Las fallas cuestan dinero. Mucho dinero. Diseño, materiales, construcción, seguros… El esfuerzo económico que asumen cada año cientos de comisiones falleras para plantar sus monumentos en las calles de València es, en muchos casos, el mayor reto logístico del ejercicio. Para amortiguar ese golpe, el Ayuntamiento de València ha aprobado este viernes la convocatoria de subvenciones destinadas a los monumentos falleros de 2027, con un presupuesto total de 2.694.438,49 euros. Una cifra que, aunque algo inferior a los 2,9 millones que se destinaron a la convocatoria de 2026, confirma el compromiso del consistorio con una fiesta declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
El 30% del monumento, con límites claros
La fórmula de cálculo no ha cambiado respecto a ediciones anteriores: las ayudas equivalen al 30% de la base imponible del importe de cada monumento, según los datos que facilite la Junta Central Fallera. No es, por tanto, una cantidad fija que se reparte a partes iguales, sino un porcentaje que varía en función del coste real de cada falla. Esta subvención municipal se ha convertido en los últimos años en uno de los principales apoyos económicos para muchas comisiones, ante el aumento de costes de materiales, transporte y producción.
Eso sí, hay un umbral mínimo de inversión para poder optar a la ayuda. Las comisiones deberán haber gastado al menos 2.500 euros (más IVA) en la falla infantil, y un mínimo de 3.500 euros (IVA aparte) en la grande. Y existe también un techo implícito: si el monumento supera en coste a la falla equivalente de la plaza del Ayuntamiento, ese exceso no computa para el cálculo de la subvención. Una manera de garantizar que la ayuda pública no financie desbordamientos presupuestarios sin límite.
Los gastos subvencionables son los derivados del diseño y la construcción de los monumentos. En el caso de fallas de autoría propia, también se incluyen los materiales y las pólizas de seguro por la plantà. Quedan fuera, en cambio, conceptos como impuestos indirectos recuperables, el alquiler del local o los gastos de suministros. La subvención cubre lo esencial de la falla: lo que se ve arder.
Quién puede pedir la ayuda y cómo
Podrán solicitar estas subvenciones las comisiones falleras de la ciudad de València que sean entidades sin ánimo de lucro, que estén integradas en la Junta Central Fallera y que figuren inscritas en el Registro Municipal de Entidades Ciudadanas antes de que finalice el plazo de presentación. No se trata de una competición: el procedimiento es de concurrencia no competitiva, lo que significa que no se puntúa ni se compara entre comisiones. Quien cumpla los requisitos, accede a la parte proporcional que le corresponde.
Las solicitudes deberán presentarse exclusivamente por vía telemática, a través de la Sede Electrónica del Ayuntamiento. El plazo arranca el día siguiente a la publicación de la convocatoria en el Boletín Oficial de la Provincia de Valencia (BOP) y se extenderá durante 20 días naturales. En toda la Comunitat Valenciana, la fiesta congrega activamente a unos 200.000 falleros y falleras organizados en torno a unas 800 comisiones, lo que da una idea de la dimensión del ecosistema que estas ayudas tratan de sostener.
La justificación, entre marzo y mayo de 2027
Recibir la subvención no es el final del proceso, sino el principio de una cadena burocrática que culminará meses después de que las llamas consuman los monumentos. Las cuentas justificativas de los gastos deberán presentarse a través de la Sede Electrónica entre el 20 de marzo y el 5 de mayo de 2027. La documentación requerida incluirá las facturas correspondientes, la acreditación del pago efectivo y la documentación que acredite la difusión del carácter público de la financiación recibida.
Esta última exigencia —visibilizar que detrás del monumento hay dinero público— responde a una práctica cada vez más extendida en la gestión de fondos municipales. Las comisiones no solo construyen y queman: también deben rendir cuentas, y hacerlo bien. En un contexto en el que las Fallas generan cada año miles de empleos directos e indirectos en Valencia y representan uno de los principales motores culturales, turísticos y económicos de la ciudad, que el Ayuntamiento invierta 2,7 millones en sostener la raíz de la fiesta —el monumento mismo— no es solo un gesto simbólico: es una apuesta por mantener viva la llama, en todos los sentidos.


