La dana del 29 de octubre de 2024 no solo dejó una tragedia. También dejó una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿quién manda, y cómo se coordina, cuando un desastre no entiende de límites municipales? Dos años después de aquella jornada, el Ayuntamiento de València da un paso concreto para intentar responderla. La Junta de Gobierno Local ha aprobado un convenio con la Universitat de València para estudiar la gobernanza metropolitana de la ciudad y su zona periurbana, con una subvención de 30.000 euros.
Una catástrofe que aceleró el debate territorial
El encargo no surge de la nada. La Universitat de València lleva tiempo trabajando en este terreno a través de su cátedra de cambio climático, territorio y riesgos ambientales del Mediterráneo, un espacio académico que trabaja en gobernanza territorial y ambiental y en modelos de organización de regiones metropolitanas en Europa y España, y que codirige precisamente esta cátedra sobre cambio climático, territorio y riesgos ambientales en el Mediterráneo. En ese marco, la institución académica ya ha impulsado conferencias, seminarios y publicaciones centrados en las dinámicas metropolitanas, con especial atención a lo ocurrido tras la dana.
No es un interés menor. El 29 de octubre de 2024, Valencia registró lluvias históricas: en 16 horas cayeron 771,8 mm y 184,6 mm en una sola hora, un récord histórico a escala nacional. El temporal causó 230 muertos y puso de manifiesto la vulnerabilidad frente a las tormentas extremas. Una emergencia que, como señalaron los propios investigadores de la UV, evidenció que las emergencias, las infraestructuras y los servicios públicos exigen la colaboración vinculante entre el Gobierno central, la Generalitat y los ayuntamientos.
Más que un estudio: un cambio de modelo
El convenio tiene una ambición que va más allá del diagnóstico académico. Con él, el Ayuntamiento pretende apoyar el desarrollo del modelo económico de la ciudad y, sobre todo, transformar el modelo urbano bajo el prisma de la gobernanza, la innovación, la sostenibilidad y el bienestar humano. En otras palabras: repensar cómo se gestiona colectivamente un territorio que, en la práctica, ya funciona como una gran región metropolitana, aunque las estructuras administrativas no siempre lo reflejen.
La rectora de la UV, Mavi Maestre, ha subrayado en otras ocasiones la importancia de "poner la ciencia al servicio de una gobernanza responsable" , una idea que encaja directamente con el espíritu de este acuerdo. El convenio también busca intensificar la relación entre el mundo universitario y la administración local, una alianza que en contextos de emergencia climática resulta cada vez menos opcional.
Una inversión modesta con un objetivo mayor
Los 30.000 euros de subvención municipal son, en términos presupuestarios, una cifra discreta. Pero el valor del encargo no se mide en euros: lo que se pone sobre la mesa es la pregunta de cómo debe organizarse políticamente una metrópoli del siglo XXI ante riesgos que no respetan fronteras administrativas. El debate sobre la gobernanza metropolitana de València lleva décadas aplazado, y catástrofes como la dana de 2024 han demostrado, de forma dramática, el coste real de esa demora.
La Cátedra Arrels cobra especial relevancia en la Comunitat Valenciana después de la DANA de octubre de 2024 y busca reforzar la capacidad de los gobiernos locales para anticiparse y responder a los impactos climáticos. El convenio aprobado esta semana apunta en la misma dirección: que la universidad no se limite a observar los problemas del territorio, sino que contribuya activamente a diseñar las soluciones. Si las conclusiones del estudio acaban influyendo en la política metropolitana real, ese será el verdadero retorno de la inversión.

