Hay infraestructuras que solo se recuerdan cuando fallan. Los imbornales —esas rejillas metálicas encastradas en el asfalto que el ciudadano pisa sin pensar— se convirtieron en protagonistas involuntarios de la tragedia del 29 de octubre de 2024, cuando una DANA histórica dejó a València y su área metropolitana bajo el agua. Aquel episodio se saldó con al menos 223 víctimas mortales y más de 300 heridos. La tragedia dejó una lección dolorosa y urgente: el mantenimiento preventivo de las infraestructuras de drenaje no es un gasto secundario, sino una línea de defensa real. Casi dos años después, el Ayuntamiento de València no está dispuesto a que la historia se repita por descuido.
Desde el pasado mes de junio, el Servicio del Ciclo Integral del Agua municipal lleva a cabo una campaña de limpieza intensiva de los alrededor de 76.700 imbornales repartidos por los 88 barrios y pedanías de la ciudad. El operativo, que se extenderá hasta finales de septiembre, está ejecutado por la contrata Sanejament de València —integrada por Acciona, Becsa y Ciclagua— y ha incorporado seis operarios de refuerzo durante los meses de verano para mantener el ritmo de los trabajos durante el periodo vacacional y reforzar la atención en zonas sensibles y en los Pobles del Sud.
"La prevención es la mejor herramienta para minimizar las incidencias cuando llegan las lluvias. Esta programación permite actuar de manera planificada en todos los barrios y pedanías, reforzar las zonas que requieren una atención especial y mantener la red de drenaje en las mejores condiciones posibles." - Carlos Mundina, concejal delegado del Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de València
Una campaña con calendario y mapa propio
El dispositivo no improvisa: tiene un calendario detallado que distribuye los trabajos mes a mes. En junio se revisaron unos 19.200 imbornales; en julio, 17.400; agosto concentra 14.500 actuaciones; y septiembre será el mes más exigente, con 25.600 imbornales pendientes de limpieza. La lógica es clara: cuanto más cerca del otoño, mayor es la urgencia de tener la red a punto.
La distribución territorial es también minuciosa. Junio arrancó por Ciutat Vella, L'Eixample, Extramurs, Campanar, La Saïdia, L'Olivereta, Patraix, Jesús, Quatre Carreres, Poblats Marítims, Algirós, Rascanya y los Pobles del Nord, de l'Oest y del Sud, con intervenciones en barrios tan emblemáticos como El Carme, Russafa o el Grau. Julio trasladó los equipos a Sant Francesc, Campanar, Trinitat, Malilla, Montolivet, Aiora, Penya-roja, Mestalla o La Punta, entre otros. Durante agosto, el foco se desplaza hacia Pobles del Sud, Benimaclet, Benicalap y Castellar-l'Oliveral, con actuaciones simultáneas en Pinedo, Faitanar, Orriols, Carpesa o La Raiosa.
Septiembre reserva la mayor carga de trabajo y la mayor responsabilidad. Será el turno de Poblats Marítims —La Malva-rosa, El Cabanyal-Canyamelar, Natzaret— y de numerosas pedanías como La Torre, El Saler, Benifaraig, Massarrojos o Mauella. También se actuará en barrios de interior como El Botànic, La Petxina, Marxalenes, Morvedre, Beniferri o Albors, entre muchos otros.
Doble revisión para los puntos más críticos
Pero la campaña va más allá de una sola pasada. En septiembre se iniciará una segunda revisión en doce zonas ya atendidas en junio: El Palmar, El Perellonet, Torrefiel, Russafa, Benimàmet, Vara de Quart, en Corts, Patraix, La Xerea, Arrancapins, Nou Moles y El Grau. No es un capricho administrativo: son precisamente los meses de septiembre y octubre los que concentran históricamente los episodios de lluvia más intensos en el litoral mediterráneo, cuando el mar aún guarda el calor del verano y las primeras borrascas atlánticas empujan el aire frío hacia el este.
Diseñar y mantener sistemas de drenaje eficientes, como la limpieza regular de cauces y elementos de captación, es una de las medidas clave para asegurar la capacidad de desagüe y prevenir obstrucciones. En ese sentido, la actuación del Ayuntamiento no se limita a los imbornales: el Servicio del Ciclo Integral del Agua dispone también de equipos específicos para la revisión de los puntos de evacuación máxima de aguas pluviales, los pasos inferiores, las instalaciones de bombeo y los grandes colectores de la ciudad.
"Cuidar la red de saneamiento es cuidar la seguridad y el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Con este dispositivo avanzamos en una gestión preventiva, sostenida y eficaz de las infraestructuras públicas, al tiempo que garantizamos la continuidad de un servicio esencial para València." - Carlos Mundina, concejal delegado del Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de València
Lo invisible que protege lo cotidiano
Un imbornal obstruido por hojas, sedimentos o basura puede parecer un problema menor. No lo es. Los sistemas urbanos de alcantarillado, diseñados para absorber precipitaciones de menor intensidad, pueden mostrarse incapaces de gestionar volúmenes excepcionales de agua en períodos muy cortos. Por eso, mantener despejada cada rejilla de la red importa: son la primera línea de contención cuando el cielo se abre sobre la ciudad.
El concejal Mundina lo resume con una frase que, en el contexto de lo vivido en octubre de 2024, cobra un peso especial: "Este trabajo no se limita a una intervención puntual: responde a una planificación continuada que combina mantenimiento, anticipación y coordinación operativa. Nuestro objetivo es que València esté preparada y que la ciudadanía cuente con unas infraestructuras cuidadas y capaces de responder ante episodios meteorológicos adversos". Una ciudad que aprende de sus cicatrices es una ciudad que, al menos, habrá hecho sus deberes antes de que vuelva a llover.


