Coincidiendo con el Día Sin Coche, València ha estrenado hoy dos nuevas ciclocalles que elevan la red de la ciudad a más de 54 kilómetros de vías con prioridad para la bicicleta. Las actuaciones, ejecutadas por el Servicio de Movilidad del Ayuntamiento, se han materializado en la calle Serpis, en el barrio de La Carrasca (distrito de Algirós), y en el vial de la plaza Jardín de Wangari Maathai, en el barrio de Camí Real (distrito de Jesús). Ambas tienen algo en común: nacen de la voluntad directa de los vecinos, ya que los dos proyectos proceden de los Presupuestos Participativos 2025-2026.
Una apuesta ciudadana por la movilidad activa
No es habitual que la infraestructura viaria nazca desde abajo hacia arriba. Pero eso es exactamente lo que ha ocurrido en estos dos barrios valencianos: fueron los propios residentes quienes, a través de los mecanismos de participación municipal, impulsaron la transformación de estas calles. Los proyectos han sido ejecutados por el Servicio de Movilidad durante la Semana Europea de la Movilidad, que comenzó el 16 de septiembre y concluye este martes, día 22, coincidiendo con el Día Sin Coche. Una fecha simbólica que el consistorio ha aprovechado para dar visibilidad a su apuesta por el transporte sostenible.
El concejal de Movilidad, Jesús Carbonell, ha explicado el sentido de estas actuaciones con claridad:
"El objetivo de la habilitación de las ciclocalles es pacificar el tráfico y reducir la velocidad de vehículos motorizados, creando un entorno más seguro para todas las personas usuarias. Asimismo, se busca dar prioridad a la movilidad activa, mejorar las condiciones peatonales y ciclistas, y fomentar un modelo de transporte saludable y respetuoso con el medio ambiente" - Jesús Carbonell, concejal de Movilidad del Ayuntament de València
El contexto no es menor. València ha logrado situarse como la segunda ciudad española según el índice Copenhagenize gracias, entre otros factores, a sus 225,7 km de carriles bici, sus ciclocalles y sus miles de plazas de aparcabicis. Cada nueva incorporación a esa red consolida un modelo urbano que mira cada vez más hacia el norte de Europa.
Calle Serpis: 2.365 metros junto a institutos y universidades
En el caso de la calle Serpis, la actuación comprende 2.365 metros de ciclocalle entre Ramón Llull y la calle José María Haro, mejorando la conectividad ciclista en un entorno cercano a centros educativos como los IES Cabanyal e IES Serpis, y los campus de la Universidad Politécnica de València y de la Universitat de València (Tarongers). Es decir, una zona donde cada mañana conviven patinetes, bicicletas y motos en una amalgama de tráfico que, hasta ahora, no tenía una regulación clara que priorizara los modos más vulnerables.
Esta nueva ciclocalle no llega sola. Ya en abril, el Servicio de Movilidad había intervenido en el entorno del IES Cabanyal, señalizando el límite de 20 km/h en la calle del Profesor Ernest Lluch —con estrechamiento de carriles en ambos sentidos— y reforzando el límite de 30 km/h en la calle de Jesús Martínez Guerricabeitia. Aquellas medidas llegaron después de que el propio centro educativo alertara al Ayuntamiento de las situaciones de peligro que vivían sus alumnos a diario. La señalización de hoy en Serpis es la continuación lógica de ese proceso de pacificación del tráfico.
Plaza Jardín de Wangari Maathai: conectar el barrio con el metro
La segunda ciclocalle se ha habilitado en el vial de la plaza Jardín de Wangari Maathai, en el barrio del Camí Reial. Sus 1.097 metros conectan el bulevar sur con la estación de metro y Cercanías de Sant Isidre, enlazando con el carril bici de Tres Creus y con el futuro carril bici de Campos Crespo. Una conexión que, sobre el papel, parece técnica, pero que en la práctica significa que quienes viven en ese barrio podrán llegar en bicicleta a la red de transporte público sin abandonar una vía segura.
Esta clase de conexiones son las que marcan la diferencia entre una red ciclista ornamental y una que la gente realmente usa. Unir el carril del bulevar con una estación intermodal no es un detalle menor: es precisamente el tipo de infraestructura que convierte la bicicleta en una opción real para desplazamientos cotidianos, y no solo para el ocio dominical.
Las ciclocalles: una figura con reglas propias
En estas vías, las bicicletas tienen prioridad y la velocidad máxima de circulación es de 30 km/h. Así lo recoge el artículo 33 de la Ordenanza de Movilidad de València, que regula esta figura específica. La ciclocalle no es un carril bici al uso —no segrega físicamente al ciclista del coche—, sino que establece una convivencia reglada en la que el vehículo motorizado es el que debe adaptarse, y no al revés. Un cambio de paradigma que, metro a metro, está reconfigurando la forma en que la ciudad entiende sus calles.
Con estas dos nuevas incorporaciones, València sigue construyendo una red de movilidad que, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades españolas, no se ha quedado estancada. La ciudad continúa expandiendo sus vías ciclistas y mejorando la señalización, añadiendo nuevas conexiones entre barrios y ampliando las zonas protegidas cerca de colegios y centros de actividad cotidiana. En un día pensado para recordar que el coche no tiene por qué ser el protagonista de la ciudad, dos barrios valencianos acaban de demostrarlo con asfalto y pintura.


