloqueados, muros derrumbados y deslizamientos. La propia montaña de La Muela protagonizó entonces episodios de caída de rocas que dañaron infraestructuras turísticas y propiedades residenciales. No era la primera vez, y sin intervención, tampoco habría sido la última.

Aunque los bloques desprendidos pueden ser de poco volumen, al ser procesos repentinos suponen un riesgo importante en vías de comunicación y edificaciones en zonas de montaña. Esa es precisamente la trampa de este tipo de amenaza geológica: su aparente normalidad. La ladera existe, la calle existe, las casas existen. Y el peligro también, aunque no siempre se vea.

"Estos trabajos permiten actuar sobre una zona en la que la erosión, especialmente cuando se producen lluvias intensas, puede provocar desprendimientos que afecten a las viviendas y a la calle situada junto a la ladera." - Avelino Mascarell, diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València

Una armadura de acero para la montaña

La intervención, ejecutada por la unidad de Riesgos Geológicos y Espacios Degradados del Servicio de Medio Ambiente de la Diputació, ha seguido una secuencia lógica y meticulosa. Antes de instalar nada, había que preparar el terreno. Operarios especializados en trabajos en altura se encargaron del desbroce y saneamiento de los 365 metros cuadrados del talud: retiraron vegetación invasiva, eliminaron materiales inestables y dejaron la superficie lista para recibir los sistemas de protección.

Sobre esa superficie ya saneada se desplegaron 365 metros cuadrados de malla de acero galvanizado de alta resistencia, una especie de red metálica capaz de retener bloques y materiales sueltos antes de que ganen velocidad ladera abajo. Para que esa malla no sea solo decorativa, fue anclada directamente a la roca mediante bulones de acero de 25 milímetros de diámetro que alcanzan profundidades de hasta tres metros. El sistema se cierra con 174 metros de cable de acero que refuerzan la sujeción del conjunto y garantizan que todo el entramado permanezca solidario al terreno.

Visualizarlo ayuda: es como coser la montaña a sí misma, utilizando hilo de acero y aguja de ingeniería.

Una política de prevención que se repite en toda la provincia

La actuación en Chulilla no es un caso aislado. La Diputació ya ha puesto en marcha intervenciones similares en otros municipios, como en la ladera del castillo de Ayora, donde los técnicos detectaron varios bloques rocosos inestables que amenazaban las viviendas situadas en la parte inferior de la pendiente. El propio diputado Mascarell ha subrayado que "la Diputació pone a disposición de los ayuntamientos personal especializado y soluciones técnicas para actuar allí donde se detecta una situación de riesgo".

Los movimientos de ladera no constituyen habitualmente procesos catastróficos o violentos, como los terremotos o las inundaciones, aunque por su gran extensión y frecuencia representan un riesgo geológico muy importante, afectando a vías de comunicación, edificaciones, conducciones de abastecimiento, cauces y embalses. Según los registros nacionales, la Comunitat Valenciana figura entre las regiones españolas donde se registran movimientos de ladera con mayor frecuencia. En ese contexto, la labor preventiva de instituciones como la Diputació no es un lujo administrativo, sino una necesidad territorial.

Las obras han tenido un plazo de ejecución de dos meses. Cuarenta y ocho mil euros y sesenta días de trabajo para que los vecinos de la calle La Cruz puedan mirar hacia La Muela sin preguntarse qué pasará la próxima vez que llueva con fuerza. A veces, la seguridad se mide exactamente así: en metros de malla, metros de cable y metros de profundidad a los que llega un bulón de acero.