Un mercado de los años cuarenta, reconvertido en polideportivo a principios de siglo, arranca ahora la reforma más ambiciosa de su historia. El Complejo Deportivo y Cultural de Abastos de Valencia inicia las obras de su renovación integral con una inversión de 18,1 millones de euros, después de que su concesión administrativa permaneciera caducada desde 2018, ocho años sin que nadie resolviera una situación que fue deteriorando progresivamente las instalaciones en perjuicio de sus usuarios.
La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, visitó este martes el arranque de los trabajos acompañada por los representantes de SUMA Fitness Club, la empresa concesionaria que ejecutará las obras y gestionará el complejo durante los próximos 25 años. El valor estimado del contrato asciende a casi 102 millones de euros y el plazo máximo de duración es de 25 años. Las obras, sin embargo, tienen un horizonte más inmediato: nueve meses.
"Heredamos un edificio deteriorado y un complejo deportivo con concesión caducada desde 2018 y con falta de inversión. Ahora este complejo va a volver a brillar con una inversión de cerca de 20 millones de euros" - María José Catalá, alcaldesa de Valencia
El edificio que alberga el complejo tiene una historia que va mucho más allá del deporte. El conjunto está ubicado en el antiguo mercado municipal de Abastos, declarado Bien de Relevancia Local, construido a instancias del alcalde de la ciudad en la década de los cuarenta del siglo pasado como mercado de venta al por mayor para detallistas. Proyectado por el arquitecto Javier Goerlich Lleó con criterios funcionalistas, las obras se iniciaron el 1 de diciembre de 1940 y, tras varias interrupciones, finalizaron el 28 de junio de 1948. Décadas después, en 1991 fue objeto de una importante transformación que lo convirtió en un gran contenedor que actualmente aloja en su interior un complejo deportivo y cultural y un instituto, organizados en torno a un gran vestíbulo central. El Complejo Deportivo y Cultural de Abastos fue inaugurado en el año 2003.
Un salto de calidad en las instalaciones
Si algo va a cambiar radicalmente es la experiencia del usuario. La reforma no es un simple lavado de cara: el proyecto plantea una renovación completa del complejo, con tres plantas para uso deportivo y una de sótano para instalaciones técnicas, mejorando además la accesibilidad y la conectividad entre todos los espacios.
La planta dedicada al agua será, sin duda, la gran estrella del nuevo complejo. Contará con una piscina de 50 metros dividida en tres calles dobles —dimensiones propias de instalaciones de competición—, una piscina de 25 metros con un vaso destinado a la enseñanza y otro a actividades físicas acuáticas, y una tercera piscina de 12x10 metros habilitada como spa con camas acuáticas. A esto se sumará una zona de balneario con sauna y duchas terapéuticas, algo impensable en las instalaciones actuales.
La planta superior apostará por las actividades en seco con una distribución clara:
- Un espacio central de máquinas de cardio, estiramientos, fuerza y peso libre
- Tres salas de actividades dirigidas
- Sala de spinning
- Acceso a zona exterior con áreas de uso funcional
- Dos pistas de pádel al aire libre
En cuanto a la oferta de actividades dirigidas, los números son llamativos: más de 2.000 plazas en clases colectivas, 750 plazas de oferta acuática para adultos y 2.000 plazas de oferta infantil. También se incorporarán zonas infantiles, una zona de coworking —guiño a los nuevos hábitos de quienes compaginan trabajo y deporte— y cuatro campus deportivos anuales para niños con servicio de matinera, comedor y tarde.
Ocho años de parálisis y una factura de 20 millones
La alcaldesa no rehuyó el diagnóstico político. Según explicó durante la visita, la concesión administrativa del complejo caducó en 2018 y el anterior gobierno municipal no fue capaz de renovarla, lo que derivó en una reducción progresiva de las inversiones y del mantenimiento. Fue en abril de este año cuando la Junta de Gobierno Local aprobó finalmente la adjudicación de la nueva concesión a SUMA Fitness Club, incluyendo la reforma integral y la dotación de todo el equipamiento necesario.
La cifra total comprometida ronda los 20 millones: 18,1 millones para la renovación deportiva y 1.518.663,92 euros ya invertidos en la rehabilitación del edificio histórico, cuyas obras acaban de concluir. El edificio de Abastos está catalogado como Bien de Relevancia Local y constituye un ejemplo de arquitectura racionalista en la ciudad. Los trabajos de rehabilitación han afectado a las fachadas exteriores, el muro y valla perimetral, la cubierta, el pavimento exterior y el pasaje central. Se han reparado fisuras, eliminado humedades, reconstituido molduras y elementos ornamentales de piedra, y sustituido los vidrios rotos en las vidrieras de los pórticos y lucernarios. Una intervención que, según la propia alcaldesa, era urgente: el edificio había llegado a sufrir desprendimientos.
Alternativas para los usuarios durante las obras
Las obras implican el cierre total del complejo durante los nueve meses previstos de ejecución. Para no dejar a los usuarios sin opción, el Ayuntamiento de Valencia ha articulado una solución temporal: matrícula gratuita hasta el mes de octubre en hasta 14 instalaciones deportivas municipales repartidas por la ciudad, tanto de gestión directa como indirecta.
Y cuando llegue la reapertura —prevista aproximadamente en el primer semestre de 2027—, los antiguos usuarios del complejo tendrán inscripción preferente en el nuevo polideportivo. Un gesto que no resuelve los inconvenientes del cierre, pero que reconoce la fidelidad de quienes llevaban años usando unas instalaciones que, en el fondo, merecían mucho más. La transformación de Abastos es, en definitiva, la historia de un edificio con casi ocho décadas de historia que, por fin, vuelve a estar a la altura de la ciudad que lo alberga.


