Hay artistas cuya influencia resulta imposible de medir porque está repartida por todas partes. Jean-Michel Jarre es uno de ellos. Mucho antes de que existieran los festivales de electrónica tal y como hoy los conocemos, él ya llenaba plazas y estadios únicamente con sintetizadores, luces y una idea muy clara: la tecnología también podía emocionar.
Eso fue precisamente lo que volvió a demostrar este miércoles en la Marina Nord, donde inauguró FAR València ante un público tan diverso como internacional. Entre los asistentes se escuchaba francés, inglés o italiano, además de muchos acentos llegados desde distintos puntos de España. No era casualidad. La primera visita de Jarre a València tenía aroma de cita histórica.
Un pionero que sigue mirando hacia delante
Hijo del compositor de cine Maurice Jarre, responsable de bandas sonoras como Lawrence de Arabia, el músico francés encontró hace décadas un lenguaje propio que acabaría marcando el camino de buena parte de la electrónica posterior. Escuchar Oxygène, Équinoxe o Magnetic Fields sigue siendo entender de dónde vienen muchos sonidos que hoy llenan festivales de medio mundo.
Lejos de sonar a museo, Jarre actualiza su repertorio sin perder su esencia. A sus 77 años sigue jugando con sintetizadores, secuencias y bases electrónicas con la naturalidad de quien nunca ha dejado de experimentar.
Un espectáculo que también habla del presente
El concierto fue mucho más que música. Láseres, pantallas y visuales acompañaron un espectáculo que reflexionó sobre la inteligencia artificial, la relación con la tecnología y una sociedad cada vez más pendiente de las pantallas. Mientras miles de móviles grababan cada canción, las imágenes proyectadas parecían devolver esa misma realidad al público.
La segunda mitad ganó en intensidad y terminó convirtiendo la Marina en una gran pista de baile con clásicos como Oxygène 4 o Stardust. No hubo grandes discursos ni artificios innecesarios. Bastó la música de uno de los artistas que mejor ha sabido imaginar el futuro para recordar que, medio siglo después, muchas de aquellas melodías siguen sonando sorprendentemente modernas.

