La avenida del Puerto de València lleva más de dos siglos siendo el cordón umbilical entre la ciudad y su puerto. Proyectada en 1789 por el arquitecto Vicent Gascó y abierta al tráfico en 1802 como el Camino Nuevo del Grao, nació para canalizar el tráfico de mercancías hacia el mar. Hoy, ese mismo eje histórico está a punto de transformarse de nuevo. El Ayuntamiento de València ha abierto el procedimiento de licitación para contratar la redacción del proyecto que modificará el carril bici en tres tramos de la avenida del Puerto, una actuación que reordenará por completo cómo conviven ciclistas, conductores y peatones en uno de los corredores más transitados de la ciudad.
Un carril bici que baja a la calzada
El cambio que se plantea es, en apariencia, sencillo: el carril bici bidireccional que ahora discurre por la acera pasará a situarse en la calzada, segregado junto a la zona de aparcamiento en cordón. Pero detrás de ese desplazamiento hay una apuesta urbanística de calado. La actuación supondrá una reducción de carriles de circulación, de modo que el espacio para el tráfico rodado se recortará mientras la superficie ajardinada y peatonal ganará protagonismo. En términos concretos, se suprimirá un carril de circulación, dejando un total de tres carriles para el tráfico —uno de ellos reservado para la EMT y el taxi— frente a la configuración actual.
La idea no es nueva. La avenida ya vivió una transformación importante en 2005, con motivo de la Copa América, cuando se cambió el sentido del tráfico a únicamente descendente y se añadió un carril bici. Ahora, dos décadas después, toca dar el siguiente paso: integrar la infraestructura ciclista en la calzada de forma segregada, alejándola de las aceras y dándole un espacio propio y más seguro.
La actuación afecta a tres tramos concretos: desde la avenida de Aragón hasta la avenida del Cardenal Benlloch; desde Cardenal Benlloch hasta la calle Manuel Candela; y desde Manuel Candela hasta la calle Serrería. Estos tramos pertenecen a los distritos del Pla del Real y Camins al Grau, y su remodelación servirá para homogeneizar la vía con la ordenación ya construida entre la calle Serrería y los carriles bici de las calles J.J. Dòmine y la avenida del Ingeniero Manuel Soto.
El Plan Director de la Bicicleta, detrás del proyecto
Esta actuación no surge de forma aislada. Se enmarca en el Plan Director de la Bicicleta de València, el documento estratégico que guía la expansión y mejora de la red ciclista de la ciudad. La coherencia de la red importa tanto como su extensión: de nada sirve tener kilómetros de carril si los tramos no conectan entre sí de manera fluida y segura. Con esta modificación, la avenida del Puerto completaría una continuidad que hoy, en los tramos más cercanos al centro, todavía presenta discontinuidades.
Además, el proyecto tiene una particularidad que lo distingue del resto de obras municipales ordinarias: ha sido impulsado a través de los presupuestos participativos Decidim VLC 2025-2026, la plataforma mediante la cual los vecinos de València pueden proponer y votar inversiones municipales. Es decir, detrás de este proyecto no hay solo técnicos y políticos, sino vecinos que apostaron por él y lograron que el consistorio lo incluyera en su planificación. Una muestra de que la movilidad sostenible es ya una demanda ciudadana, no solo institucional.
77.000 euros para diseñar el cambio
La Junta de Gobierno Local ha aprobado el inicio de la licitación para contratar la redacción del proyecto, con un presupuesto de 76.944,45 euros (IVA incluido), con cargo a los presupuestos municipales de 2026 y 2027. El procedimiento se tramitará mediante concurso abierto simplificado y la adjudicación se resolverá atendiendo a una pluralidad de criterios basados en la mejor relación calidad-precio. El plazo para presentar ofertas cierra el próximo 6 de noviembre.
Es importante subrayar que lo que se licita ahora es únicamente la redacción del proyecto, no la ejecución de las obras. Primero hay que definir con precisión qué se va a hacer y cómo, y solo después vendrá la licitación de la construcción propiamente dicha. Un proceso por etapas que, en el ámbito de la obra pública, es habitual pero que también implica que los vecinos de la avenida del Puerto deberán esperar aún un tiempo antes de ver los cambios materializados en el asfalto.
El diseño contempla, en la medida de lo posible, mantener la anchura de las aceras y preservar el arbolado existente, dos elementos que definen el carácter de una avenida que ha sabido reinventarse en cada época sin perder su identidad. Si la Copa América de 2005 dejó huella en su fisonomía, quizá sea la bicicleta —y la voluntad ciudadana expresada en las urnas digitales de Decidim— la que marque el próximo capítulo de esta histórica vía valenciana.


