Las calles de València respiran algo más. Las vías principales de la ciudad registraron en junio de 2026 un descenso del 13% en el tráfico respecto al mismo mes del año anterior, consolidando una tendencia a la baja que se extiende ya varios años. Traducido a cifras cotidianas, accedieron a la capital 77.200 vehículos menos al día que en junio de 2025, lo que supone una reducción del 12% en los accesos. Para quienes recuerdan la ciudad atascada de 2019 —el año en que el tráfico alcanzó su máximo histórico—, el contraste es aún más llamativo: hoy circula un 19% menos de tráfico que entonces.
Una caída constante desde el pico prepandémico
Los datos, elaborados a partir de las Intensidades Medias Diarias (IMD), muestran que la reducción no es un fenómeno puntual. Comparado con 2023, el tráfico en las vías interiores principales es actualmente un 10% inferior, lo que equivale a 43.200 coches menos circulando cada día por la ciudad. En un contexto en el que muchas urbes europeas siguen lidiando con la saturación del vehículo privado, la evolución de València apunta en una dirección diferente.
El concejal de Movilidad y Policía Local, Jesús Carbonell, ha querido aclarar la metodología que hay detrás de estos números:
"El Ayuntamiento distingue dos grupos de datos: todos los accesos a la ciudad y los pasos por las principales vías interiores, aquellas cuyas intensidades son iguales o superiores a 30.000 vehículos" - Jesús Carbonell, concejal de Movilidad y Policía Local del Ayuntamiento de València
Esta distinción no es un detalle menor. Al separar el tráfico de acceso del tráfico interior, el Ayuntamiento puede identificar con más precisión si los conductores están optando por alternativas una vez dentro de la ciudad, o si simplemente entran menos. Los datos de junio sugieren las dos cosas a la vez.
Obras de gran calado, y el tráfico baja igualmente
Lo que hace especialmente significativo este descenso es el contexto en el que se produce. València está acometiendo en estos momentos la reurbanización de las avenidas Giorgeta y Pérez Galdós, descrita por el propio Carbonell como la obra urbana más importante y compleja realizada en la ciudad en las últimas décadas. A eso se suman los trabajos en la calle Colón, una arteria neurálgica del centro. Que el tráfico baje en plena vorágine de cortes y desvíos dice mucho sobre cómo está cambiando el comportamiento de los valencianos al moverse por su ciudad.
El autobús gana la partida, la bici aguanta
¿A qué se debe esta transformación? La respuesta parece estar, en buena medida, en el transporte público. El año 2025 fue excepcional para la EMT, con un récord histórico de 120.526.090 desplazamientos. Eso supone pasar de los 93 millones de pasajeros que registraba la compañía en 2023 a más de 120 millones ahora, un salto que resulta difícil de ignorar cuando se intenta explicar por qué hay menos coches en la calle.
EMT València ha entrado en una fase de expansión y modernización de su flota e infraestructuras, marcando un punto de inflexión en su trayectoria. El plan de inversiones contempla la incorporación progresiva de 228 nuevos autobuses híbridos y eléctricos de última tecnología hasta el año 2028. La apuesta municipal por un transporte más cómodo, frecuente y sostenible parece estar empezando a dar sus frutos en forma de viajeros que dejan el coche en casa.
La bicicleta, por su parte, ofrece una lectura más matizada. El uso de la red de carriles bici de la ciudad —más de 220 kilómetros de infraestructura ciclista— bajó un 11% en junio respecto a 2025. Sin embargo, si la comparación se amplía hasta 2023, el uso actual sigue siendo un 5% superior. Un retroceso interanual que conviene no dramatizar, pero que tampoco se puede ignorar.
Una ciudad que cambia de hábitos
Más allá de los porcentajes, lo que estos datos dibujan es un cambio de hábitos real entre la ciudadanía valenciana. Menos coches en las arterias principales, más pasajeros en el autobús, una red ciclista que crece a largo plazo aunque fluctúe mes a mes. El propio Carbonell lo resumía al señalar que "si, a pesar de que crecen los accesos, el tráfico interior no crece, los vecinos de València están variando sus hábitos o rutinas y optan por modos alternativos de transporte". La ciudad que en 2019 vivía su cénit de saturación viaria parece estar escribiendo, despacio pero con datos, un capítulo diferente.

