Carlos, técnico sanitario en Jerez de la Frontera, ha vuelto a ingresar en Esvidas tras una recaída que lo llevó al límite. Su historia refleja cómo una vida aparentemente estable puede fracturarse cuando el alcohol deja de ser un consumo social y empieza a dirigir la rutina diaria.
La adicción al alcohol continúa siendo una de las problemáticas más normalizadas en España. Según la Encuesta EDADES del Plan Nacional sobre Drogas, más del 90% de la población ha consumido alcohol alguna vez y alrededor del 6% presenta patrones de consumo de riesgo, lo que dificulta identificar el paso hacia la dependencia.
En la Comunitat Valenciana, el impacto también es significativo. La red asistencial cuenta con 39 Unidades de Conductas Adictivas que solo en 2025 atendieron a más de 30.000 personas, de las cuales 12.159 iniciaron tratamiento. El alcohol sigue siendo la principal sustancia de demanda, con un 38% de los casos, seguido de la cocaína (27%) y el cannabis (14%).
“Como está tan normalizado, no vi el problema”
Carlos comenzó a beber en la adolescencia sin percibir alarma. “Como está tan normalizado, no vi el problema”, reconoce. Durante años compatibilizó estudios universitarios, trabajo y consumo diario. La situación se agravó cuando empezó a trabajar como técnico de ambulancias, donde las guardias y el estrés consolidaron un patrón de consumo creciente.
En su momento más crítico llegó a ingerir entre seis y ocho litros de alcohol al día. “Me levantaba a las seis para beber antes de ir al hospital”, relata. Incluso esperaba en el parking antes de entrar a su turno para aliviar la abstinencia. Su cuerpo terminó pasando factura: pancreatitis grave, diabetes insulinodependiente y hospitalizaciones recurrentes.
El punto de inflexión llegó tras la muerte de su padre, su principal apoyo en el primer tratamiento. A ello se sumaron la ruptura sentimental y la pérdida de la custodia de su hijo. “Se me juntó todo”, resume. La recaída no fue repentina, sino silenciosa, con decisiones que no compartió durante su proceso terapéutico.
Los especialistas de Esvidas insisten en que el alcoholismo es una enfermedad crónica que puede avanzar durante años de forma invisible. El propio modelo terapéutico del centro combina intervención médica, psicológica y trabajo grupal para reconstruir hábitos y prevenir recaídas.
Carlos regresó al tratamiento convencido de que necesitaba una segunda oportunidad. “Las recaídas son duras, pero se puede salir”, afirma. Hoy continúa su proceso de recuperación con una idea clara: pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia entre la dependencia y la reconstrucción de una vida.
Su historia pone rostro a una realidad silenciosa que también se refleja en los datos: miles de personas en la Comunitat Valenciana buscan cada año apoyo para romper con el alcohol. Y aunque el camino no es lineal, los especialistas coinciden en que siempre existe margen para empezar de nuevo.
En un contexto de creciente presión asistencial, los profesionales de adicciones subrayan la importancia de la detección precoz y del acceso rápido a tratamiento. Las conductas de riesgo suelen mantenerse ocultas durante años hasta que aparecen las consecuencias físicas y emocionales más graves, reforzando la necesidad de recursos especializados como las unidades públicas y los centros terapéuticos.


