Un año después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 convirtiera las calles de Valencia en torrentes y se saldara con al menos 223 víctimas mortales, la ciudad no puede permitirse bajar la guardia. Hoy, 16 de octubre de 2026, con un nuevo episodio de lluvias en el horizonte, el Ayuntamiento de València ha acelerado los trabajos de revisión y mejora de su red de drenaje, prestando especial atención a los puntos donde el agua tiende a acumularse con mayor facilidad.
Doce imbornales nuevos y tres pozos en la avenida de Levante
La avenida de Levante UD concentra uno de esos puntos problemáticos que los técnicos municipales conocen bien. Durante las últimas dos semanas, el Servicio del Ciclo Integral del Agua ha ejecutado allí una batería de mejoras: se han instalado 12 nuevos imbornales, se han modificado otros ocho ya existentes y se han construido tres pozos para aumentar la capacidad de captación del sistema. También está previsto sustituir la tapa de algunos de esos pozos por rejillas, lo que facilita la entrada de agua en situaciones de lluvia intensa. Para completar el diagnóstico, se ha revisado el estado del colector y se han realizado cálculos hidráulicos que verifican cuánta agua puede evacuar realmente esa infraestructura.
No es una intervención puntual. Las actuaciones continuarán durante las próximas semanas en la zona de influencia de este punto, con el objetivo de que toda el área quede reforzada antes de que lleguen las precipitaciones más serias del otoño.
Una ciudad con 76.700 imbornales que vigilar
El reto es enorme si se tiene en cuenta la escala de la red. El Servicio del Ciclo Integral del Agua municipal gestiona alrededor de 76.700 imbornales repartidos por los 88 barrios y pedanías de la ciudad. Mantenerlos todos operativos no es una cuestión de voluntad, sino de logística continua. Las hojas caídas, los sedimentos, la tierra arrastrada por el viento o los residuos abandonados en la vía pública pueden obstruir un imbornal en cuestión de días, incluso horas tras una limpieza. Por eso, el mantenimiento no funciona como una campaña anual con fecha de inicio y fin, sino como un proceso permanente que se intensifica cuando el otoño llama a la puerta.
Los registros históricos de grandes inundaciones en Valencia muestran que alrededor del 50-60% se producen en octubre, y del orden del 25-30% en septiembre, lo que convierte estos dos meses en el período crítico del año para la red de drenaje urbano. Octubre, precisamente, es el mes en que la ciudad está ahora mismo.
Prevención como filosofía, no como reacción
El concejal del Ciclo Integral del Agua, Carlos Mundina, ha sido claro al respecto:
"La limpieza de los imbornales es un trabajo incesante que no se limita a una campaña concreta. Aunque adelantamos las actuaciones para que la red estuviera preparada antes de la temporada de lluvias, seguimos trabajando para mantenerla en las mejores condiciones posibles y actuar allí donde sea necesario" - Carlos Mundina, concejal del Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de València
La reflexión del concejal apunta a un cambio de mentalidad que la DANA de 2024 aceleró de forma brutal. Aquel episodio puso al descubierto la vulnerabilidad urbana frente al cambio climático y la necesidad de reforzar los sistemas de alerta, drenaje y ordenamiento territorial. La estrategia que se ha ido consolidando desde entonces es relativamente sencilla: extremar la limpieza de imbornales, retirar sedimentos y mantener despejada la red para aprovechar al máximo su capacidad de evacuación a los colectores.
No es glamurosa, no genera grandes titulares en tiempos de calma, pero es la diferencia entre una calle que drena y una calle que se inunda. El imbornal, ese elemento discreto y casi invisible en el bordillo de la acera, se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados de la resiliencia urbana valenciana. Y lo que ocurra en las próximas horas, con las lluvias acercándose, será una nueva prueba de hasta dónde ha llegado ese aprendizaje colectivo.

