La dana Adam no solo dejó calles anegadas y cosechas perdidas en las comarcas valencianas de la Safor y la Marina Alta. También amenaza ahora con dificultar la recuperación de uno de los humedales más valiosos del arco mediterráneo español: la Marjal de Pego-Oliva. Por eso, la Generalitat Valenciana ha instado este viernes al colectivo cazador a suspender de manera temporal la actividad cinegética en ese espacio natural durante el fin de semana, una medida que refleja hasta qué punto el temporal ha condicionado incluso la vida cotidiana del territorio.
Una DANA que desbordó todas las previsiones
El temporal, que llegó a la Península el sábado 17 de octubre, dejó al menos cuatro fallecidos, más de 2.000 personas evacuadas y cientos de intervenciones de los servicios de emergencia. En la zona de la Marjal, la tragedia tuvo un rostro especialmente duro: los servicios de rescate localizaron el cadáver de un agricultor en la marjal de Pego-Oliva, una de las zonas más afectadas por las inundaciones. Según el balance publicado por la Agencia EFE, tres de las cuatro víctimas mortales se registraron en la Comunidad Valenciana.
Los días 18 y 19 de octubre fueron los más críticos. Las lluvias torrenciales provocaron inundaciones y daños de consideración en infraestructuras, explotaciones agrarias, viviendas y distintos espacios naturales de ambas comarcas. El agua no distingue entre lo construido y lo protegido: la naturaleza también paga el precio de los temporales extremos.
Por qué la Marjal y por qué ahora
En el extremo norte de la Marina Alta, entre Pego y la costa, se forma el área de marismas conocida como el Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva. No es un humedal cualquiera. Se trata de una de las zonas húmedas de mayor valor ecológico de la Comunitat Valenciana, un ecosistema que actúa como refugio para aves migratorias, filtro natural del agua y reservorio de biodiversidad. La economía local se apoya en buena medida en la agricultura de regadío, incluyendo el cultivo de cítricos y la producción de arroz en estos mismos humedales. Tierra y naturaleza, aquí, son inseparables.
Precisamente por esa fragilidad, la Dirección General de Medio Natural y Animal ha considerado necesario adoptar medidas que faciliten las labores de recuperación que todavía se están desarrollando sobre el terreno. La decisión se tomó tras una reunión telemática en la que participaron el vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, y el conseller de Emergencias e Interior, Juan Carlos Valderrama, junto a alcaldes y representantes municipales de los municipios afectados.
Cazar puede esperar; reparar, no
La recomendación de suspender la caza tiene un objetivo doble: facilitar los trabajos de reparación y garantizar la seguridad de quienes los ejecutan. En la Marjal y su entorno, propietarios, trabajadores agrícolas y personal de distintas administraciones públicas están llevando a cabo tareas de evaluación, reparación y seguimiento que requieren acceso libre y seguro a zonas que coinciden con los cotos de caza. Una escopeta y una retroexcavadora no pueden compartir el mismo camino de tierra al mismo tiempo.
Los daños afectan a infraestructuras, casetas de aperos y viviendas, cuya recuperación exige tiempo, coordinación y, sobre todo, que nadie entorpezca el proceso. Los servicios técnicos de la Conselleria de Medio Ambiente continúan evaluando las consecuencias de la dana sobre los ecosistemas de la Marjal, un trabajo delicado que requiere también minimizar cualquier perturbación adicional sobre las zonas más afectadas.
Una llamada a la responsabilidad
La Generalitat ha reconocido expresamente la colaboración que el colectivo cazador mantiene habitualmente en la conservación y gestión de los espacios naturales. No es una reprimenda, sino un apelación a esa misma responsabilidad: se les pide que suspendan temporalmente su actividad mientras persistan las actuaciones vinculadas a la emergencia y hasta que se declare finalizada la situación en las comarcas afectadas.
La medida tiene, en cualquier caso, un alcance limitado en el tiempo y en el espacio. No es una prohibición permanente ni una sanción. Es, más bien, un gesto de solidaridad institucional con quienes trabajan contrarreloj para devolver la normalidad a un territorio que, una vez más, ha tenido que enfrentarse a la violencia del agua. Porque en el litoral mediterráneo valenciano, la memoria de las inundaciones nunca llega a borrarse del todo.


