La alta velocidad ferroviaria española atraviesa uno de los años más trágicos de su historia. Los accidentes de Adamuz (Córdoba), el 18 de enero, y de Urda (Toledo), el 28 de octubre, han dejado un balance de al menos 114 personas fallecidas en apenas nueve meses. Dos siniestros que contrastan con el historial de seguridad de la red española desde su inauguración en 1992 y que plantean una pregunta: ¿hasta qué punto resulta excepcional que un mismo país registre dos accidentes mortales de alta velocidad en un solo año?
La comparación con otros países permite dimensionar lo ocurrido. Un estudio científico internacional ha identificado 150 accidentes ferroviarios de alta velocidad entre los años 2000 y 2024, mientras que Japón, uno de los países pioneros en esta tecnología, mantiene un historial extraordinario de seguridad en su emblemático Shinkansen.
El contraste es especialmente llamativo: mientras España ha registrado dos tragedias en menos de un año, la línea japonesa Tokaido Shinkansen acumula más de seis décadas sin accidentes que hayan provocado víctimas entre sus pasajeros a bordo, según los datos de la compañía ferroviaria JR Central.
España registra dos tragedias tras más de tres décadas de alta velocidad
El primer gran accidente de 2026 se produjo el 18 de enero en Adamuz, Córdoba, cuando un tren de Iryo que circulaba entre Málaga y Madrid descarriló e invadió la vía contigua, donde colisionó con un Alvia de Renfe que realizaba el trayecto entre Madrid y Huelva.
El siniestro provocó 46 fallecidos y abrió una investigación para esclarecer sus causas. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) apuntó posteriormente a la rotura de un carril como principal hipótesis, aunque sus conclusiones todavía eran provisionales. Nueve meses después, el 28 de octubre, un nuevo accidente ferroviario en Urda, Toledo, volvió a situar la seguridad de la alta velocidad en el centro del debate. Un AVE que circulaba hacia Sevilla colisionó con un tren de Iryo que se encontraba detenido en la vía.
El balance provisional del segundo accidente ascendía a 68 fallecidos, mientras las autoridades investigaban las circunstancias del siniestro y el funcionamiento de los sistemas de seguridad ferroviaria. Ambos accidentes se produjeron en el corredor ferroviario entre Madrid y Andalucía, aunque no existe por el momento una conclusión técnica que permita atribuirlos a una causa común.
¿Cuántos accidentes de alta velocidad se producen en el mundo?
Una investigación publicada en la revista científica Accident Analysis & Prevention, titulada Mapping high-speed railway accidents 2000–2024: characteristics, patterns, and preventive measures, permite contextualizar la accidentalidad ferroviaria internacional.
El estudio analizó 150 accidentes de trenes de alta velocidad registrados en 12 países entre 2000 y 2024, un periodo de 25 años. Esto supone una media de seis accidentes anuales en todo el mundo, aunque existe una diferencia fundamental: la investigación incluye incidentes de distinta naturaleza y gravedad, no exclusivamente colisiones o descarrilamientos con víctimas mortales.
Los datos muestran también variaciones importantes entre ejercicios. El año 2011 concentró el mayor número de accidentes de la muestra, con 18 sucesos, mientras que 2013 destacó por el elevado número de víctimas mortales. La investigación clasificó los factores relacionados con los accidentes en tres grandes categorías:
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Equipos e instalaciones: 41,61 %.
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Factores humanos: 33,58 %.
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Factores ambientales: 24,82 %.
Estas cifras reflejan la importancia del mantenimiento de las infraestructuras, los sistemas tecnológicos y los procedimientos operativos en la seguridad ferroviaria.
Sin embargo, los datos no permiten concluir que España tenga una tasa de accidentes superior a la de otros países. Para establecer una comparación estadística rigurosa sería necesario relacionar los siniestros con los kilómetros recorridos, el número de circulaciones y los pasajeros transportados.
Japón: más de 60 años de alta velocidad con un historial de seguridad excepcional
El caso de Japón representa uno de los mayores referentes mundiales en seguridad ferroviaria. El país asiático inauguró su primera línea de alta velocidad el 1 de octubre de 1964, con la puesta en funcionamiento del Shinkansen entre Tokio y Osaka.
Desde entonces, el sistema japonés se ha convertido en un modelo internacional por su combinación de velocidad, puntualidad y seguridad. Según los datos publicados por Central Japan Railway Company (JR Central), la línea Tokaido Shinkansen no ha registrado accidentes que hayan provocado muertos o heridos entre sus pasajeros a bordo desde el inicio de las operaciones comerciales.
La compañía también destaca que alrededor de 7.000 millones de viajeros han utilizado esta línea desde su inauguración, lo que permite dimensionar el volumen de actividad acumulado durante más de seis décadas. El contraste con España es significativo. Mientras que la red española de alta velocidad ha registrado dos accidentes mortales en nueve meses, el corredor japonés entre Tokio y Osaka mantiene un historial de seguridad excepcional desde 1964.
No obstante, es importante precisar que las estadísticas de JR Central corresponden específicamente a la línea Tokaido Shinkansen y no deben extrapolarse automáticamente a todos los servicios ferroviarios japoneses.
¿Cómo consigue Japón mantener estos niveles de seguridad?
El modelo ferroviario japonés combina infraestructuras diseñadas específicamente para la alta velocidad, sistemas automáticos de control de trenes, mantenimiento preventivo y formación continua del personal.
Uno de sus elementos fundamentales es el Automatic Train Control (ATC), un sistema que supervisa la velocidad y contribuye a mantener las distancias de seguridad entre los convoyes. A ello se suman los protocolos de inspección de las instalaciones, las revisiones periódicas de los trenes y la formación de los profesionales responsables de la circulación.
JR Central sitúa la seguridad como su principal prioridad operativa y vincula sus resultados a la inversión continuada en instalaciones, tecnología y preparación de los trabajadores. La compañía también dispone de procedimientos específicos frente a riesgos naturales, especialmente los terremotos, un fenómeno frecuente en Japón que condiciona el diseño y la explotación de sus infraestructuras ferroviarias.
Estos mecanismos no eliminan completamente la posibilidad de incidencias, pero ayudan a explicar por qué el Shinkansen se ha convertido en una referencia internacional de seguridad.
Los grandes accidentes que han marcado la historia de la alta velocidad
Aunque el ferrocarril de alta velocidad presenta elevados estándares de seguridad, su historia internacional también incluye tragedias de gran magnitud. Uno de los accidentes más graves se produjo en Eschede, Alemania, en junio de 1998, cuando un tren ICE descarriló y causó la muerte de 101 personas.
En Wenzhou, China, en julio de 2011, una colisión entre trenes de alta velocidad provocó 40 fallecidos y abrió un debate nacional sobre los sistemas de seguridad ferroviaria. España también sufrió en julio de 2013 el descarrilamiento de un Alvia en Santiago de Compostela, que dejó 79 víctimas mortales. Sin embargo, aquel accidente ocurrió en un tramo de vía convencional, por lo que no puede equipararse directamente con los siniestros registrados en líneas exclusivas de alta velocidad.
Estas diferencias son relevantes para interpretar las estadísticas internacionales, ya que no todos los países utilizan la misma definición de accidente de alta velocidad.
¿Qué probabilidades existen de que se produzcan dos accidentes mortales en un año?
Desde una perspectiva estadística, la concentración de dos accidentes mortales de alta velocidad en España durante 2026 constituye un acontecimiento extraordinario respecto al historial anterior de la red.
Sin embargo, no es posible establecer un porcentaje exacto de probabilidad utilizando únicamente el número de accidentes registrados. El estudio internacional de 150 siniestros entre 2000 y 2024 incluye accidentes de distinta gravedad y no proporciona, por sí solo, una tasa homogénea de accidentes mortales por kilómetros recorridos.
Además, las redes ferroviarias presentan diferencias en la antigüedad de sus infraestructuras, el volumen de circulación, los sistemas de señalización y las condiciones de explotación. Por tanto, sería incorrecto afirmar que existe una probabilidad concreta de que España registre dos accidentes mortales en un año sin disponer de una base estadística comparable.
También sería prematuro atribuir ambos accidentes a un fallo común antes de conocer las conclusiones definitivas de las investigaciones oficiales.
Dos accidentes que marcan un antes y un después en España
Los accidentes de Adamuz y Urda han cambiado de manera significativa el balance histórico de la alta velocidad española.
Según los datos provisionales disponibles el 29 de octubre, ambos siniestros suman al menos 114 fallecidos, una cifra que refleja la magnitud de las tragedias registradas en apenas nueve meses. La comparación internacional muestra que los accidentes de alta velocidad no son exclusivos de España. Sin embargo, también pone de manifiesto la existencia de redes ferroviarias que han conseguido mantener durante décadas unos niveles de seguridad extraordinarios.
Japón constituye uno de los ejemplos más significativos, especialmente por el historial del Tokaido Shinkansen, que acumula más de 60 años de explotación comercial sin víctimas entre sus pasajeros a bordo como consecuencia de accidentes ferroviarios.
La cuestión que deberán esclarecer las investigaciones españolas es si los accidentes de 2026 responden a circunstancias completamente independientes o si existen deficiencias que aconsejen revisar los procedimientos y mecanismos de seguridad. Mientras tanto, la estadística deja un contraste especialmente significativo: dos accidentes mortales en nueve meses en España frente a más de seis décadas de seguridad en uno de los corredores de alta velocidad más emblemáticos del mundo.


