Cuatro artistas valencianas reimaginan a Concha Piquer en el 120.º aniversario de su nacimiento: pintura, cera, cerámica e historia del cine

La Galeria del Tossal de València acoge hasta el 6 de diciembre una exposición colectiva que homenajea a la reina de la copla desde cuatro miradas femeninas contemporáneas.

 - Actualizado a 04/11/2026 15:32

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Museo Conchita Piquer
Museo Conchita Piquer
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Hay artistas que trascienden su época y se convierten en materia viva para las generaciones siguientes. Concha Piquer es una de ellas. En el 120.º aniversario de su nacimiento, la Galeria del Tossal de València abre sus puertas a una exposición que reinterpreta su legado desde cuatro voces plásticas femeninas y contemporáneas, en el marco de la 41.ª Mostra de València – Cinema del Mediterrani. La muestra, titulada Concha Piquer. Arte y Modernidad. 120 años de su nacimiento, podrá visitarse desde este miércoles hasta el 6 de diciembre de 2026.

Cuatro miradas, un mismo legado

Las creadoras Rebeca Plana, Lucía Peiró, Dafne Baldoví y Cari Roig son las encargadas de traducir en imágenes, volúmenes y texturas lo que Concha Piquer dejó grabado en la memoria colectiva española. No se trata de una exposición biográfica al uso, sino de un ejercicio de admiración activa: cada artista ha tomado un aspecto del universo de la cantante valenciana y lo ha transformado con su propio lenguaje.

"Esta propuesta expositiva rinde un homenaje profundo a la cantante de València, una mujer avanzada a su tiempo, desde las miradas personales de cuatro creadoras plásticas reconocidas en la escena contemporánea" - Sara Mansanet, subdirectora de Cinematografía y Audiovisuales y directora de la Mostra de València

Los lenguajes plásticos convocados son tan variados como sugerentes: pintura abstracta, foto-acción, escultura en cera, cerámica e instalación. Una combinación que, lejos de resultar dispersa, funciona como un coro a varias voces donde cada intérprete aporta su timbre propio.

Dafne Baldoví abre el recorrido con Espectro, una pieza que toma como punto de partida la representación gráfica de un fragmento de Ojos verdes —uno de los cuplés más reconocibles del repertorio de la Piquer— y lo convierte en escultura. La artista transforma la onda sonora en una composición tridimensional ejecutada en gres, esmaltes y barra de latón mediante torneado a alta temperatura, como si la música pudiera pesar, ocupar espacio, tocarse con las manos.

Lucía Peiró propone En un solo segundo, una instalación de foto-acción y esculturas en cera que explora cómo los estímulos visuales y sensoriales activan los engramas de la memoria. La elección de la cera como material no es casual: hay algo en su textura entre frágil y persistente que dialoga perfectamente con la idea de un recuerdo que se resiste a desvanecerse.

Rebeca Plana lleva la voz de la Piquer al territorio de la pintura abstracta con La voz como materia / la materia como voz, una obra en técnica mixta sobre lino que define como "la voz como materia, el silencio como materia y la pérdida como pintura". Pocas frases sintetizan mejor el espíritu de lo que fue la copla: una forma de arte que siempre habló de lo que duele.

Por último, Cari Roig presenta Mujeres conmovidas escuchaban y cantaban, un conjunto de piezas en técnica mixta que incluye Mujeres de diseño, Yo no soy la otra y Y el verde, verde limón. Tres títulos que evocan, casi sin proponérselo, el universo emocional de unas canciones que hablaban de celos, de identidad y de deseo con una franqueza que todavía hoy sorprende.

El cortometraje que reescribió la historia del cine

La exposición incluye además un elemento que va mucho más allá del homenaje sentimental. En una de sus salas puede verse el cortometraje From Far Seville (1923), un documento histórico de primer orden que muchos desconocen y que sitúa a Concha Piquer en el origen mismo del cine sonoro.

Una cinta encontrada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos prueba que Concha Piquer protagonizó la primera película sonora en español en 1923, cuatro años antes de que se rodara El cantante de jazz, considerada por los historiadores como la primera obra cinematográfica hablada. La paradoja es asombrosa: la historia oficial del cine sonoro ha ignorado durante décadas que una joven valenciana de 17 años fue su primera estrella.

El 15 de abril de 1923, Piquer apareció en el cortometraje From Far Seville, realizado por Lee de Forest mediante su proceso de sonido óptico Phonofilm, y proyectado en el Rivoli Theater de Nueva York. El Phonofilm era un sistema que registraba el sonido directamente sobre la película como líneas paralelas , una tecnología de vanguardia que permitía, por primera vez, sincronizar imagen y audio sobre la misma cinta de celuloide.

La cinta, de once minutos, incluye recitados, un cuplé andaluz, una jota aragonesa e incluso un fado luso , lo que convierte a la artista valenciana en protagonista simultánea del primer cine sonoro en castellano y en portugués. El original se conserva protegido en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Como apuntó la directora de la Mostra, Sara Mansanet, Concha Piquer estuvo muy unida al mundo del cine desde su juventud, y ese vínculo es precisamente el hilo conductor que justifica la presencia de este cortometraje dentro de un festival cinematográfico. Ver a una adolescente valenciana cantar y bailar en Manhattan en 1923, sabiendo lo que ese momento representó para la historia del audiovisual, produce una extraña mezcla de admiración y vértigo.

La exposición Concha Piquer. Arte y Modernidad permanecerá abierta en la Galeria del Tossal de València hasta el 6 de diciembre de 2026. Es, en definitiva, una invitación a redescubrir a una mujer que fue pionera en demasiados frentes como para que la historia pueda seguir mirándola solo desde el escenario de la copla.