Hay escalones que, para algunas personas, no son simplemente un obstáculo físico: son la frontera entre poder o no acceder a los servicios que les corresponden por derecho. La Generalitat Valenciana ha destinado este año 1.005.948,66 euros en ayudas para mejorar la accesibilidad en edificios públicos de doce municipios de la provincia de Valencia, con el objetivo de eliminar barreras arquitectónicas que, en muchos casos, llevan décadas impidiendo que vecinos mayores o con discapacidad puedan entrar con normalidad a sus propios ayuntamientos.
El dinero llega donde más falta hace
No se trata de una inversión dispersa al azar. La convocatoria, impulsada por la Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Presidencia, prioriza expresamente a los municipios con menor capacidad presupuestaria, es decir, aquellos pequeños pueblos que, de otra manera, difícilmente podrían asumir por sí solos el coste de reformar sus instalaciones. En una comunidad como la valenciana, con más de 540 municipios de los cuales la inmensa mayoría son de pequeño tamaño, este tipo de línea de ayudas resulta especialmente relevante.
La lógica es sencilla pero poderosa: que el código postal —o el tamaño del presupuesto municipal— no determine el nivel de accesibilidad al que puede aspirar un ciudadano. Con este tipo de iniciativas se pretende profundizar en la colaboración de la Generalitat con los municipios, atendiendo su gran número y su necesidad de recursos económicos para garantizar a todos los ciudadanos el acceso a los edificios públicos municipales en condiciones de igualdad.
Rampas, ascensores y aseos: las obras que cambian vidas cotidianas
Las actuaciones financiadas son concretas y tangibles. No hay grandes proyectos de arquitectura de autor ni inauguraciones mediáticas. Hablamos de rampas de acceso, instalación de ascensores y plataformas elevadoras, adaptación de aseos accesibles y la creación de itinerarios sin barreras en el interior de los edificios municipales. Pequeñas intervenciones que, sin embargo, pueden marcar la diferencia entre la inclusión y la exclusión para una persona con movilidad reducida.
La relevancia de estas obras no es menor si se tiene en cuenta que, según datos del sector, más del 70% de los edificios en la provincia de Valencia requieren mejoras de accesibilidad para cumplir con la normativa vigente. En el entorno rural, donde los recursos son más escasos y los edificios a menudo más antiguos, la brecha puede ser aún mayor.
Doce pueblos, cinco comarcas
Los municipios beneficiarios se distribuyen por cinco comarcas del interior de la provincia. La comarca de Los Serranos concentra el mayor número de localidades beneficiadas, con cinco pueblos incluidos: Alcublas, Alpuente, Chelva, Domeño y Titaguas. Le siguen el Rincón de Ademuz, con Ademuz y Casas Bajas; y la Hoya de Buñol, con Dos Aguas y Sot de Chera. Completan la lista Almiserà, en la Safor; L'Énova, en la Ribera Alta; y Fuenterrobles, en la Plana de Utiel-Requena.
Estos territorios comparten un rasgo común: son municipios del interior, alejados de los grandes núcleos urbanos y con economías locales modestas. Muchos de ellos afrontan además el reto del envejecimiento poblacional, lo que hace que la accesibilidad en los edificios públicos —centros de salud, ayuntamientos, centros de día— sea una necesidad especialmente urgente para sus vecinos.
Más que obras: una cuestión de derechos
La nueva legislación valenciana de accesibilidad ya incluye disposiciones que otorgan consideración preferente a la accesibilidad universal en el medio rural , lo que sitúa estas ayudas en el marco de una política pública más amplia y estructural. No es una medida puntual, sino parte de un compromiso normativo de largo recorrido.
La accesibilidad universal no es un privilegio, sino una condición para el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos. Cuando un vecino de 80 años no puede entrar a su ayuntamiento para gestionar un trámite porque no hay rampa, o cuando una persona en silla de ruedas no encuentra un aseo adaptado en el centro cultural de su pueblo, la promesa constitucional de igualdad queda, en la práctica, vaciada de contenido. Con algo más de un millón de euros repartido entre doce municipios, la Generalitat no resuelve el problema de golpe, pero sí da un paso medible en la dirección correcta.

