El cementerio de Paterna guarda uno de los silencios más pesados de la historia reciente de España. Entre sus fosas comunes descansan los restos de 2.238 hombres y mujeres fusilados durante la dictadura franquista, convertidos con el tiempo en el símbolo más doloroso de la represión de posguerra en el País Valenciano. Ahora, el Memorial construido en su honor sigue incompleto, y la Diputació de València ha dado un paso al frente para intentar remediarlo.
La vicepresidenta de la Diputació, Natàlia Enguix, ha recibido a Amparo Belmonte, presidenta de la Plataforma de Asociaciones de Familiares de Víctimas del Franquismo de las Fosas Comunes de Paterna, para conocer en detalle el proyecto de finalización del Memorial 2.238 y explorar las vías de colaboración posibles. La reunión abre la puerta a que la institución provincial subvencione algunos de los elementos todavía pendientes, entre ellos el más visible: la placa identificativa con los nombres de las 2.238 personas cuyos restos reposan en el camposanto, la mayoría ejecutadas en el conocido como el 'Paredón de España'.
Un memorial a medio construir
El camposanto de Paterna fue el primero en el que hay constancia de un fusilamiento tras la Guerra Civil —el 3 de abril de 1939— y alberga alrededor de 135 fosas comunes donde fueron depositadas las víctimas tras ser ejecutadas en el Terrer, situado a apenas 500 metros del recinto. El lugar se ha convertido así en el segundo enclave del Estado donde más fusilamientos se perpetraron durante los meses y años inmediatamente posteriores a la contienda.
El Memorial fue construido con fondos de la Generalitat Valenciana, pero su ejecución quedó a medias. Según Belmonte, para dar por concluido el proyecto hacen falta cuatro elementos fundamentales:
- Una placa identificativa con los nombres de los 2.238 represaliados enterrados en el cementerio.
- Una escultura destinada a depositar ofrendas florales.
- Contenido para el centro de interpretación histórica.
- Sistemas de identificación de los nichos y el cartel del Memorial con los logos de las administraciones implicadas.
El Memorial está concebido como un espacio que simbolice y sirva de homenaje a las víctimas que murieron en defensa de la democracia, y en él se alojarán los restos exhumados no identificados, así como los de quienes, habiendo sido identificados, sus familias decidan reinhumar en ese lugar. En otras palabras: no es solo un monumento, sino el destino final de muchos de los que aún esperan.
"Siempre podemos contar con la delegación de Memoria Democrática de la Diputación, y es por lo que nos hemos puesto en contacto con la vicepresidenta para tratar de completar lo antes posible este espacio de dignificación que es importante para muchas familias." - Amparo Belmonte, presidenta de la Plataforma de Asociaciones de Familiares de Víctimas del Franquismo de las Fosas Comunes de Paterna
La Diputació tiende la mano, pero pide compañía
La predisposición de Enguix es clara, aunque viene acompañada de una condición política: que nadie mire hacia otro lado. La vicepresidenta no se limita a ofrecer ayuda, sino que lanza un mensaje directo al resto de administraciones.
"Vamos a ver el proyecto que nos han presentado para estudiar posibles vías de colaboración. La implicación de esta delegación con la memoria democrática está fuera de toda duda, y lo que pedimos es que el resto de administraciones se impliquen de la misma manera." - Natàlia Enguix, vicepresidenta de la Diputació de València
La institución provincial no llega a este compromiso de improviso. En abril, Enguix ya visitó el camposanto junto a la diputada Nuria Campos y el concejal de Protección a las Personas, Julio Fernández, para supervisar el proyecto de exhumación de la fosa 34, en la que la Diputació invertirá algo más de 55.000 euros para recuperar los restos de personas represaliadas. En esa misma visita, la vicepresidenta ofreció ayuda para poner en marcha un aula de difusión histórica en el propio Memorial.
De 356.000 euros a 2,2 millones: una apuesta que creció por seis
Los números cuentan su propia historia. Cuando en 2016 se creó la delegación de Memoria de la Diputació —con Jorge Rodríguez como presidente y Rosa Pérez Garijo como diputada— su presupuesto era de 356.000 euros. Una década después, las cuentas de 2026 recogen cerca de 2,2 millones de euros. El área ha multiplicado por seis su dotación en diez años, una evolución que Enguix utiliza como argumento para exigir al resto de instituciones un esfuerzo equivalente.
La delegación no destina ese dinero únicamente a exhumaciones y subvenciones a ayuntamientos y asociaciones. Entre sus programas activos figuran talleres en centros de Secundaria, guías docentes y unidades didácticas, exposiciones itinerantes, el programa La Memoria en las Bibliotecas, publicaciones, los premios La Memòria a l'Escola y el certamen de investigación histórica María la Jabalina.
Completar el Memorial de Paterna no es, en el fondo, una cuestión de presupuesto o burocracia institucional. Es la promesa pendiente con miles de familias que llevan décadas esperando que un nombre grabado en una placa les devuelva algo parecido a la dignidad. El trabajo de exhumación de estas fosas es fundamental para conseguir que las familias puedan terminar un duelo que aún no se ha cerrado. El Memorial 2.238 puede ser, si las instituciones cumplen, el final de ese largo camino.


