La Comunitat Valenciana reivindica su liderazgo en I+D+i con más de 15.500 investigadores y 1.713 millones de euros de inversión

La Generalitat impulsa la investigación y la innovación como motor económico con 15.510 investigadores y un gasto del 1,23% del PIB regional.

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Treinta años después de convertirse en la primera comunidad autónoma de España en crear un órgano consultivo científico, la Comunitat Valenciana reafirma su apuesta por la investigación, el desarrollo y la innovación. Este viernes, el Palau de la Generalitat acogió la sesión plenaria del Alto Consejo Consultivo en I+D+i, un encuentro que reunió a científicos, economistas, médicos y expertos en medio ambiente y tecnología bajo la presidencia de la consellera de Educación, Cultura y Universidades, Carmen Ortí. Al término de la reunión, el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, recibió a los miembros del Consejo, en un gesto que subraya el peso político que el Govern valenciano quiere otorgar a la ciencia.

Una apuesta que viene de lejos

No es habitual que una región pueda presumir de haber sido pionera en algo hace tres décadas y seguir siendo referencia. La Comunitat Valenciana lo hace con su modelo de asesoramiento científico. Fue la primera autonomía española en constituir un ente consultivo en materia de I+D+i, allá por los años 90, cuando la mayoría de instituciones apenas comenzaban a interesarse por la transferencia del conocimiento al tejido productivo. Ese impulso fundacional, según Ortí, está dando sus frutos ahora.

"Estamos ahora cosechando los frutos de una siembra que se hizo en los años 90 cuando fuimos la primera autonomía en crear un ente consultivo científico" - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana

La imagen de la cosecha no es retórica vacía: la región cuenta hoy con 15.510 investigadores activos y un gasto en I+D de 1.713 millones de euros, equivalente al 1,23% del PIB regional. Para hacerse una idea de la magnitud, basta comparar: la media española de inversión empresarial en I+D+i se sitúa en el 1,38% del PIB, y la europea alcanza el 2,54% . La brecha existe, pero la tendencia es clara: el esfuerzo inversor se ha duplicado en los últimos 20 años , lo que indica que el camino emprendido va en la dirección correcta.

Un ecosistema que conecta universidad, empresa y laboratorio

Uno de los argumentos centrales de la sesión plenaria fue la necesidad de fortalecer los puentes entre el mundo académico y el productivo. Ortí destacó la colaboración entre universidades, centros de investigación, institutos tecnológicos y empresas como uno de los pilares del modelo valenciano. No se trata de ciencia por la ciencia, sino de conocimiento que aterriza en las fábricas, en los hospitales, en los despachos. La transferencia tecnológica, en este sentido, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una palanca de competitividad real.

La consellera describió a la Comunitat Valenciana como un «polo de innovación y desarrollo científico aplicado a la economía y a la empresa, capaz de competir en todo el mundo». Una declaración de intenciones que no parte de la nada: la Comunidad Valenciana es la única región española donde la inversión empresarial en innovación supera a la destinada a I+D , lo que revela un tejido productivo con reflejos ágiles para incorporar novedades, aunque todavía con margen de mejora en investigación básica.

En ese contexto, el Alto Consejo Consultivo funciona como brújula independiente: un órgano de asesoramiento en ámbitos tan diversos como la ciencia, la economía, la medicina, el medio ambiente y las nuevas tecnologías. Su valor reside precisamente en esa independencia, que le permite señalar tanto los logros como las asignaturas pendientes sin el filtro de los intereses políticos.

Los retos que quedan por delante

La sesión no fue solo un balance positivo. Ortí no eludió los desafíos que tiene por delante la región. La inversión privada en investigación sigue siendo insuficiente: para igualar el esfuerzo medio nacional en I+D, el tejido empresarial valenciano tendría que aportar 370 millones de euros adicionales durante un año . Una cifra que da vértigo, pero que también sirve de estímulo. A ello se suman dos retos que van de la mano: la transferencia de conocimiento —que el saber generado en los laboratorios llegue efectivamente a las empresas— y la captación y retención de talento, uno de los grandes problemas estructurales de la ciencia española en su conjunto.

Para afrontarlos, la Generalitat sostiene que ya tiene herramientas en marcha: un marco estable de financiación para las cinco universidades públicas valencianas, el respaldo a los institutos tecnológicos y el impulso a la colaboración público-privada. Son mecanismos que, en teoría, deberían actuar como red de seguridad para los investigadores y como incentivo para que las empresas apuesten por la ciencia más allá del corto plazo.

El debate sobre cuánto debe invertir una región en conocimiento no es nuevo, pero sí urgente. En un momento en que la inteligencia artificial, la biotecnología y la transición energética están redefiniendo las reglas del juego económico global, la Comunitat Valenciana ha elegido apostar por la investigación como herramienta de progreso. La pregunta que queda en el aire —y que el propio Alto Consejo Consultivo tendrá que ayudar a responder— es si esa apuesta llegará a tiempo y con la intensidad suficiente para no quedarse a mitad de camino.