Cuatro presidentes autonómicos se unen ante la tumba de Jaume I en Poblet para honrar al fundador del Reino de Valencia 750 años después de su muerte

Los presidentes de Valencia, Cataluña, Baleares y Aragón rindieron homenaje a Jaume I en el Monestir de Poblet, sede del panteón real de la Corona de Aragón.

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Pérez Llorca
Pérez Llorca
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Ante la tumba de piedra que guarda los restos del rey que fundó el Reino de Valencia hace casi ocho siglos, cuatro presidentes autonómicos coincidieron este miércoles en un mismo gesto: depositar una corona de laurel. El Reial Monestir de Poblet, en Tarragona, fue el escenario elegido para rendir tributo a Jaume I en el 750 aniversario de su muerte, en una ceremonia que reunió a los máximos mandatarios de las comunidades que un día formaron el núcleo de la Corona de Aragón.

El president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, lideró la ofrenda floral junto a Salvador Illa, president de la Generalitat de Catalunya; Marga Prohens, presidenta de les Illes Balears, y Jorge Azcón, presidente de Aragón. Los cuatro territorios que hoy conforman autonomías independientes compartieron durante siglos una misma historia bajo el reinado de una dinastía cuyo panteón real sigue custodiando el monasterio tarraconense.

Un aniversario que lo traspasa todo

Jaume I falleció el 27 de julio de 1276 , y su muerte marcó el final de uno de los reinados más transformadores de la historia medieval hispánica. Nacido en 1208 en Montpellier, fue rey de Aragón, Valencia y Mallorca, y protagonizó una etapa decisiva de expansión territorial de la Corona de Aragón hacia el Mediterráneo, con hitos como la conquista de Mallorca en 1229 y la toma de la ciudad de Valencia en 1238. Su legado resulta fundamental para el nacimiento del pueblo valenciano, con la promulgación de los Fueros de Valencia, que dotaron al territorio de un sistema legal propio y de una soberanía jurídica diferenciada dentro de la Corona de Aragón.

No es casualidad que el acto se celebre precisamente en 2026. El Consell acordó declarar este año como el de la conmemoración del 750 aniversario de la muerte de Jaume I, una figura que fue decisiva en la configuración histórica, política y jurídica de la Comunitat Valenciana. El president Pérez Llorca ha impulsado una campaña institucional bajo el lema 'Un llegat infinit', con la que pretende reivindicar la vigencia del legado del monarca en la identidad del territorio.

Poblet, el cementerio de reyes que une a cuatro autonomías

El Monestir de Poblet no es un escenario cualquiera. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga el panteón real de la Corona de Aragón y constituye uno de los conjuntos monásticos medievales mejor conservados de Europa. En sus muros descansan, junto a Jaume I, algunos de los monarcas más relevantes de la historia peninsular: Pere 'el Ceremoniós', Alfonso 'el Casto', Juan I 'el Cazador', Martín 'el Humano', Fernando de Antequera, Alfonso 'el Magnánimo' y Juan II, además de varias de sus esposas.

El acto de ofrenda se produjo en el marco de la reunión del Patronato del monasterio, presidida en esta ocasión por S.M. el Rey Felipe VI. Una cita que congregó, bajo el mismo techo medieval, a la jefatura del Estado y a los líderes de las cuatro comunidades con raíces en la antigua Corona de Aragón.

Más allá del símbolo: una agenda política compartida

El homenaje no fue solo ritual. Pérez Llorca aprovechó la presencia conjunta de los cuatro presidentes para reivindicar el potencial del diálogo interautonómico como herramienta para afrontar retos comunes. Sobre la mesa, asuntos de plena actualidad: la prevención de incendios forestales, la gestión de emergencias y las grandes infraestructuras que vertebrarán el territorio en los próximos años.

Entre estas últimas, el jefe del Consell valenciano puso el foco en los corredores Cantábrico y Mediterráneo, dos ejes ferroviarios estratégicos cuyo desarrollo afecta de manera directa a buena parte de las regiones representadas en Poblet. Pérez Llorca manifestó su deseo de alcanzar acuerdos entre las cuatro autonomías que beneficien al conjunto de España, una declaración de intenciones que trasciende la efeméride histórica y sitúa el encuentro en un plano de cooperación territorial con implicaciones muy concretas.

Siete siglos y medio después de su muerte, Jaume I sigue siendo un punto de encuentro. Que cuatro presidentes con colores políticos distintos hayan coincidido en inclinarse ante su tumba no deja de ser una imagen poderosa: la historia, cuando se cuenta bien, todavía es capaz de sentar en la misma mesa a quienes el día a día separa.