Cada verano, el fuego vuelve a poner a prueba los montes valencianos. La provincia de Valencia alberga una masa forestal que supera las 350.000 hectáreas, un territorio que la historia ha marcado con episodios devastadores —el incendio de la Vall d'Albaida de 1994 arrasó 9.000 hectáreas; el de Cortes de Pallás en 2012, más de 22.000— y que, lejos de quedar en el pasado, sigue siendo escenario de nuevos focos cada temporada estival. Ante este escenario, cuatro mancomunidades de la provincia han dado un paso al frente: en lugar de esperar al fuego, van a salir a buscarlo antes de que llegue.
La Diputació de València ha financiado con 240.000 euros en 2025 el diseño de 13 proyectos de innovación territorial a cargo de otras tantas mancomunidades de la provincia. Cuatro de ellos se centran en la prevención y lucha contra incendios mediante tecnologías avanzadas como sensores IoT, cámaras térmicas, imágenes satelitales y drones. El resto aborda retos igualmente urgentes: eficiencia energética, movilidad rural, agroalimentación o vivienda vacía. Una apuesta amplia que refleja, en miniatura, los grandes desafíos que enfrentan los municipios españoles del interior.
Una convocatoria que mira al futuro desde los pueblos
La idea de partida es sencilla, aunque su ejecución no lo sea tanto: dotar a las mancomunidades —esas agrupaciones de municipios que comparten servicios y recursos— de capacidad para pensar en clave de innovación. El área de Innovación de la Diputació, dirigida por el diputado Juan Ramón Adsuara, impulsó en 2025 una convocatoria de subvenciones para financiar la redacción de proyectos que combinen tecnología con gobernanza participativa. Un primer paso, el de diseñar, que ahora se prepara para dar el salto a la realidad.
"Lo que buscamos con estas ayudas es implementar estrategias que contribuyan a mejorar el bienestar colectivo y a resolver necesidades y problemáticas actuales, así como adaptarse e incluso anticiparse a las futuras demandas territoriales" - Juan Ramón Adsuara, diputado de Innovación de la Diputació de València
Adsuara subraya además que "desde la Diputación apostamos por un desarrollo inteligente donde la innovación aplicada al territorio se convierta en elemento esencial, y eso es lo que va a marcar la diferencia entre unos municipios y otros". Una afirmación que no es retórica vacía: para 2026, la Diputació prevé sacar una nueva convocatoria dotada con 370.000 euros para que esas 13 mancomunidades puedan ejecutar sus proyectos antes del 30 de abril de 2027. Las que no resultaron beneficiadas en la primera edición también podrán presentarse esta vez.
Tecnología en el monte: cuatro apuestas contra el fuego
De los 13 proyectos aprobados, los cuatro vinculados a la prevención de incendios son quizás los más urgentes, especialmente en un año en el que España ya acumula 343 incendios registrados, con una superficie calcinada que se acerca a las 120.000 hectáreas, más del triple que en el mismo periodo de 2025, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS).
La mancomunidad de la Canal de Navarrés propone unificar la gestión forestal de sus siete municipios bajo un modelo único de gobernanza mancomunada. El núcleo tecnológico del proyecto es el despliegue de sensores IoT y cámaras térmicas para la detección temprana de incendios. Pero hay un elemento que lo distingue: la apuesta por vincular al alumnado del IES La Canal de Navarrés con la vigilancia y el mantenimiento del monte, creando un ecosistema de emprendimiento verde que trata de fijar talento joven en el territorio. Un proyecto que, en definitiva, intenta resolver dos problemas a la vez: el riesgo de incendio y la despoblación.
La mancomunidad de la Vall d'Albaida —precisamente la que vivió uno de los incendios más destructivos de la historia valenciana hace tres décadas— presenta un modelo integral de resiliencia rural y adaptación al cambio climático. Su propuesta combina la prevención inteligente con la rehabilitación de suelos degradados, la educación ambiental y la creación de un espacio Living Lab: un entorno de co-creación donde universidades, empresas y administraciones prueban y validan soluciones innovadoras en condiciones reales.
Más técnico en su planteamiento, el proyecto de la mancomunidad de la Hoya de Buñol-Chiva aborda la gestión del matorral en las vías pecuarias con una lógica de precisión quirúrgica. En lugar de una limpieza uniforme y generalizada, propone priorizar cartográficamente los tramos más críticos mediante imágenes satelitales e índices de vegetación (NDVI), validar el resultado con vuelos de dron, ejecutar un desbroce mecánico selectivo con biotrituradora que rompa la continuidad del combustible vegetal y, finalmente, dar valor al material triturado mediante compostaje, acolchado o uso energético. Nada se tira; todo se reutiliza.
Por último, la mancomunidad del Alto Turia plantea un modelo de gestión sostenible de la Reserva de la Biosfera del Alto Turia que va más allá del fuego: integra conservación del patrimonio natural, desarrollo económico, fijación de población, turismo sostenible y gobernanza territorial coordinada. Un enfoque holístico que entiende que prevenir incendios también pasa por mantener vivos los pueblos.
Más allá del fuego: energía, movilidad y agroalimentación
El resto de proyectos aprobados dibujan un mapa de las necesidades del mundo rural valenciano. La mancomunidad del Rincón de Ademuz trabaja en una estrategia de vivienda que combina un inventario GIS de vivienda vacía, incentivos a propietarios, rehabilitación energética y una plataforma digital con inteligencia artificial. La mancomunidad de la Costera-Canal, por su parte, quiere revitalizar el sistema agroalimentario comarcal reactivando suelo agrario infrautilizado y creando canales cortos de comercialización.
La eficiencia energética centra los proyectos de las mancomunidades de l'Horta Nord y el Barrio del Cristo; la movilidad, los de l'Horta Sud y la Ribera Baixa; y la economía local, los de la Serranía y el Camp de Túria. Trece territorios, trece diagnósticos distintos, pero una misma convicción: que la innovación no es patrimonio exclusivo de las grandes ciudades.
Lo que está en juego, en el fondo, es algo más que apagar fuegos o instalar paneles solares. Es la pregunta de si los municipios pequeños pueden competir en el siglo XXI con las mismas herramientas que las metrópolis. La respuesta que ensaya la Diputació de València con esta iniciativa apunta a que sí —siempre que alguien les tienda la mano para dar el primer paso.


