Cinco minutos. Ese es el tiempo que tuvo cada una de las 65 entidades ciudadanas que tomaron la palabra este jueves en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de València para plantear sus demandas, sus frustraciones y, también, sus agradecimientos a la alcaldesa María José Catalá. Organizaciones vecinales, culturales, deportivas, académicas, profesionales y empresariales se dieron cita en el pleno extraordinario del Debate sobre el estado de la ciudad, un foro anual que convierte el hemiciclo municipal en algo parecido a un termómetro de lo que preocupa a los valencianos de a pie.
Un pleno con historia y con mucho en juego
El debate se celebra conforme a lo establecido en el artículo 56 del Reglamento Orgánico del Pleno, que fija su convocatoria durante el tercer cuatrimestre del año. Este será, además, el último debate completo antes de las elecciones municipales previstas para 2027 , lo que le otorga un peso político adicional difícil de ignorar. En la sesión, la alcaldesa María José Catalá hizo balance de la acción del gobierno local durante el último año y expuso las propuestas en las que trabaja el ejecutivo municipal para el próximo ejercicio. Después llegó el turno de la ciudadanía.
El Reglamento Orgánico del Pleno establece claramente que, tras la intervención inicial de la alcaldesa, los portavoces de los grupos municipales deben tomar la palabra en dos turnos de 15 y 8 minutos, respectivamente. Pero más allá de la política de partidos, lo que hace singular este debate es precisamente la participación directa de la sociedad civil: vecinos, familias, inmigrantes, comerciantes y representantes culturales que, con sus cinco minutos cronometrados, trazan un retrato crudo y diverso de lo que funciona y lo que no en la ciudad.
Los barrios, al límite: suciedad, ruido y falta de zonas verdes
Si hay un hilo conductor en las intervenciones de este jueves, es la sensación de abandono en varios barrios de la ciudad. La Asociación Vecinal La Roqueta fue directa al grano: su portavoz, Miguel Sánchez, calificó de "pésima" la gestión municipal del entorno del barrio y acusó al equipo de gobierno de "echar balones fuera". "No nos ha invitado a hablar en tres años", lamentó, en referencia a la alcaldesa. Un reproche que mezcla la reivindicación urbanística con el desencuentro personal.
En la misma línea, la representante de Cuidem La Raïosa, Soledad Ramírez, denunció la "falta evidente de limpieza" en el barrio del distrito de Jesús, la "saturación de apartamentos turísticos" y la "alarmante falta de zonas verdes". Su petición fue concreta:
"Un corredor verde sin coches; no se pueden cambiar trenes por coches" - Soledad Ramírez, representante de Cuidem La Raïosa
El barrio de Russafa, convertido en los últimos años en uno de los epicentros del ocio nocturno valenciano, también elevó su voz. Josep Martínez, de la Asociación Vecinal Russafa Descansa, alertó del incremento del ruido y calificó de "medidas inocuas" las actuaciones municipales para atajar la contaminación sonora. Significativamente, señaló que su asociación se ha visto obligada a acudir a los juzgados y al Tribunal Supremo para aspirar a lo que definió como "una ciudad amable y habitable", en relación a la denominada Zona Acústicamente Saturada (ZAS).
Desde Orriols, Pilar Martínez añadió más capas al problema: renaturalización pendiente, ausencia de biblioteca digna, personas durmiendo en los parques y falta de servicios sociales. Un barrio que, según su representante, lleva demasiado tiempo esperando respuestas.
La cara amable: agradecimientos y reconocimientos
No todo fueron críticas. Varias entidades aprovecharon el turno de palabra para reconocer el trabajo municipal. Ronald Carlos Montenegro, de Hispanos sin Fronteras en València, destacó la "cercanía y disposición al diálogo" de la alcaldesa y el trabajo de la concejala Marta Torrado en materia de servicios sociales a lo largo de los últimos dos años.
La Plataforma Intercultural de España, por su parte, reconoció el apoyo de los servicios municipales de Transparencia y Participación y agradeció las ayudas económicas por los recientes terremotos registrados en América. Su portavoz, Andrés Eloy Osorio, puso el acento en un dato revelador: más de la mitad de los 220.000 extranjeros que residen en València son hispanoamericanos.
"Hay que abrir la mirada a ese migrante que levanta la persiana o inicia un comercio" - Andrés Eloy Osorio, portavoz de la Plataforma Intercultural de España
Lo Rat Penat, la entidad cultural centenaria que lleva décadas siendo referente de la identidad valenciana, también agradeció la colaboración municipal en actos como los del Nou d'Octubre y destacó la importancia del concurso de Llibrets de falla "en llengua valenciana".
Familias, patrimonio y barrios en construcción
Manuel Tarragona, representante de AVAFAM —Asociación Valenciana de Familias Numerosas, con más de 60 años de trayectoria—, puso el foco en los costes diarios que soportan las familias numerosas en España y reclamó que los grupos políticos lleven a la práctica medidas concretas como las bonificaciones en el pago del IBI y otras tasas. En un país que, según sus palabras, sufre "un problema de natalidad", también valoró medidas de conciliación como "la ampliación de la hora matinera".
Más optimista fue la intervención de Jorge Guillot, de la Asociación Vecinal Sociópolis-Faitanar-La Torre, que describió la transformación de un barrio que lleva años "en construcción". Entre las señales de normalidad que celebró, destacó una imagen que habla por sí sola: "En los jardines infantiles ya hay gritos de niños". Pocas frases resumen mejor lo que significa para un vecindario convertirse, por fin, en un barrio de verdad.
Carmen María Lliso, de Archival —entidad dedicada a la recuperación de los centros históricos de España—, también valoró la regeneración del tejido urbanístico de la ciudad, con mención especial al caso de les Covetes de Sant Joan del Mercat, un rincón del patrimonio valenciano que vuelve a tener presencia en el debate público.
Sesenta y cinco voces, cinco minutos cada una. El Debate sobre el estado de la ciudad no tiene la capacidad de resolver los problemas de Valencia de un plumazo, pero sí la de hacerlos visibles ante quienes tienen el poder de actuar. Y en un año preelectoral, cada palabra pronunciada en ese salón de plenos pesa un poco más de lo habitual.

