La estrella pop que ya no cabe en su habitación: Aitana conquista València

La catalana brilló ante más de 16.000 personas en València y este viernes repite cita en el Roig Arena con otro ‘sold out’.

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Aitana en su concierto en Roig Arena.
Aitana en su concierto en Roig Arena.

Hay artistas que llenan pabellones y artistas que consiguen algo bastante más complicado: que 16.000 personas parezcan estar dentro de la misma habitación. Aitana hizo eso ayer exactamente eso en el Roig Arena. Convertir un recinto gigantesco en su Cuarto Azul particular. 

Porque sí, la catalana llegó a València con una gira mundial bajo el brazo, con coreografías medidas al milímetro, con visuales gigantes, con doce bailarines y con un repertorio diseñado para no dejar respirar demasiado al público. Pero lo verdaderamente llamativo no fue el tamaño del espectáculo. Fue comprobar cómo una artista que hace apenas unos años cantaba al desamor adolescente ahora maneja el pop masivo con la naturalidad de quien ya entiende perfectamente el lugar que ocupa. Y ocupa uno muy grande.

Lo sabe ella. Lo sabe su público. Y lo sabe un Roig Arena que explotó desde el primer acorde de 6 de febrero, cuando apareció recostada sobre esa cama convertida ya en símbolo de esta nueva etapa. Una entrada de superestrella, sí, aunque luego se empeñe en recordar constantemente que no es perfecta. O precisamente por eso.

Aitana -Roig Arena
Aitana - Roig Arena

“Todas somos perfectas con nuestras imperfecciones”

De hecho, uno de los momentos más celebrados de la noche no llegó con un baile, ni con un agudo imposible, ni siquiera con uno de esos drops electrónicos que hicieron temblar el recinto. Llegó cuando leyó una pancarta que decía: “Gracias por ser la chica perfecta”. Y ahí apareció la Aitana más consciente del personaje que representa. “Todas somos perfectas con nuestras imperfecciones”, respondió la cantante de Vas a quedarte, provocando una ovación inmediata entre un público que no fue simplemente a escuchar canciones: fue a sentirse comprendido.

Eso también explica el fenómeno.

Porque el concierto funcionó muchas veces como una especie de terapia pop colectiva en la que se podía pasar de las lágrimas de Cuando hables con él a los bailes de Las Babys en cuestión de minutos. De mirar al techo con luces azules a convertir el recinto en una discoteca roja y sudorosa con miamor. Del drama sentimental a la euforia eurodance. Todo en la misma noche.

Y entre medias, frases que también ayudaron a dibujar el personaje. Ese comentario improvisado sobre que desde el pinganillo tienen que recordarle que beba agua porque nunca tiene sed. O ese deseo casi naïf de venir a Fallas después de recibir una imagen vestida de fallera. Ahí precisamente ahí está parte del encanto de Aitana: esa mezcla entre estrella gigantesca y amiga mayor de toda la Generación Z.

Del dormitorio emocional al gran pop de estadios

Aitana ya domina otra liga: la del pop electrónico de gran formato, el de las bases contundentes, los visuales enormes y los estribillos diseñados para quedarse pegados durante semanas. Gran Vía, Los Ángeles, 24 rosas o Conexión psíquica sonaron como canciones hechas exactamente para espacios así.

Y el público respondió como si estuviera viviendo algo histórico. Que quizá, para muchos de los presentes, lo era.

Había fans esperando desde horas antes. Gente vestida de azul. Estrellas dibujadas en la cara. Pancartas. Linternas. Gritos capaces de tapar canciones enteras. Y esa sensación constante de que el concierto importaba más de lo habitual. Como si todos supieran que estaban viendo el momento exacto en el que una artista deja de ser una estrella pop para convertirse, definitivamente, en LA estrella pop. Por eso Superestrella no podía ser solo la última canción. Era prácticamente el resumen de toda la noche.Y también una evidencia. Aitana ya no juega a parecerlo. Ya lo es.