Cada año, miles de litros de agua potable desaparecen en silencio bajo el asfalto de los municipios españoles. Tuberías viejas, presiones mal reguladas y redes obsoletas son los responsables de un despilfarro que pocas veces sale a la luz, pero que tiene consecuencias reales sobre el suministro y el bolsillo de los vecinos. En Bocairent, un municipio de algo más de 4.000 habitantes de la comarca valenciana de la Vall d'Albaida, esa fuga silenciosa acaba de reducirse en más de un 20% gracias a una renovación integral de 4.460 metros de su red de abastecimiento de agua potable.
La actuación, impulsada por el Ayuntamiento de Bocairent con el apoyo técnico y la gestión de Egevasa —la empresa del ciclo integral del agua de la Diputació de València—, ha supuesto una inversión de 338.000 euros. El resultado más tangible es contundente: se evitará que se pierdan alrededor de 42.000 metros cúbicos de agua al año, el equivalente a más de 16 piscinas olímpicas que antes se filtraban por las juntas y roturas de unas conducciones que llevaban décadas bajo tierra.
"Estos trabajos demuestran la importancia del agua como servicio básico que debe prestarse con la máxima calidad" - Natàlia Enguix, vicepresidenta responsable de Egevasa en la Diputació de València
Del papel a la obra: cómo se financió el proyecto
La historia de esta renovación no empieza con las excavadoras, sino mucho antes, con el papeleo. Egevasa acompañó al Ayuntamiento de Bocairent desde la fase inicial del proyecto, ayudando a tramitar y obtener la financiación necesaria a través de la línea de ayudas convocada por la Generalitat Valenciana para la mejora del abastecimiento y la reducción de pérdidas en municipios de menos de 20.000 habitantes. Una vez concedida la subvención, la empresa provincial asumió también la dirección y el control de la obra, ejecutada por la constructora Elecnor. Ese seguimiento técnico garantizó que cada tubería y cada elemento de regulación se instalara conforme a los parámetros de calidad exigidos.
Dos zonas, un mismo problema: las averías de siempre en los puntos de siempre
Los trabajos se articularon en dos áreas bien diferenciadas. La primera abarca los diseminados al sudeste de la CV-81, en el entorno del Camí de la Via, y se extiende por la partida de l'Horta dels Alborets, el Camí de Sant Antoni y los caminos de las zonas de l'Horta Maset del Sego y l'Horta Carrasques. No es casualidad que se empezara por aquí: estos tramos concentraban la mayor parte de las averías registradas en los últimos años. Las viejas conducciones han sido sustituidas por tuberías de PVC orientado de 90 milímetros de diámetro y de polietileno de alta densidad (PEAD) de 63 milímetros en los tramos más estrechos, materiales mucho más resistentes a la presión y al paso del tiempo.
Pero la renovación de tuberías no es el único avance. La intervención también ha permitido dar un paso clave en la llamada sectorización de la red: dividir el sistema en sectores hidráulicos más pequeños para detectar con mayor precisión dónde se produce cada fuga. Con ese objetivo se han instalado dos nuevos contadores con sistema de telelectura —uno en el Camí dels Alborets y otro en el Camí de Sant Antoni—, dispositivos que envían datos de caudal en tiempo real y permiten identificar consumos anómalos sin necesidad de mandar a un operario a recorrer kilómetros de caminos rurales.
La segunda zona de actuación se sitúa en pleno núcleo urbano, en la calle Bajada de la Canaleta y sus calles adyacentes, incluyendo Agres y los ramales que abastecen el entorno de la avenida Pío XII. Aquí el diagnóstico era similar: tramos con un historial de roturas que obligaban a reparaciones recurrentes y costosas. La solución ha pasado por sustituir la tubería existente por una nueva conducción de PVC orientado de 110 milímetros, más robusta, y por instalar una válvula reductora de presión. Este último elemento es más importante de lo que parece: una red con presión excesiva no solo gasta más energía, sino que somete a las conducciones a un estrés continuo que acelera su deterioro y multiplica las roturas. Controlar la presión es, en la práctica, prolongar la vida útil de toda la infraestructura.
Una apuesta más amplia por la infraestructura hídrica del municipio
La actuación principal no es un caso aislado dentro del municipio. Egevasa ya había intervenido previamente en la Plaça Joan de Joanes y la calle Sant Agustí, donde aprovechó la reurbanización de estas zonas para renovar 230 metros de antiguas tuberías de fibrocemento —un material que lleva décadas en retirada por sus riesgos para la salud— y sustituirlas por conducciones de PVC orientado de entre 90 y 160 milímetros de diámetro. En esa ocasión se renovaron también 32 acometidas domiciliarias, con una inversión de 47.500 euros financiada a través de la tarifa de inversiones del municipio.
El horizonte incluye una nueva intervención en la avenida España, donde la red de saneamiento entra en carga durante los episodios de lluvias intensas —un problema que en la Valencia interior, azotada en los últimos años por fenómenos meteorológicos extremos, tiene una dimensión especialmente preocupante—. Allí también se renovarán las conexiones de cuatro fincas, con cargo igualmente a la tarifa de inversiones. Pieza a pieza, Bocairent está reconstruyendo las entrañas de su infraestructura hídrica, esa parte de la ciudad que nadie ve pero de la que todos dependen cada vez que abren el grifo.

