Hay nombres que durante décadas permanecieron enterrados bajo el silencio. El de Joaquín Villalba Pascual es uno de ellos: guardia municipal del Ayuntamiento de Sagunto, fue sentenciado a muerte y fusilado en la tapia del cementerio municipal por el único delito de mantenerse leal a la democracia. El de Mariano Agustí Ferres, compañero suyo de uniforme y de destino, acabó en una condena de veinte años de prisión. Este jueves, casi noventa años después, sus nombres quedaron grabados en una placa conmemorativa instalada en la escalera principal del Ayuntamiento de Sagunto, el mismo edificio desde el que ambos sirvieron a la ciudadanía antes de que la dictadura franquista los convirtiera en perseguidos.
Un acto de justicia, no de nostalgia
El homenaje no es un gesto espontáneo. Responde a un acuerdo adoptado en el Pleno municipal de mayo de 2026 y ha sido organizado por la Concejalía de Memoria Histórica y Democrática del consistorio valenciano. La presentación de la placa se celebró con un dueto de cuerda de fondo y contó con la presencia de la alcaldesa por delegación, María José Carrera; el concejal de Memoria Histórica y Democrática, Roberto Rovira; otros miembros de la Corporación Municipal; y, sobre todo, con algo que da peso real a cualquier acto de este tipo: los familiares de los dos guardias homenajeados.
Ambos, Villalba y Agustí, han recibido la Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, el mecanismo que el Estado español ha habilitado para rehabilitar a las víctimas de la represión. No es un reconocimiento menor. Detrás de esos nombres hubo vidas truncadas, familias marcadas y consecuencias que se transmitieron de generación en generación, como subrayó el propio concejal durante el acto.
"Detrás de estos nombres hubo vidas, familias, proyectos y afectos. Hubo una injusticia que alcanzó también a quienes les querían y que dejó consecuencias durante generaciones" - Roberto Rovira, concejal de Memoria Histórica y Democrática del Ayuntamiento de Sagunto
El texto que nadie podrá ignorar al entrar al ayuntamiento
La placa no es un elemento decorativo. Su texto recuerda explícitamente que, tras el golpe de Estado de 1936 y durante la dictadura, miles de personas fueron perseguidas, encarceladas o asesinadas por su compromiso con la legalidad democrática de la Segunda República. Entre ellas, numerosos empleados públicos que, desde sus puestos, defendieron el orden constitucional legítimo. El texto cierra con las palabras "Honor y gloria", una fórmula que adquiere una dimensión diferente cuando se dirige a quienes el régimen trató de borrar de la historia.
El concejal Rovira fue explícito sobre la función que debe cumplir ese espacio en el futuro: que quienes crucen la puerta del edificio recuerden que hubo servidores públicos perseguidos por no traicionar a las instituciones democráticas, y que esa memoria sirva para transmitir a las nuevas generaciones el valor de la libertad y el servicio a la ciudadanía.
Un "granito de arena" en un desierto aún muy grande
La alcaldesa por delegación, María José Carrera, eligió una metáfora reveladora para describir el acto. No lo presentó como un punto final, sino como un punto de partida, o quizás como un punto en medio de un camino que sigue siendo muy largo. Lo que ocurrió en Sagunto no fue un caso aislado: numerosos empleados públicos municipales fueron objeto de expedientes de depuración, sanciones, ceses, encarcelamientos o distintas formas de represión por motivos ideológicos, sindicales o políticos tras el golpe de estado de 1936 . La represión del Estado autoritario propició más de 30.000 desaparecidos que todavía hoy no han sido juzgados los responsables, ni reparada su memoria.
"La realidad es que esto no es más que un granito de arena en un desierto en el que todavía queda mucho por explicar, por conocer y por hacer justicia" - María José Carrera, alcaldesa por delegación del Ayuntamiento de Sagunto
Carrera añadió que el Consistorio continuará trabajando en la misma línea para dar apoyo a las familias que siguen buscando a sus seres queridos. Una promesa que, en un país donde la Ley de Memoria Democrática promueve "el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva" , todavía encuentra resistencias y lagunas en su aplicación. La placa del Ayuntamiento de Sagunto es, en ese contexto, algo más que un homenaje local: es la prueba de que recuperar la memoria no es mirar atrás, sino decidir qué clase de instituciones queremos ser hoy.


