Hay frutas y verduras que cuentan historias. El tomate de Agullent, el de Quatretonda o el de Ontinyent no son solo productos del campo valenciano: son el resultado de generaciones de agricultores que los seleccionaron, los cuidaron y los adaptaron a su tierra. Ahora, la ciencia quiere devolverles el futuro que el mercado industrial les arrebató. La Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana y el Institut Universitari de Conservació i Millora de l'Agrodiversitat Valenciana (COMAV) de la Universitat Politècnica de València (UPV) han unido fuerzas para investigar la mejora genética de las variedades tradicionales de tomate de la Comunitat Valenciana, con el objetivo de conservar ese patrimonio vivo y, al mismo tiempo, hacerlo más competitivo para el agricultor del siglo XXI.
Una jornada técnica para acercar la ciencia al campo
La colaboración se hizo visible en la Jornada Tècnica Millora Genètica de Varietats Tradicionals de la Tomaca, un encuentro organizado por la Conselleria a través de su Servicio de Transferencia Tecnológica, que reunió a investigadores, técnicos, estudiantes y agricultores con un propósito claro: que el conocimiento generado en los laboratorios llegue, por fin, a las explotaciones. No siempre ocurre así, y esa brecha entre la investigación y la práctica agraria es, precisamente, uno de los grandes retos del sector.
El director general de Política Agraria Común, Ángel Marhuenda, inauguró la jornada y situó el debate en su contexto más amplio.
"Las variedades tradicionales forman parte del patrimonio agrícola de la Comunitat Valenciana y su mejora genética permite conservar ese legado al tiempo que ofrece nuevas oportunidades de rentabilidad y diferenciación para nuestras explotaciones agrarias." - Ángel Marhuenda, director general de Política Agraria Común de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca
La jornada incluyó una conferencia del catedrático de Producción Vegetal e investigador del COMAV, el doctor Salvador Soler Aleixandre, quien abordó desde la conservación de la biodiversidad agrícola valenciana hasta las posibilidades que ofrecen estas variedades para producir tomates con altas cualidades agronómicas, organolépticas y nutricionales. Soler Aleixandre es, precisamente, uno de los investigadores que lleva décadas trabajando en la mejora genética de variedades tradicionales en el seno del COMAV, instituto fundado en 1999 que se ha convertido en referente europeo en agrodiversidad.
En el campo, donde la investigación se hace visible
Uno de los momentos más reveladores de la jornada fue la visita a las parcelas experimentales de la Estación Experimental Agraria de Llutxent, enclave estratégico en la comarca de la Vall d'Albaida. Allí, los asistentes pudieron ver con sus propios ojos algo que los datos por sí solos no transmiten: la diferencia entre un tomate tradicional sin mejorar y una línea seleccionada mediante programas de mejora genética, plantadas codo con codo en el mismo surco.
"Durante el recorrido hemos podido mostrar tanto los materiales originales como las líneas mejoradas obtenidas mediante programas de selección, lo que permite comparar su adaptación al cultivo, su productividad y la calidad de los frutos." - Ángel Marhuenda, director general de Política Agraria Común de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca
Las variedades protagonistas de esta edición fueron cinco, todas ellas ligadas a municipios de la Vall d'Albaida: Agullent, Benissoda, Fontanars dels Alforins, Ontinyent y Quatretonda. Nombres que evocan paisajes concretos y que ilustran cómo la diversidad agrícola valenciana no es un concepto abstracto, sino algo arraigado en cada término municipal.
Más resistentes, sin perder su esencia
La pregunta que subyace a todo este trabajo es aparentemente sencilla: ¿se puede mejorar un tomate tradicional sin que deje de ser lo que es? La respuesta del COMAV es que sí, y los programas de selección lo demuestran. El instituto ha participado en proyectos europeos como TRADITOM, dentro del programa Horizon 2020, centrados en mejorar genéticamente el tomate para obtener variedades más resistentes a adversidades ambientales y biológicas. La clave está en aplicar técnicas de selección que permitan introducir resistencias o mejorar la productividad sin alterar las características identitarias del fruto.
El cultivo de las variedades tradicionales de tomate se ha reducido en las últimas décadas para dar paso a cultivos modernos, uniformes y de alto rendimiento. Sin embargo, las variedades tradicionales están a menudo asociadas con mejores cualidades de sabor e, incluso, podrían resultar más adaptables a determinadas condiciones ambientales. Es, en cierto modo, una paradoja: el sistema que marginó estos tomates es el mismo que ahora justifica su recuperación, porque el consumidor exige cada vez más calidad, sabor y origen.
Los programas de mejora impulsados por la Conselleria y el COMAV buscan precisamente eso: obtener productos de alto valor añadido que puedan constituir alternativas rentables para los agricultores de estas mismas zonas geográficas. No se trata de crear un tomate nuevo, sino de fortalecer el que ya existe.
Investigación, administración y campo: el triángulo necesario
Marhuenda subrayó durante la jornada que la colaboración entre ciencia, administración y sector agrario no es un lujo, sino una condición imprescindible para que estos avances lleguen a tener impacto real. Y el contexto le da la razón: el COMAV es una estructura de investigación de la UPV dedicada a la conservación y el aprovechamiento de la diversidad genética de hortalizas autóctonas que, desde 1999, orienta su trabajo científico a proteger variedades tradicionales adaptadas localmente y a reforzar los sistemas de cultivo ecológico en un contexto de cambio climático. Ese conocimiento acumulado durante décadas es el que ahora se pone al servicio del agricultor valenciano.
El director general destacó también el papel del mercado como aliado inesperado de esta recuperación. El creciente interés de los consumidores por los productos locales, diferenciados y de alta calidad abre nuevas salidas comerciales para estas variedades, cuya recuperación representa una alternativa real para diversificar la producción agrícola e incrementar el valor añadido de las explotaciones. En un sector sometido a una presión creciente de precios y costes, apostar por la diferenciación puede marcar la diferencia entre sobrevivir y prosperar. El tomate de Quatretonda o el de Fontanars dels Alforins no compiten con el tomate industrial en precio; compiten en historia, en sabor y en identidad. Y eso, cada vez más, tiene un mercado dispuesto a pagarlo.


