Apenas 24 horas después de que Bruselas presentara formalmente la propuesta, València ya tenía al principal responsable de semiconductores de la Comisión Europea sobre su escenario. No fue casualidad. La ciudad ha sido elegida como sede de la primera presentación pública de la European Chips Act 2.0, la nueva legislación que redefinirá el mapa industrial, tecnológico y financiero de los microchips en los 27 estados miembros durante la próxima década. Un gesto cargado de simbolismo para una ciudad que, sin fábricas de obuses ni gigafactorías visibles, se ha convertido en uno de los epicentros europeos de la microelectrónica.
Una ley que va mucho más allá de construir fábricas
La Chips Act original, aprobada en 2023, apostó principalmente por atraer grandes plantas de fabricación a suelo europeo. El resultado fue parcialmente decepcionante: Bruselas quiere corregir las debilidades del primer paquete y desplazar el foco desde la mera atracción de fábricas hacia la creación de una demanda estable para los chips diseñados y fabricados en Europa. En otras palabras, no basta con tener fábricas si nadie compra lo que producen.
El nuevo plan, que forma parte del paquete de soberanía tecnológica de la UE, busca incentivar a los gobiernos europeos para que compren semiconductores producidos por empresas comunitarias, en particular por startups y scale-ups. Para ello, la Comisión quiere crear mecanismos como los denominados Demand Accelerators, acuerdos de compra anticipada y un foro de demanda que conecte a fabricantes de chips con usuarios industriales y administraciones públicas.
La Comisión estima que el ecosistema europeo de chips necesitará alrededor de 120.000 millones de euros de inversión pública y privada hasta 2035, de los que unos 30.000 millones corresponderían a fabricación avanzada. Para hacerse una idea de la magnitud: esa cifra supera el PIB anual de países como Eslovaquia o Croacia.
La pandemia, las tensiones entre Estados Unidos y China, la dependencia de Taiwán y los episodios recientes de disrupción en suministros críticos han convertido los semiconductores en una prioridad de seguridad económica. Los chips sustentan la transformación digital y son esenciales para todas las industrias, desde la automoción hasta las comunicaciones, el espacio y la defensa. La reciente escasez global de semiconductores trastocó cadenas de suministro y provocó desde falta de coches hasta escasez de dispositivos médicos. Lo que parecía un problema de ingenieros resultó ser un problema de todos.
La presentación, en el Silicon Forum de València
El escenario elegido fue el CaixaForum de la Ciutat de les Arts i les Ciències, durante la tercera edición del València Silicon Forum. Arian Zwegers, jefe de la Unidad de Semiconductores y Fotónica de la Comisión Europea, tomó la palabra ante más de 400 asistentes y más de 70 ponentes internacionales. La alcaldesa de València, María José Catalá, fue quien lo presentó en un acto que, por su peso político y su oportunidad, difícilmente se improvisa.
"València es ya un territorio estratégico de Europa en el ámbito de los microchips. Y lo es porque contamos con dos activos diferenciales: talento y liderazgo. La ciudad y su área metropolitana concentran el 50% de los profesionales del país vinculados a la microelectrónica y cerca del 60% de los recursos humanos especializados en fotónica" - María José Catalá, alcaldesa de València
Esas cifras no son decorativas. Explican por qué una ciudad mediterránea sin tradición industrial pesada ha conseguido colocarse en el centro del debate europeo sobre una tecnología que, aunque invisible para la mayoría, condiciona absolutamente todo: el coche que conduces, el teléfono en tu bolsillo, los sistemas de salud, la defensa nacional.
Un ecosistema que ha participado en escribir la ley
La elección de València no solo responde a su masa crítica de talento. La designación de la ciudad para este anuncio sitúa a su ecosistema tecnológico en el centro del debate europeo sobre el futuro de la industria de los semiconductores. Y hay una razón adicional: el ecosistema valenciano ha participado activamente en la elaboración de la futura norma.
En el foro participaron figuras como Maria Marced, expresidenta de TSMC Europa y presidenta del Industry Advisory Group de la Comisión Europea, y Carlos G. Triviño, secretario general de València Silicon Cluster y secretario técnico de ese mismo órgano consultivo. El Industry Advisory Group integra a las 16 compañías de semiconductores más relevantes de la UE y ha sido uno de los principales foros de asesoramiento durante el diseño de la nueva política de chips. Que dos de sus figuras clave procedan o estén vinculadas a València dice mucho del peso real de la ciudad en este ecosistema.
También intervino Jean-Luc Di Paola-Galloni, vicepresidente ejecutivo del Grupo Valeo y presidente industrial de Chips Joint Undertaking (Chips JU), la agencia europea encargada de ejecutar la política comunitaria de semiconductores y gestionar los principales programas de inversión e innovación del sector. Y Juan Velásquez, director global de la Oficina Estratégica de la Universidad de Purdue, en Indiana, considerada actualmente una de las instituciones académicas de referencia mundial en semiconductores.
El Ayuntamiento como palanca industrial
El expediente forma parte de un paquete más amplio de soberanía tecnológica que incluye también nuevas reglas sobre nube e inteligencia artificial, una estrategia de software de código abierto y una hoja de ruta sobre digitalización e IA en el sector energético. En ese contexto, la apuesta local cobra aún más sentido: quien tenga el talento, tendrá la industria.
El Ayuntamiento de València, a través de su estrategia València Innovation Capital, ha puesto en marcha la primera aceleradora de talento en semiconductores en colaboración con la Universitat Politècnica de València (UPV) y ha lanzado una iniciativa para acercar la industria de los microchips a la ciudadanía, con especial atención a los jóvenes. El objetivo es claro: que más estudiantes elijan este camino antes de que lo haga alguien en otro país.
Con su tercera edición, el València Silicon Forum consolida su posición como uno de los principales encuentros europeos del sector. El foro ha pasado de ser un evento local prometedor a convertirse en el lugar donde Europa presenta sus cartas en la partida por la independencia tecnológica. Y eso, en un mundo donde los chips son tan estratégicos como el petróleo lo fue en el siglo XX, no es poca cosa.


