València da luz verde a la transformación total de les Casetes Roses: 545 viviendas, un colegio y más del 84% de suelo público en la Malva-rosa

El Ayuntamiento inicia los trámites para regenerar les Casetes Roses con 545 viviendas, un colegio y 6.200 m² de zonas verdes en Poblats Marítims.

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Hay zonas de una ciudad que acumulan décadas de olvido hasta que ya no es posible mirar hacia otro lado. Les Casetes Roses, el conjunto residencial enclavado en el barrio de la Malva-rosa, en el distrito de Poblats Marítims de València, es una de ellas. La Junta de Gobierno Local ha dado un paso decisivo para su transformación integral al admitir el plan urbanístico de reforma interior y acordar el inicio de los trámites para su evaluación ambiental. El proyecto contempla 545 nuevas viviendas, un colegio público y más de 6.200 metros cuadrados de zonas verdes y áreas de juego en una superficie de 37.525 metros cuadrados.

Una historia de degradación que arranca en la posguerra

Para entender por qué este plan es tan relevante, conviene mirar atrás. Las Casetes Roses son tres bloques de viviendas de carácter social construidas en 1957 que, con el tiempo, sufrieron un proceso de transformación y degradación urbanística y social durante la segunda mitad del siglo XX, con el problema añadido del tráfico y venta de drogas. No es un caso aislado en la historia urbana española: barrios como El Puche en Almería, Santa Adela en Granada o la Mina en Barcelona han atravesado procesos similares. Ya en 1991, la zona fue objeto de unas intervenciones de demolición para intentar erradicar este problema. Más de tres décadas después, la solución definitiva parece estar, por fin, sobre la mesa.

La "singularidad del emplazamiento y la problemática social en torno a éste" ha sido puesta de manifiesto en numerosas ocasiones por los vecinos y vecinas del barrio. Del estudio encargado por Urbanismo se extrajeron conclusiones con las que se confeccionó una hoja de ruta de las acciones a llevar a cabo para conseguir el objetivo de regenerar y sanear una zona que generaba importantes problemas de convivencia vecinal. El plan urbanístico aprobado este 18 de septiembre es, en buena medida, el resultado de ese largo proceso de diagnóstico y escucha.

Qué cambiará y qué se conservará

El ámbito de actuación queda delimitado aproximadamente por las calles Vicente de la Roda, San Rafael, Padre Antón Martín, Beato Juan Grande y Doctor Álvaro López. Dentro de ese perímetro, se demolerán los bloques de viviendas más degradados y se mantendrán aquellos que presentan mejores condiciones de conservación, una decisión que refleja un enfoque quirúrgico: destruir lo que no tiene remedio y preservar lo que todavía merece futuro.

En el espacio liberado por los derribos se levantarán 545 nuevas viviendas, de las cuales 163 tendrán la condición de Protección Pública. Además, se reservará una parcela de más de 7.000 m² para la construcción de un colegio, y se crearán 6.200 m² de zonas verdes y áreas de juego. Dicho de otra manera: donde hoy hay bloques deteriorados y vacíos urbanos que alimentan la inseguridad, en los próximos años podría haber niños yendo al colegio a pie y familias paseando por parques en un barrio que lleva décadas esperando ese derecho.

Más del 84% del suelo, de uso público

"Esta actuación permitirá destinar más del 84% del ámbito a suelo público" - Juan Carlos Caballero, portavoz de gobierno del Ayuntamiento de València

El dato no es menor. Que más de ocho de cada diez metros cuadrados del ámbito queden en manos públicas implica una apuesta deliberada por el interés colectivo frente a la especulación privada, algo que no siempre ocurre en las grandes operaciones urbanísticas de las ciudades españolas.

El portavoz también subrayó que el plan garantiza vivienda protegida suficiente para el realojo de los propietarios legítimos afectados por los derribos, quienes serán atendidos de manera individualizada. El modelo de referencia es el aplicado en los llamados Bloques Portuarios de València, una operación que ya sentó precedente en cuanto a la gestión humana de los desplazamientos vecinales en procesos de regeneración urbana.

Ahora, el turno de la ciudadanía

El acuerdo de la Junta de Gobierno activa el proceso de consulta a servicios, organismos, administraciones públicas y personas interesadas, un trámite obligatorio dentro del procedimiento de evaluación ambiental. Solo cuando esa fase concluya y el plan sea presentado formalmente se abrirá el período de información pública, que permitirá al vecindario y a las entidades del barrio participar activamente en la definición del proyecto. La alcaldesa de València ya anticipó este acuerdo el día anterior en el debate del estado de la ciudad, lo que subraya el peso político que el Ayuntamiento quiere dar a esta operación.

Les Casetes Roses llevan décadas siendo sinónimo de marginalidad y abandono en un barrio que, paradójicamente, tiene el mar a unos pocos minutos a pie. Si el plan sigue adelante sin contratiempos, la Malva-rosa podría convertirse en uno de los ejemplos más ambiciosos de regeneración urbana integral de la Comunitat Valenciana, un recordatorio de que las ciudades también pueden reparar sus heridas más viejas cuando hay voluntad política y planificación para hacerlo.