El Mercat de Russafa, uno de los equipamientos más queridos del barrio más de moda de Valencia, da un nuevo paso hacia su transformación. El Ayuntamiento de València ha adjudicado a Tomás Llavador Arquitectos e Ingenieros, SL, el contrato para redactar el proyecto técnico de intervención en la fachada del mercado, un encargo valorado en 34.630,20 euros al que concurrieron nada menos que 13 empresas. Una competencia notable para un trabajo que, aunque pueda parecer discreto sobre el papel, sienta las bases de una obra de rehabilitación visible desde la calle.
El contrato, con una duración de ocho meses sin posibilidad de prórroga, no implica ejecutar las obras todavía, sino algo previo e imprescindible: definir con precisión técnica qué hay que hacer y cómo hacerlo. La firma adjudicataria deberá elaborar el documento que concrete la intervención y, posteriormente, asumir la dirección facultativa durante la ejecución de los trabajos. Es decir, serán los responsables tanto del diseño como de la supervisión cuando llegue el momento de las reformas.
Ventanas, pintura y goteras: los tres frentes de la intervención
¿Qué se va a hacer exactamente? La intervención sobre la envolvente exterior del edificio contempla tres actuaciones concretas: la sustitución de todas las ventanas, el pintado integral de la fachada y la reparación de las goteras detectadas en los puestos exteriores. Problemas cotidianos, en apariencia menores, pero que afectan directamente a las condiciones de trabajo de los comerciantes que cada mañana abren sus puestos en el mercado. Una gotera no es solo una mancha en el techo; es humedad, deterioro y, con el tiempo, un problema estructural.
El mercado, proyectado por el arquitecto Julio Bellot Senet según acuerdo del Ayuntamiento de 1954 e iniciadas las obras a finales de mayo de 1957, cuenta hoy con 4.780 m² de espacio y 160 puestos, siendo el segundo mercado más grande de la Comunidad Valenciana, solo por detrás del Mercado Central de Valencia. Casi siete décadas después de su construcción, su piel exterior acusa el paso del tiempo.
Un proceso de modernización que ya está en marcha
La futura rehabilitación de la fachada no llega de forma aislada. Se encuadra en un proceso de modernización más amplio que el Ayuntamiento lleva tiempo impulsando en el recinto. La Delegación de Comercio y Mercados ya tiene en marcha un proyecto de mejora de la eficiencia energética con una inversión de 1,6 millones de euros. Esa actuación incluye la renovación de los sistemas de climatización —sustituyendo los ocho equipos anteriores con un elevado grado de antigüedad—, así como la modernización de la ventilación, el alumbrado, la protección contra incendios, la impermeabilización de la cubierta y la sustitución de las siete puertas automáticas de acceso.
A este conjunto se suma ahora el proyecto de rehabilitación de la fachada, que completará la mejora de la imagen exterior del edificio y de las condiciones en las que trabajan comerciantes y profesionales. También se contempla en el horizonte la adecuación del pavimento, lo que convierte al Mercat de Russafa en un mercado que, prácticamente, se está rehaciendo de arriba abajo.
Russafa, un barrio que exige estar a la altura
El Mercat de Russafa es un mercado de titularidad municipal y uno de los monumentos más característicos del barrio valenciano de Ruzafa. Y ese barrio ya no es el de antes. Russafa lleva más de una década siendo uno de los barrios de moda de Valencia. Sus antiguas calles, subyugadas en los años 80 y 90 por la decadencia y la falta de inversión, vieron en la rehabilitación y transformación de su morfología urbana un resurgir que las llevó de una barriada necesitada de equipamientos a una zona privilegiada, en la que bares, restaurantes, tiendas, galerías de arte y locales de ocio dominan el paisaje.
En ese contexto, un mercado con goteras y ventanas deterioradas desentona. La rehabilitación de la fachada no es un capricho estético, sino una respuesta lógica a un entorno que ha cambiado profundamente y que demanda equipamientos a la altura. El Mercat de Russafa sigue siendo, como lo ha sido durante décadas, el punto de encuentro del barrio. Que lo sea también en buenas condiciones es, simplemente, lo mínimo que se le puede pedir a una ciudad que presume de sus mercados.


