El campo valenciano tiene un problema que se mide en hectáreas que dejan de cultivarse. El abandono de tierras en la huerta de València se ha multiplicado por tres en los últimos años, según advierte la propia Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca. Para intentar revertir esa tendencia, el Govern valencià ha dado un primer paso concreto: publicar en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV) la concesión de las primeras ayudas directas a 402 titulares de explotaciones agrícolas ubicadas en las zonas de mayor protección de la huerta, las denominadas H1 y H2.
Dos millones de euros íntegramente financiados por la Generalitat
La línea de ayudas cuenta con un presupuesto total de dos millones de euros, sufragados en su totalidad con fondos propios de la Generalitat Valenciana, sin recurrir a financiación europea. La cuantía base establecida es de 1.500 euros por hectárea subvencionable, una cifra a la que se suman 500 euros adicionales por hectárea en el caso de los titulares jóvenes, un incentivo pensado para atraer y retener a las generaciones más nuevas en un sector que envejece a pasos acelerados. Un requisito esencial para acceder al programa es que las parcelas estén efectivamente en cultivo: las tierras abandonadas quedan expresamente excluidas.
"Los agricultores que trabajan en la huerta de València tienen que hacer frente a limitaciones específicas derivadas de la normativa de protección de la huerta. Esto, unido a las limitaciones que estaban sufriendo, estaba provocando que el abandono de tierras se multiplicara por tres" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Qué son las zonas H1 y H2 y por qué importan
No toda la huerta de València tiene el mismo nivel de protección. La zona H1, o Huerta de Protección Especial Grado 1, engloba la huerta de mayor valor agropecuario y mayor fragilidad paisajística, con una estructura parcelaria, cultivos tradicionales y el milenario sistema de riego de acequias que la han hecho merecedora del nivel más elevado de protección. La zona H2, por su parte, comprende una huerta similar a la H1, pero que ha experimentado una mayor transformación tanto en el sistema de riego como en los cultivos, y que requiere acciones de conservación y recuperación más activas.
En la práctica, pertenecer a estas categorías implica vivir bajo una presión normativa considerable. En suelos de huerta H1 y H2 no se permite la reestructuración de parcelas que alteren las redes de acequias y caminos históricos principales. Las restricciones afectan también a la transformación del sistema de riego y a la construcción de nuevas edificaciones. Es decir: quien trabaja esas tierras lo hace con las manos atadas en más de un sentido. Las ayudas buscan compensar, al menos económicamente, ese sobrecoste de la protección.
Un paisaje amenazado desde hace décadas
Desde mediados del siglo XX, la huerta de València ha visto cómo edificios, infraestructuras, calles e industrias ocupaban todo donde antes existían suelos y zonas agrarias, muchas de ellas protegidas. La huerta de València constituye uno de los paisajes agrarios más relevantes y singulares del mundo mediterráneo, pero este paisaje productivo y cultural de incalculable valor está seriamente amenazado de desaparición por la presión urbanística, las infraestructuras de movilidad y la crisis y el abandono de la actividad agraria.
Los datos más recientes confirman que la situación no ha hecho sino empeorar. La agricultura valenciana pulverizó el récord de superficie abandonada con 176.446 hectáreas en 2024, según datos del Ministerio de Agricultura. La Comunitat Valenciana perdió 13.544 hectáreas en los últimos cinco años y ya representa el 17% del abandono total en España. En ese contexto, la huerta periurbana de València es especialmente vulnerable: su cercanía a la ciudad la convierte en un territorio codiciado por el mercado inmobiliario y, al mismo tiempo, en uno de los ecosistemas agrarios más difíciles de mantener rentables.
Proteger sin asfixiar: el reto del equilibrio
La zona H1 comprende la huerta de mayor valor agropecuario y una notable fragilidad paisajística, mientras que la H2 abarca áreas con características similares que, si bien han experimentado una mayor transformación, requieren un mantenimiento activo de la actividad agraria para su conservación. Precisamente ahí radica la paradoja: cuanto más se protege un espacio, más se limita la capacidad del agricultor para adaptarse, modernizarse o rentabilizar su trabajo. Sin compensación económica, la protección puede convertirse en el primer paso hacia el abandono.
"La protección del territorio y la actividad económica deben avanzar de la mano. Nuestro objetivo es que la huerta de València conserve sus valores ambientales, culturales y paisajísticos, pero también que siga siendo un espacio productivo, con agricultores y explotaciones que tengan futuro" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Esta primera resolución publicada en el DOGV es solo el inicio de un proceso de concesión que irá incorporando más beneficiarios. Con 402 titulares ya reconocidos y dos millones de euros comprometidos, la Generalitat apuesta por demostrar que conservar la huerta no tiene por qué ser sinónimo de condenar al agricultor a trabajar sin red. El tiempo —y las hectáreas que sigan cultivadas— dirán si la apuesta es suficiente.


