Hay archivos que guardan la historia de una ciudad entera entre sus estanterías. Periódicos amarillentos, libros centenarios, revistas de época que nadie recuerda ya pero que algún día alguien leyó con avidez en un café del centro. La Junta de Gobierno Local de València ha adjudicado a Esther Martínez Alemany la XXIII edición de la beca de catalogación e informatización de los fondos de la Biblioteca Histórica Municipal y de la Hemeroteca Municipal, un reconocimiento anual que convierte a su beneficiaria en la custodiana temporal de ese patrimonio colectivo que la ciudad lleva más de un siglo acumulando.
Once mil euros para preservar la memoria de una ciudad
La beca está dotada con 11.400 euros y tiene una duración de un año, tiempo durante el cual su titular desarrollará tareas propias de ambas instituciones: desde la catalogación y la informatización de los fondos hasta la preservación de los materiales más antiguos y modernos que custodian. No es un trabajo de despacho al uso. Es, en cierta medida, un ejercicio de arqueología documental: poner nombre, fecha y ficha a objetos que de otro modo podrían perderse en el olvido administrativo.
La convocatoria se resolvió por concurrencia competitiva, un mecanismo que garantiza que la plaza recae en quien mejor cumple los requisitos académicos establecidos. Podían optar quienes acreditaran el Grado en Información y Documentación, la Licenciatura en Documentación, o bien una licenciatura en humanidades complementada con un Máster de Patrimonio Bibliográfico y Documental. En otras palabras, perfiles especializados que combinan formación teórica con sensibilidad hacia el documento histórico.
Un legado de más de un siglo en la plaza de Maguncia
Las dos instituciones que centran el trabajo de esta beca comparten sede en la plaza de Maguncia, en el barrio valenciano de Tres Forques. La Hemeroteca Municipal fue fundada oficialmente en 1902, cuando el Ayuntamiento tomó la decisión de reunir y conservar los principales periódicos y revistas que se editaban en la ciudad y los más importantes del resto del país. Más de doce décadas después, desde su fundación ha reunido cerca de 6.500 títulos, aunque ya antes el Ayuntamiento había conservado periódicos locales y recibido donaciones que constituyen la parte más antigua de sus fondos.
La Biblioteca Histórica Municipal también fue creada en 1902 sobre un antiguo fondo bibliográfico que se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años con obras adquiridas por la propia corporación y por las numerosas y valiosas donaciones recibidas. Juntas, conforman lo que podría describirse como la memoria escrita de València: un depósito donde conviven incunables, carteles de fiestas, llibrets de falla, partituras y correspondencia que han sido, durante generaciones, fuente imprescindible para el estudio de la historia local.
Una beca que llega a su vigésimo tercer año
El dato no es menor: esta es la edición número veintitrés de la convocatoria. Lo que empezó como una iniciativa puntual para abordar el reto de digitalizar y ordenar unos fondos desbordantes se ha convertido, con el tiempo, en una apuesta sostenida del Ayuntamiento por la formación práctica de profesionales de la documentación y el patrimonio. Cada año, una persona cualificada accede a esas colecciones y contribuye a hacerlas más accesibles, más rastreables, más vivas.
En un contexto en el que la digitalización de archivos históricos avanza a ritmo desigual en todo el país, la finalidad de estas instituciones es facilitar a la ciudadanía servicios, fondos y actividades destinadas a fomentar el acceso a la información, la cultura, la investigación y el conocimiento, además de garantizar la conservación del importante patrimonio que custodian. La beca que ahora recae sobre Esther Martínez Alemany es, en ese sentido, mucho más que una ayuda económica: es la apuesta de una ciudad por no dejar que su pasado se vuelva ilegible.


