El cine valenciano llega en bloque a su festival de referencia. La 41ª Mostra de València – Cinema del Mediterrani, que se celebrará del 3 al 15 de noviembre, reunirá hasta 25 producciones de la Comunitat Valenciana, la cifra más alta de su historia reciente, repartidas entre la Sección Oficial, la sección Xaloc, la película inaugural y el escaparate Finestra. No es un gesto simbólico: tres de esas producciones competirán directamente por la Palmera de Oro frente a obras de países como Turquía, Grecia, Italia o Palestina, en un certamen que este año presenta una sección oficial donde el 58% de los títulos en competición tienen autoría femenina.
El mal padre abre el festival en la Sala Iturbi
La noche del 3 de noviembre, en la Sala Iturbi del Palau de la Música, el festival levantará el telón con El mal padre, el tercer largometraje del director valenciano Roberto Bueso. La película ya pasó por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián y llega a la Mostra antes de su estreno comercial, previsto para el 20 de noviembre. Protagonizada por Eduard Fernández, la cinta se proyectará fuera de concurso pero con todo el protagonismo de una sesión inaugural.
Tres valencianas en la carrera por la Palmera de Oro
Dentro de la Sección Oficial, las tres producciones valencianas en competición ofrecen miradas muy distintas sobre el presente. La primera es Els dies clars, ópera prima de Sandra Ferrús producida por Suica Films y rodada íntegramente en valenciano en València y la Ribera Alta. La película sigue a Vicent, un joven con esquizofrenia y alma rockera, y a su familia enfrentándose a las dificultades de vivir en una sociedad que no ofrece suficiente apoyo a la salud mental. El actor Sergi Torrecilla encarna al protagonista, acompañado por Pilar Martínez y Toni Misó.
La segunda propuesta es La gran fiesta del cine, de Toni Agustí y María S. Torregrosa, que regresan a la Mostra después de presentar La última cena en 2021. Rodada en una sola jornada y construida mediante un plano secuencia de noventa minutos, la película utiliza la improvisación de sus intérpretes para explorar las tensiones internas de la industria cinematográfica. Un experimento formal que protagonizan Marta Belenguer y Amparo Fernández.
Cierra el trío valenciano Calle de los Ángeles, de la murciana afincada en València Silvia Rey —nominada al Goya por el cortometraje Wan Xia. La última luz del atardecer—, producida por Limbus Filmak. La película ofrece una visión satírica sobre la especulación inmobiliaria a partir del barrio de El Cabanyal. Rey lleva más de una década residiendo en ese mismo barrio, lo que convierte la obra en algo más que una denuncia externa: es un retrato desde dentro.
Finestra: el escaparate de los Premis Lola Gaos
Más allá de la competición oficial, la sección Finestra actúa como el gran escaparate del cine valenciano contemporáneo. Este año, la selección coincide con las obras nominadas a los Premis Lola Gaos del Audiovisual Valencià, los galardones que reconocen anualmente la producción audiovisual de la comunidad. Las proyecciones se ofrecerán en los Cines ABC Park: los largometrajes del 5 al 8 de noviembre, y los cortometrajes el viernes 13 en dos sesiones, a las 18 y a las 20 horas.
Las obras de Finestra optarán a dos premios especiales con el apoyo de la entidad de gestión DAMA: el Premio DAMA-Finestra al mejor largometraje valenciano, dotado con 3.000 euros, y el Premio DAMA-Finestra al mejor cortometraje valenciano, dotado con 1.500 euros. El jurado estará integrado por profesionales de la industria, la crítica y la creación audiovisual procedentes de Madrid, el País Vasco y Cataluña.
En la categoría de ficción, compiten Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, rodada en valenciano en la Tinença de Benifassà, els Ports y el Maestrat; Tanit, de Pep Garrido, coproducida por Dacsa Produccions; y El mal padre. A ellas se suma Eixam, ópera prima de Óscar Bernàcer y la producción con más nominaciones de esta edición de los Lola Gaos, con un total de 18.
El documental tiene tres representantes: La Pietà, de Rafa Molés y Pepe Andreu; Retrato de una cerilla, debut de Claudia García de Mateos sobre la cultura del esfuerzo; y Seràs per sempre, un viatge per Vicent Andrés Estellés. Y en animación, destaca especialmente La violinista, de Ervin Han y Raúl García, ganadora del Cristal al mejor largometraje en el Festival de Annecy —uno de los certámenes de animación más prestigiosos del mundo—, que se verá en preestreno el jueves 12 de noviembre. La acompaña Superthings: la película, de Víctor Monigote, y Drea & Cloe, nominada al premio del jurado joven.
Los cortometrajes llegan en tres categorías. En animación compiten Antitermitas, de Alejandro Rey Miño; Fast Rats, de Barreira Arte y Diseño; y Microcosmos. Un gabinete de curiosidades, de Enrique Millán. En documental, Deprisa deprisa, Esto está frío y No als poalets. En ficción, Quemar al padre, Sold out y Videoclub 2001.
Un festival que mira hacia adentro sin dejar de mirar al Mediterráneo
La programación de esta edición se caracteriza por el protagonismo del talento emergente, el abordaje de temáticas actuales como la crisis de la vivienda y las desigualdades generacionales, y la fuerte presencia de la autoría femenina. No es casualidad: la Mostra lleva décadas funcionando como un puente entre las cinematografías de ambas orillas del Mediterráneo, y esta edición no renuncia a esa vocación, pero añade una capa nueva de compromiso con la industria propia.
"Uno de los objetivos de este festival es abrir un espacio para mostrar las películas valencianas en nuestro territorio. Somos conscientes de que muchas son producciones pequeñas pero con mucho corazón, y queremos reforzar su posicionamiento con nuestra plataforma." - Sara Mansanet, directora de la Mostra de València y subdirectora de Cinematografía y Audiovisuales
25 producciones, géneros que van del drama íntimo a la sátira urbana, del documental de debut a la animación premiada en Annecy, y un festival que las reúne todas bajo el mismo techo durante doce días. Pocas veces el cine valenciano habrá tenido una oportunidad tan visible para demostrar que su momento no es una promesa, sino una realidad en construcción.

