Muere Ramón Lapiedra, el físico que gobernó la Universitat de València una década y encontró en Sagunto su segunda patria

El catedrático de Física Teórica y exrector de la Universitat de València falleció el lunes 27 de julio a los 86 años.

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 Ramón Lapiedra
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Ramón Lapiedra Civera, rector de la Universitat de València entre 1984 y 1994, ha fallecido este lunes 27 de julio. Catedrático de Física Teórica y destacado intelectual, desarrolló una trayectoria marcada por el compromiso con la universidad pública y la promoción de la cultura y la lengua valencianas. Tenía 86 años. Con su muerte, la Comunitat Valenciana pierde a uno de los científicos más singulares de su historia reciente: alguien capaz de dialogar con el universo cuántico y, al mismo tiempo, de bajar a la arena cívica cuando la situación lo requería.

Un luto que cruza instituciones

La reacción al fallecimiento ha sido inmediata y ha desbordado los límites de una sola institución. La Universitat de València ha decretado tres días de luto oficial, desde este lunes y hasta el miércoles 29 de julio, ambos incluidos, durante los cuales las banderas de los edificios oficiales ondearán a media asta en señal de duelo y homenaje a quien fue rector durante una década. El Ayuntamiento de Sagunto ha tomado la misma decisión: las banderas de todos los edificios municipales permanecerán a media asta durante tres días. Al conocerse la noticia, el rector de la Universitat de València, Juan Luis Gandía, pidió guardar un minuto de silencio al inicio del primer acto institucional de la tarde, una jornada especialmente simbólica: el acto inaugural de la conmemoración del 750 aniversario de la muerte del rey Jaume I, celebrado en el Centre Cultural La Nau.

"Pocas personas reúnen tantos méritos y virtudes como los que atesoraba Ramón Lapiedra. Así se lo dijimos cuando lo nombramos Hijo Adoptivo de esta ciudad. Con su pérdida, Sagunto vuelve a reconocer su trayectoria irrepetible al servicio del conocimiento, de la cultura valenciana y de los valores cívicos y progresistas que siempre defendió." - Darío Moreno, alcalde de Sagunto

De Almenara a París, pasando por el trinquet de Sagunto

Nacido en Almenara (Castellón) en 1940, Ramón Lapiedra se formó en Ciencias Físicas en la Universidad de Madrid, donde se licenció en 1963. Pero su infancia y adolescencia no transcurrieron entre laboratorios ni aulas universitarias, sino en Sagunto, a donde llegó siendo un niño de apenas seis años. El motivo fue tan cotidiano como revelador: su padre había adquirido el trinquet de pilota valenciana del municipio. Desde ese rincón de la comarca del Camp de Morvedre, Lapiedra construyó los cimientos de una vida que lo llevaría a los centros de investigación más prestigiosos de Europa.

Amplió estudios en París gracias a una beca del Gobierno francés y se doctoró en Física Teórica en 1969. Años más tarde obtuvo un segundo doctorado, en 1974, en la misma disciplina en la Universitat de Barcelona. Entre 1963 y 1966 estuvo becado en París, donde realizó estudios de física teórica, y fue investigador en el CNRS, el Centro Nacional de la Investigación Científica francés. Su carrera académica lo llevó a ejercer la docencia y la investigación en las universidades de Barcelona y Santander antes de incorporarse, en 1982, como catedrático de Física Teórica en la Universitat de València, donde permanecería hasta su jubilación.

Un científico entre el cosmos y la conciencia

Lapiedra es autor de más de cuarenta publicaciones científicas en física teórica, la mayoría en revistas especializadas de alcance internacional. Su investigación se desarrolló en electrodinámica, gravitación, cosmología, astrofísica y cimientos de mecánica cuántica. No es fácil resumir esos campos sin perderse, pero basta con decir que sus preguntas apuntaban a los engranajes más hondos de la realidad: cómo se mueven los cuerpos en el universo relativista, qué significa que algo "exista" desde la física cuántica, y qué papel juega la conciencia en todo ello.

Esa inquietud por hacer accesible lo complejo se materializó también en su obra divulgativa. Su libro Els dèficits de la realitat i la creació del món, editado por la Universitat de València en 2004, obtuvo el premio Crítica Serra de Oro de Investigación. Cuatro años después, la editorial Tusquets publicó su versión en castellano ampliada bajo el título Las carencias de la realidad. La conciencia, el universo y la mecánica cuántica, un título que, por sí solo, da la medida del alcance intelectual de su autor.

Rector, activista y referente cultural valenciano

Su activismo cívico le llevó a ser juzgado por el Tribunal de Orden Público (TOP), que le condenó a nueve meses de cárcel, que cumplió en Barcelona y en Jaén en 1970. Aquel episodio, lejos de silenciarlo, pareció confirmar una vocación de compromiso que sostendría durante décadas. Fue miembro del Institut d'Estudis Catalans, integrante del Consell Valencià de Cultura entre los años 1998 y 2011, y expresidente de la plataforma cívica Valencians pel Canvi.

Recibió la Medalla de Oro de la Universidad de Valencia en 1995, la Medalla de Honor de la Academia Valenciana de la Lengua en 2019 y la medalla de honor de la Red Vives de Universidades en 2021. A estas distinciones se suma el doctorado honoris causa concedido por la Universitat Jaume I de Castelló de la Plana, un reconocimiento que llegó, significativamente, desde la provincia que lo vio nacer.

El Hijo Adoptivo que nunca olvidó el trinquet

La relación de Lapiedra con Sagunto era algo más que sentimental: era constitutiva. Aquel niño que llegó en 1946 de la mano de su padre nunca rompió el vínculo con la ciudad. En 2020, el Pleno Municipal aprobó su nombramiento como Hijo Adoptivo de la ciudad de Sagunto , y un año después el Ayuntamiento celebró un acto de homenaje en reconocimiento a su extensa trayectoria. Es la paradoja propia de los grandes: cuanto más universal se vuelve una vida, más profundas parecen sus raíces locales.

Ramón Lapiedra Civera deja atrás una obra científica de más de cuarenta trabajos publicados, una década al frente de una de las universidades más antiguas de España —fundada en 1499—, y la memoria de alguien que supo que el conocimiento y la conciencia cívica no son caminos separados, sino la misma senda recorrida desde ángulos distintos. Sagunto, que lo acogió de niño y lo honró como hijo en sus últimos años, llora hoy a uno de los suyos.