Un paro cardíaco no avisa. Ocurre en una cola del mercado, en el vestíbulo de un centro cultural, en la puerta de un cementerio. Y en esos primeros minutos, antes de que llegue ninguna ambulancia, lo único que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte es tener a mano un desfibrilador. El Ayuntamiento de Sagunto lo sabe, y acaba de dar un paso decidido: ha sacado a licitación el contrato para instalar 24 nuevos desfibriladores en espacios municipales de la ciudad, sumándolos a los 17 dispositivos externos semiautomáticos (DESA) que ya funcionan en distintos edificios del consistorio.
Una red de 41 dispositivos repartidos por el municipio
El presupuesto base de licitación asciende a 56.000 euros (IVA incluido), con un contrato de duración inicial de dos años, prorrogable hasta dos más. No se trata solo de colgar aparatos en una pared: el pliego incluye el arrendamiento de los 24 nuevos equipos —automáticos o semiautomáticos—, todos sus accesorios (electrodos pediátricos y para adultos, baterías y kit de seguridad), la instalación de cabinas, señalética y sistemas de conexión directa con los servicios de emergencias, y el mantenimiento integral —tanto preventivo como correctivo— de la totalidad de la red, incluidos los 17 ya existentes. El contrato contempla además el seguro de responsabilidad civil y sesiones de formación para que los trabajadores municipales sepan usarlos correctamente.
La urgencia de esta apuesta no es menor si se atiende a los datos. En España la muerte súbita ocurre unas 30.000 veces al año. Por cada minuto sin atención tras una parada cardíaca, las posibilidades de supervivencia disminuyen un 10%, y la tasa de supervivencia en España tras un paro cardíaco es inferior al 7%, muy por debajo de países como Noruega o Estados Unidos, donde la formación en RCP y la rápida desfibrilación elevan esa cifra hasta el 52%. La diferencia, en muchos casos, la marca si hay o no un desfibrilador cerca.
Dónde se instalarán los nuevos equipos
La lista de ubicaciones previstas dibuja un mapa casi completo de la vida pública de Sagunto. Los nuevos aparatos llegarán a sedes administrativas —el Palacio Municipal, el edificio del Camí Reial, la Tenencia de Alcaldía de Puerto de Sagunto y el edificio de la antigua Gerencia—, pero también a espacios de uso cotidiano como los mercados interiores de Sagunto y Puerto de Sagunto, los cementerios de ambos núcleos, las dos oficinas de Turismo y los dos Casal Jove. El ámbito cultural no queda fuera: la Casa Municipal de Cultura, el auditorio Joaquín Rodrigo y el Centro Cultural Mario Monreal también contarán con dispositivos propios, al igual que el Conservatorio Joaquín Rodrigo y la guardería del Niño Jesús. Completan la lista los centros sociales Los Claveles, Bajo Vías, Baladre y Els Vents, el Centro Cívico Antiguo Sanatorio, y los espacios patrimoniales Casa dels Berenguer y Via del Pòrtic.
Además, el contrato incorpora al mantenimiento y complementa con los accesorios necesarios los desfibriladores ya instalados en los pabellones deportivos Puerto de Sagunto, René Marigil, José Veral e Internúcleos (Ovni), así como en la Casa de la Juventud, las piscinas de Internúcleos, Almudàfer y Casa de la Juventud, los campos de fútbol de Xulla, Biensa, San Francisco de Borja, El Fornàs y Nou Camp de Morvedre. También se incluyen la central de la Policía Local y las tres patrullas móviles que ya llevan el dispositivo incorporado.
El tiempo es el factor decisivo
Si el uso del desfibrilador se produce en los tres primeros minutos tras el paro cardíaco, la supervivencia puede aumentar un 73%. Ese dato lo convierte en algo más que un aparato técnico: es, en la práctica, el primer eslabón de una cadena de supervivencia que ningún servicio de emergencias puede garantizar en solitario. La formación ciudadana en RCP y el manejo de desfibriladores públicos aumenta un 20% la supervivencia al infarto, y muchas muertes podrían evitarse si las personas del entorno supieran iniciar maniobras de reanimación y usar los dispositivos hasta la llegada de los sanitarios.
La sustitución de la cartelería actual de los DESA municipales también está contemplada en el pliego, un detalle que puede parecer menor pero que no lo es: de nada sirve un desfibrilador si nadie sabe que está ahí. Con esta licitación, Sagunto aspira a convertir sus edificios públicos en espacios cardioprotegidos, un concepto que cada vez cobra más fuerza en las administraciones locales y que, en términos prácticos, significa que cualquier vecino que sufra un episodio cardíaco en cualquiera de estos espacios tendrá a pocos metros el dispositivo que puede salvarle la vida. Una red que, cuando esté completa, sumará 41 desfibriladores repartidos por toda la ciudad; 41 oportunidades de que el tiempo juegue, por una vez, a favor.

