Una niña de apenas seis años, con la mirada fija en el espectador y vestida a la moda isabelina, ha vuelto a hacerse visible casi 170 años después de que Federico de Madrazo la inmortalizara en un pequeño óleo. El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) ha incorporado a sus fondos el 'Retrato de Mercedes de Sessé y Llano', un lienzo de 55 por 45 centímetros realizado en 1858, gracias a la donación de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de València, que lo adquirió a un coleccionista particular por 27.500 euros.
La presentación oficial tuvo lugar este miércoles con la presencia de la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso; el director del museo, Pablo González Tornel; y la presidenta de la Asociación de Amigos, María José Navarro Toledo. Una obra pequeña en formato, enorme en significado.
Una pieza que llenaba un hueco en la colección
No es casual que el director del MuBAV haya destacado especialmente esta adquisición. González Tornel reconoció sin rodeos que el retrato "llena una laguna en la colección de pintura del Romanticismo del Museo" y trazó una comparación de peso: la obra es, en su opinión, muy cercana al célebre retrato de la condesa de Vilches que custodia el Museo del Prado, considerado una de las cimas del retrato romántico español. La conexión no es solo estilística: tiene raíces familiares.
La retratada, Mercedes de Sessé y Llano, era sobrina precisamente de Amalia de Llano y Dotres, la condesa de Vilches a quien Madrazo retrató en esa pintura del Prado. Su madre, Matilde de Llano y Dotres, era hermana de aquella aristócrata escritora que, para poder publicar sus novelas en la época, tuvo que hacerlo bajo el seudónimo "La Peregrina". Dos mujeres de la misma familia, dos retratos del mismo pintor, dos museos distintos. El paralelismo resulta difícil de ignorar.
"Lo mejor de la obra tardía de Ingres impregna este lienzo muy cercano al retrato de la condesa de Vilches del Museo del Prado" - Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València
El momento cumbre de un pintor irrepetible
El óleo fue realizado en 1858, un año después de que Federico de Madrazo fuera nombrado primer pintor de cámara y profesor de Colorido y Composición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Era la etapa de mayor madurez del artista, el período en que la alta sociedad española acudía a su taller ávida de retratos de estética preciosista y romántica.
Madrazo había sido formado en París bajo la tutela del maestro Ingres —con quien estudió desde los diecisiete años— y posteriormente en Roma, donde absorbió las corrientes pictóricas europeas que definirían su estilo. Su extraordinaria habilidad técnica y su inteligencia para embellecer la realidad física de sus modelos sin necesidad de mentir le convirtieron en el retratista más solicitado por la alta sociedad madrileña. Realizó tantos retratos para la aristocracia que se ha dicho que inmortalizó a la sociedad española de su época.
En el cuadro recién incorporado al MuBAV, la pequeña Mercedes aparece de medio cuerpo, ligeramente girada hacia su derecha, con la mirada directa al espectador. El fondo muestra un paisaje exterior de vegetación difusa y un celaje en tonos azules y grisáceos que aportan profundidad sin distraer. La obra, delimitada por su marco original ovalado decorado con motivos florales en relieve, destaca por esa misma serenidad que definía al pintor: sus cuadros se caracterizan por la sencillez, por lo natural y por una serenidad distante, sin profundizar en lo expresivo.
La sociedad civil, pieza clave del patrimonio público
Esta es la tercera obra de Federico de Madrazo que pasa a formar parte de las colecciones del siglo XIX del MuBAV. Las anteriores son el 'Retrato de caballero con bastón', que ingresó mediante la donación de Orts Bosch en 2004, y el 'Retrato de la baronesa de Spínola', adquirido por la Generalitat el año pasado.
Pero la dimensión más llamativa de esta operación no es el nombre del pintor, sino el mecanismo que la ha hecho posible. La Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de València ha donado, desde 2021 hasta hoy, un total de siete obras para enriquecer los fondos del centro: dos cobres de temática bíblica del pintor flamenco Pieter van Lint y lienzos de Ramón Martí Alsina, Cecilio Pla, José Pinazo Martínez, Manuel Benedito y ahora este Madrazo. Es mecenazgo en acción, sin titulares grandilocuentes.
"Gestos altruistas como este demuestran la firme implicación de la sociedad civil con la conservación de nuestro patrimonio" - Marta Alonso, secretaria autonómica de Cultura de la Comunitat Valenciana
La presidenta de la Asociación, María José Navarro Toledo, fue escueta pero contundente: afirmó que el mecenazgo forma parte del ADN de la entidad y que es "un orgullo ver cómo esta institución crece y se consolida como la gran pinacoteca de València". En un contexto en que la financiación pública de la cultura sigue siendo motivo de debate, que una asociación civil destine sus recursos a comprar patrimonio para devolverlo al conjunto de la ciudadanía no es un gesto menor. Es, en cierto modo, la respuesta más práctica a la pregunta de quién debe velar por el arte que todos compartimos.


