Hay instituciones que no necesitan renovarse porque nunca han dejado de funcionar. Los tribunales consuetudinarios de la Comunitat Valenciana son uno de esos casos: llevan más de un milenio resolviendo conflictos sobre el agua, sin abogados, sin papeleo y sin que nadie haya logrado —ni intentado seriamente— sustituirlos. Esta semana, la consellera de Justicia, Transparencia y Participación, Nuria Martínez, asistió a la apertura del V Encuentro de Tribunales Consuetudinarios y Tradicionales, un foro dedicado esta edición a "Los sistemas históricos y tradicionales de regadío", para reivindicar públicamente su vigencia y su valor.
Un encuentro entre instituciones que comparten algo raro: la permanencia
El acto reunió a representantes de los cuatro únicos tribunales consuetudinarios que operan en España: el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, el Juzgado Privativo de las Aguas de Orihuela, el Rollet de Gràcia de Aldaia y el Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia. Cuatro instituciones nacidas de las necesidades concretas de sus comunidades, que comparten una misma filosofía: resolver los conflictos desde la cercanía, la oralidad y el conocimiento del territorio. Tres de los cuatro están en la Comunitat Valenciana, lo que convierte a esta región en el epicentro español —y posiblemente europeo— de este tipo de justicia popular.
"Estos tribunales, nacidos de las necesidades de las propias comunidades, han sabido mantenerse vigentes a lo largo del tiempo y continúan ofreciendo soluciones a los conflictos desde la cercanía, el conocimiento de las costumbres y el respeto a las particularidades de cada territorio" - Nuria Martínez, consellera de Justicia, Transparencia y Participación de la Generalitat Valenciana
No es retórica. Cada jueves a mediodía, ocho síndicos vestidos de negro, representantes de las antiguas acequias de la Vega de Valencia, se reúnen para resolver conflictos relacionados con el uso del agua. Sin necesidad de abogados, documentos ni burocracia, el Tribunal de las Aguas dicta sus sentencias de manera oral, rápida y efectiva. Una escena que se repite, prácticamente igual, desde hace siglos.
El tribunal más antiguo de Europa, con reconocimiento de la UNESCO
El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009 y se considera una de las instituciones jurídicas más antiguas que existen en Europa y posiblemente en todo el mundo. Sus orígenes se remontan, según la mayoría de los historiadores, a la época de Al-Ándalus, aunque este tribunal ha sobrevivido a diversos regímenes políticos, como el visigodo, el califato islámico, la Reconquista bajo los monarcas cristianos y la España democrática actual. Que algo así siga funcionando con normalidad en pleno siglo XXI no es un milagro: es el resultado de siglos de confianza colectiva en un sistema que funciona.
Aquel 30 de septiembre de 2009, en Abu Dhabi, el mundo puso su mirada sobre una institución que lleva más de un milenio administrando justicia de forma oral, democrática y sostenible, manteniendo viva la cultura del agua en la huerta valenciana. Más de quince años después, la distinción sigue siendo un argumento de peso para defender su preservación.
El agua, un bien que siempre exige acuerdo
Martínez aprovechó su intervención para subrayar algo que en el contexto actual resuena con fuerza especial: el agua nunca ha sido un asunto individual. Su aprovechamiento ha exigido históricamente acuerdos y responsabilidades compartidas entre comunidades. Y esa experiencia acumulada durante siglos adquiere hoy un nuevo significado ante los retos de la sostenibilidad, la gestión responsable del recurso hídrico y la cooperación entre territorios.
"Nos permite conocer de cerca el valor de los sistemas históricos y tradicionales de regadío, comprender la trayectoria del Tribunal de las Aguas y de todos los Tribunales Consuetudinarios y Tradicionales, compartiendo experiencias entre instituciones que, pese a sus particularidades, mantienen un compromiso común con la resolución de conflictos y la preservación de un patrimonio jurídico que sigue plenamente vigente" - Nuria Martínez, consellera de Justicia, Transparencia y Participación de la Generalitat Valenciana
La reflexión no es menor. En un mundo en el que los conflictos por el agua se multiplican —y en el que la gestión de los recursos hídricos se ha convertido en una prioridad estratégica para gobiernos y organismos internacionales— estos tribunales ofrecen algo que los sistemas modernos raramente logran: rapidez, legitimidad comunitaria y cero costes procesales para el ciudadano.
Preservar lo que funciona, no solo lo que es antiguo
La consellera fue especialmente enfática en un punto: proteger estos sistemas no significa conservarlos como piezas de museo. Significa reconocer el conocimiento que encierran, transmitirlo a las nuevas generaciones y garantizar que la sociedad comprenda su utilidad real.
"Un patrimonio de esta naturaleza permanece vivo cuando se conoce, se respeta y se sigue reconociendo su utilidad" - Nuria Martínez, consellera de Justicia, Transparencia y Participación de la Generalitat Valenciana
Martínez también tuvo palabras de reconocimiento para los miembros de estos tribunales, personas que dedican su tiempo a garantizar los derechos de sus vecinos de forma voluntaria y desinteresada. Un gesto que, a menudo, pasa desapercibido fuera de las comunidades de regantes. La Comunitat Valenciana alberga tres de los cuatro tribunales consuetudinarios españoles: el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia —Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad—, el Tribunal del Comuner del Rollet de Gràcia de la Huerta de Aldaia —Bien de Relevancia Local Inmaterial— y el Juzgado Privativo de Aguas de Orihuela. Juntos, conforman un mapa jurídico sin parangón en el mundo occidental, y un argumento difícil de ignorar: a veces, las soluciones más duraderas son las que llevan más tiempo entre nosotros.


