Mientras la Alianza frente a la Metástasis, Innovación y Apoyo (ALMIA) reclama a la Organización Mundial de la Salud la creación de un Día Mundial del Cáncer Metastásico cada 10 de junio, especialistas y pacientes insisten en la necesidad de derribar los estigmas que aún rodean esta enfermedad.
Aunque la mayoría de la población ha oído hablar del cáncer de mama metastásico, persisten importantes lagunas sobre su diagnóstico, tratamiento y pronóstico. La doctora Vega Iranzo, del Servicio de Oncología Médica del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, explica, en una entrevista a València Extra, los avances que han transformado la atención a estas pacientes y las necesidades que siguen pendientes para mejorar su calidad de vida y visibilizar una realidad que afecta a miles de personas.
Aunque el 93% de los españoles afirma haber oído hablar del cáncer de mama metastásico, ¿cuáles son los principales conceptos erróneos que siguen existiendo sobre esta enfermedad?
Oír hablar de algo no equivale a entenderlo, y ahí está precisamente el reto. Uno de los errores más frecuentes es pensar que el cáncer de mama metastásico es simplemente “un cáncer de mama muy avanzado”, sin entender que es una entidad propia, con una biología específica y un abordaje terapéutico completamente diferente. También existe una confusión muy extendida entre metástasis y fase terminal, cuando en realidad hablamos de que el cáncer de mama metastásico es una enfermedad crónica, tratable, con la que muchas mujeres conviven durante años manteniendo una calidad de vida razonable. Y quizás el malentendido más sutil, pero muy presente, es creer que todas las pacientes tienen el mismo pronóstico y las mismas opciones. Nada más lejos. Hoy sabemos, gracias a la investigación, que personalizar el tratamiento de acuerdo al subtipo y determinados factores predictivos es una necesidad clínica para nuestras pacientes ya que mejora su supervivencia.
La campaña #laMquefalta insiste en que no existe un único cáncer de mama, sino tantos como pacientes, ¿qué significa esto desde el punto de vista clínico y cómo influye en las opciones de tratamiento?
Desde el punto de vista clínico significa que dos pacientes con el mismo diagnóstico de cáncer de mama metastásico pueden tener tumores completamente distintos a nivel molecular, con comportamientos diferentes y, por tanto, necesitar tratamientos distintos. Los tumores se clasifican según subgrupos moleculares: si expresan receptores hormonales, si sobreexpresan la proteína HER2, o si son triple negativo…y cada uno de estos subtipos responde de forma distinta a los tratamientos disponibles. Por eso la medicina personalizada en cáncer de mama metastásico no es un eslogan, es una necesidad clínica real.
El 74% de la población desconoce qué son los biomarcadores predictivos, ¿qué papel desempeñan en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama metastásico?
Los biomarcadores predictivos son características biológicas del tumor que nos permiten anticipar cómo va a responder a un determinado tratamiento. En el cáncer de mama metastásico son absolutamente esenciales. Nos dicen si el tumor tiene mutaciones específicas que lo hacen candidato a determinadas terapias dirigidas, como, por ejemplo, si un tumor expresa HER2, se beneficiará de terapias dirigidas anti-HER2. Sin esa información, estaríamos tratando a ciegas. Identificar correctamente los biomarcadores al diagnóstico de la enfermedad, en el momento de la recaída, e incluso, a lo largo de la evolución de la enfermedad metastásica, es la base sobre la que construimos el tratamiento personalizado en cada momento. Por eso su desconocimiento entre la población general es un problema: dificulta que las propias pacientes puedan participar activamente en las decisiones sobre su tratamiento.

¿Cómo ha evolucionado la calidad de vida y la esperanza de vida de las pacientes con cáncer de mama metastásico en los últimos años gracias a los avances médicos?
La evolución ha sido muy significativa, y como oncóloga es uno de los avances que más satisfacción me produce. Hace dos décadas, un diagnóstico de cáncer de mama metastásico tenía un pronóstico muy limitado. Hoy, gracias al desarrollo de terapias dirigidas, anticuerpos conjugados, inhibidores de CDK4/6 y otras opciones terapéuticas, muchas pacientes viven más años y con mejor calidad de vida. No hablamos solo de supervivencia, sino de cómo se vive: con menos efectos secundarios, con más tiempo fuera del hospital y con capacidad de mantener una vida activa. Eso no significa que hayamos llegado al final del camino, ni mucho menos, pero sí que la investigación está transformando de forma real lo que significa convivir con esta enfermedad.
¿Por qué es importante que iniciativas como #laMquefalta estén presentes en eventos multitudinarios como la Carrera de la Mujer y qué impacto tienen en la visibilidad de las pacientes?
Porque la visibilidad no es solo una cuestión simbólica: tiene consecuencias prácticas. Cuando la sociedad conoce y comprende el cáncer de mama metastásico cambia la mirada sobre las pacientes, mejora su entorno laboral y familiar, y se genera presión social e institucional para invertir más en investigación y en recursos. Un evento como la Carrera de la Mujer concentra en un mismo espacio a miles de personas receptivas, con ganas de aprender y de apoyar. Es una oportunidad única para llegar a públicos que quizás nunca habrían buscado esta información por su cuenta. Y para los propios pacientes, verse representados en ese escenario tiene un impacto emocional enorme: les dice que su enfermedad importa, que no son invisibles, y que la sociedad está con ellos.
¿Cuáles son hoy las principales necesidades no cubiertas de las personas que conviven con cáncer de mama metastásico, tanto en investigación como en atención sanitaria y apoyo social?
Son varias y muy distintas entre sí. En investigación, seguimos necesitando avanzar en el conocimiento de los mecanismos de resistencia a los tratamientos, porque una de las grandes batallas es mantener la eficacia terapéutica a lo largo del tiempo. En atención sanitaria, hay una asignatura pendiente en cuanto a la atención psico-oncológica: el impacto emocional de vivir con una enfermedad crónica e incurable es enorme, y no siempre está suficientemente atendido en los sistemas de salud. Y en el ámbito social, muchos pacientes se enfrentan a dificultades laborales, económicas y de conciliación que quedan fuera del radar sanitario. Necesitamos una visión integral del paciente, que vaya más allá del tumor y entienda que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una vida entera que gestionar.


