València pone fecha a la seguridad en sus calles: reducir a la mitad los muertos y heridos graves en el tráfico antes de 2030

El pleno municipal aprueba el Plan Director de Seguridad Vial 2026-2030 con votos del PP y Vox y la abstención de la oposición.

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Cada accidente de tráfico en una ciudad deja una huella que va mucho más allá del parte del seguro. Hay familias rotas, semáforos que se recuerdan con miedo y calles que cambian de nombre en la memoria de quienes las habitan. Con ese telón de fondo, el pleno del Ayuntamiento de València aprobó este viernes el Plan Director de Seguridad Vial 2026-2030, un documento que fija como objetivo central reducir a la mitad el número de fallecidos y heridos graves en accidentes de tráfico antes de que termine la década.

Un calendario con etapas, no solo con promesas

El plan no se limita a enunciar buenas intenciones para dentro de cuatro años. Establece metas escalonadas y verificables: una reducción de la siniestralidad del 20% ya en 2026 respecto a los valores de referencia iniciales, del 30% en 2027 y del 40% en 2029. El salto final, llegar al 50%, quedaría para 2030. Es decir, cada año habrá un listón concreto que superar, una cifra que consultar y, si no se cumple, que explicar.

"En 2030 se reducirán a la mitad los fallecidos y los heridos graves como consecuencia de accidentes de tráfico. Y para eso hemos establecido calendarios de actuaciones claros y objetivables" - Jesús Carbonell, concejal de Movilidad del Ayuntamiento de València

El plan no surge en el vacío. La DGT presentó en junio de 2022 su Estrategia de Seguridad Vial 2030, cuyo principal objetivo es precisamente la reducción a la mitad de los fallecidos y los heridos graves en accidentes de tráfico, con la vista puesta en una Visión Cero para 2050 en la que ninguna persona resulte muerta ni herida grave por un siniestro vial. El documento valenciano se alinea con ese marco nacional y lo traslada a la escala urbana, con medidas concretas y plazos que la ciudadanía podrá seguir de cerca.

Lo que ya está en marcha en las calles

El concejal Carbonell también repasó algunas de las actuaciones ya ejecutadas durante este mandato: la instalación de seis nuevos radares informativos, la prohibición de aparcar en los seis metros anteriores a los pasos de peatones —una medida que mejora la visibilidad de peatones y conductores en los momentos más críticos—, la eliminación de la fase ámbar intermitente en determinadas intersecciones, y la instalación de bandas sonoras, pasos sobreelevados y reductores de velocidad. A estas se suman nuevos diseños viarios orientados al calmado del tráfico, como el ejecutado en El Palmar.

El plan se integra además en un ecosistema más amplio de planificación municipal. Se coordina con el Plan Director de la EMT 2025-2030, ya en fase de implementación, y con el Plan Director de Distribución Urbana de Mercancías, actualmente en elaboración junto con AECOC y recientemente presentado al sector.

La oposición se abstiene: tarde, mal y sin suficiente control

La aprobación no fue unánime. El plan salió adelante con los votos favorables de PP y Vox, mientras que los grupos de Compromís y del PSPV-PSOE optaron por la abstención, una postura que refleja un malestar de fondo más que un rechazo frontal al contenido.

El concejal socialista Borja Santamaría reconoció el trabajo de recopilación y análisis de datos y admitió que todos los grupos comparten los objetivos últimos del plan —reducir accidentes y víctimas—, pero exigió que sea el pleno municipal, y no solo la Mesa de Movilidad, quien realice el seguimiento anual de su cumplimiento. Una demanda razonable: si los compromisos son públicos, también debería serlo su rendición de cuentas.

Más duro fue Giuseppe Grezzi, de Compromís, quien afirmó que el plan "llega tarde y mal". El edil recordó que el plan anterior estuvo vigente hasta 2023, lo que a su juicio evidencia una falta de voluntad del gobierno local para abordar la seguridad vial con una estrategia coherente. Grezzi reivindicó además el legado de aquel documento precedente, que incluyó la implantación de la Ciudad 30 en 2019, convirtiéndose Valencia en una de las primeras ciudades de España en adoptar esa medida. "Pero en 2023 desapareció de las estrategias, y se trae ahora a votación, casi tres años después, en los que hemos tenido muchos accidentes", denunció.

La réplica del gobierno: objetivos difusos frente a metas concretas

Carbonell rechazó las críticas con contundencia. Sobre el seguimiento del plan, anticipó la elaboración de una memoria anual —"y posiblemente semestral"— cuyos datos se presentarán públicamente. Respecto al plan anterior, acusó a la oposición de haber diseñado un documento "que no se tradujo en resultados palpables, porque planteaba objetivos mediante indicadores difusos, sin compromisos ni metas a cumplir en fecha determinada". Y explicó que el retraso en la aprobación del nuevo plan estuvo ligado a la elaboración simultánea del primer plan vector de la Policía Local de la historia de la ciudad, con el que se pretendía que estuviera perfectamente coordinado.

El debate en el pleno reveló algo que va más allá de las siglas políticas: todos los grupos quieren menos accidentes, menos muertos y menos familias rotas. La diferencia está en cómo se mide el avance y quién rinde cuentas de él. El objetivo de reducir en un 50% el número de personas fallecidas y heridas graves por siniestros viales para 2030 es también el gran reto de la Estrategia nacional de la DGT. València acaba de comprometerse a acompañar esa carrera. Ahora toca ver si los datos anuales confirman que el camino va en la dirección correcta.