Veinte años no borran nada. Este viernes 3 de julio, a las 12:00 horas, la corporación municipal de València se detuvo en silencio frente a la Casa Consistorial de la plaza de l'Ajuntament para recordar a las 43 personas que murieron en el peor accidente de metro de la historia de España. La alcaldesa María José Catalá encabezó el acto junto al resto de grupos municipales, con las banderas de todos los edificios del consistorio ondeando a media asta.
Un lunes de julio que lo cambió todo
La mayor tragedia de metro ocurrida en España se produjo a las 13:06 horas del 3 de julio de 2006, cuando un convoy de la línea 1 de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) con 150 personas a bordo descarriló cerca de la estación de Jesús tras tomar a 80 kilómetros por hora una curva con la velocidad limitada a la mitad, sin que existiera ningún sistema de frenado automático. El siniestro causó la muerte a 43 personas —21 de ellas vecinas de Torrent— e hirió a otras 47.
Solo un día después se celebraba en la Catedral de València, con presencia de los reyes, el funeral por 41 víctimas —dos heridos morirían más tarde— y ese mismo sábado el papa Benedicto XVI, que visitaba la ciudad por el V Encuentro Mundial de Familias, rezaba en el lugar del siniestro. Pocas tragedias urbanas han acumulado tanta carga emocional en tan poco tiempo.
Una lucha de catorce años por la verdad
Un grupo de familiares constituyó la Asociación de Víctimas del Metro del 3 de julio (AVM3J), que entre noviembre de 2006 y julio de 2015 celebró 105 concentraciones el día 3 de cada mes. No era un gesto simbólico menor: era la forma de no dejar que la ciudad olvidara. Los familiares no se creían la versión oficial, que atribuía el accidente únicamente al exceso de velocidad y culpaba al maquinista, fallecido en el propio accidente.
Hubo que esperar hasta 2016 para que Les Corts concluyeran que hubo "13 responsables" políticos, y hasta 2020 para que la justicia condenara a cuatro exdirectivos de FGV. En ese tiempo, la causa judicial se abrió hasta tres veces y se archivó otras tres. Un recorrido agotador que, para muchas familias, nunca cerró del todo las heridas.
El monumento recuperado y los compromisos del Ayuntamiento
El acto de hoy no fue solo un momento de recogimiento. También fue el escenario en el que la alcaldesa rindió cuentas de lo hecho y anunció lo que está por venir. Catalá calificó de "terrorífico" lo ocurrido aquel julio de 2006 y puso en valor el trabajo realizado junto a la asociación de víctimas para rehabilitar el espacio de memoria que llevaba años deteriorado.
"El monumento conmemorativo llevaba muchos años en situación de precariedad y hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano para dignificarlo y poder rendir este homenaje" - María José Catalá, alcaldesa de València
Más allá del homenaje de hoy, el consistorio ha anunciado que llevará a cabo próximamente nuevas actuaciones en el entorno del monumento, respondiendo a las peticiones trasladadas por la Asociación de Víctimas del Metro del 3 de julio. El minuto de silencio también se guardó en las alcaldías pedáneas de la ciudad, extendiendo el homenaje más allá del centro.
Dos décadas después, el 3 de julio ya no es una fecha reivindicativa, sino un día de recuerdo ; aunque para quienes perdieron a un familiar en aquel convoy, el recuerdo no entiende de calendarios. La ciudad que este año también lloró la dana de noviembre de 2024 sabe bien que la memoria colectiva es frágil, y que mantenerla viva requiere algo más que un minuto de silencio: requiere voluntad política, espacio físico y, sobre todo, la persistencia de quienes nunca dejaron de pedir justicia.


