No es un martes cualquiera en València. Este 30 de junio, el cauce del Túria y una veintena de instalaciones municipales acogen simultáneamente competiciones de más de veinte disciplinas deportivas, charlas sobre diversidad, cine queer y un festival coral en el Palau de les Arts. Es la tercera jornada de los Gay Games XII, un acontecimiento que, para entender su escala, conviene compararlo con algo: las ediciones anteriores del evento, celebradas en Guadalajara y Hong Kong, reunieron a poco más de 2.600 y 2.400 participantes respectivamente. València, en cambio, acoge a más de 10.200 deportistas de 81 países. Las cifras hablan solas.
Una ciudad convertida en polideportivo
Las competiciones se reparten en 39 disciplinas deportivas y 46 sedes distribuidas por València y su área metropolitana. Solo este martes, la agenda deportiva abarca desde la natación —en el Parc de l'Oest— hasta el atletismo en el Estadi del Túria, pasando por el baloncesto en la Universitat Politècnica de València y el fútbol en los campos del cauce del Túria y en Marxalenes. El voleibol se distribuye por cuatro polideportivos —El Cabanyal, La Malvarrosa, Nou Moles y Benicalap—, mientras que la Marina de València acoge la vela y el dragon boat. Completan la jornada el waterpolo, el pádel, el squash, el bádminton, el ajedrez, las artes marciales y el tenis de mesa. Difícil encontrar un rincón de la ciudad que no tenga hoy algo que ver con los Gay Games.
Las competiciones se desarrollan en instalaciones deportivas municipales distribuidas por toda la ciudad, junto a otros espacios deportivos de referencia y sedes colaboradoras, lo que supone la implicación del conjunto de la ciudad y sus alrededores en la celebración del evento. Una lógica de barrio que conecta el megaevento con la escala humana.
El mural que cambia el campo de fútbol de Pont de Fusta
Entre toda la actividad deportiva del día, hay un gesto que trasciende la competición. En el campo de fútbol de Pont de Fusta se ha pintado un mural LGTBIAQ+ pensado para perdurar mucho más allá del 4 de julio, fecha en que concluyen los juegos. El objetivo es transformar ese espacio público en un lugar de memoria, orgullo y celebración, que conecte los valores de inclusión, respeto y empoderamiento propios de los Gay Games con la estética del arte urbano contemporáneo. La elección del emplazamiento no es casual: un espacio accesible y visible garantiza que cualquier persona —residente o visitante— pueda cruzarse con su mensaje sin buscarlo. Así es como una ciudad integra la diversidad en su paisaje cotidiano sin necesidad de carteles ni proclamas.
Charlas, cine queer y música coral: la cultura toma el relevo
Cuando el deporte cede terreno por unas horas, entra la cultura. Cada tarde, el Meeting Point del Tramo III del Jardín del Túria, junto al Estadio del Túria, actúa como principal punto de encuentro para participantes, visitantes y ciudadanía. Hoy el protagonismo lo tienen las Charlas Orgullosas —Ambassadors & Elite Athletes—, protagonizadas por embajadores y deportistas de élite que abordan el respeto, la inclusión y la diversidad en el deporte. Una conversación que, en el contexto actual, resulta tan necesaria como el calentamiento antes de competir.
Entre las actividades culturales previstas del festival destaca también el festival de cine Pride in Motion , que proyecta sus piezas en el Centro Cultural Nau 3 Ribes, en el barrio de L'Eixample. La jornada cierra con el Festival Cors & Chorals en el Teatre Martín i Soler del Palau de les Arts, donde la música coral pondrá el broche a un día que ha transitado de la piscina al cine y del campo de fútbol a la sala de conciertos sin solución de continuidad.
Primera vez en España, récord histórico de participación
Los Gay Games nacieron en 1982 en San Francisco como una respuesta a la marginación de las personas LGBT en el deporte y para demostrar que el deporte puede unir a personas de todas las condiciones. Su principio central es la participación libre de pruebas clasificatorias para mayores de edad, la no discriminación por identidad u orientación y la idea de que la superación personal es el motor de la competición. Cada cuatro años, el evento recorre ciudades del mundo y, por primera vez, llega a España.
Esta edición marca un hito para el deporte español, ya que España se sitúa entre los cinco países con mayor representación y alcanza su récord histórico de participación en los Gay Games. Varias instalaciones municipales han sido mejoradas para la ocasión y esas obras no desaparecerán cuando apaguen las luces del evento: se quedarán para el uso cotidiano de los vecinos. En ese sentido, lo que ocurre estos días en València no es solo un festival de deporte e inclusión: es también una inversión en la ciudad que seguirá dando frutos cuando los últimos participantes hayan cogido el avión de vuelta a casa.


