València ha sido seleccionada como una de las tres ciudades finalistas a ser Capital Europea de la Innovación 2027, en los Premios iCapital convocados por la Comisión Europea, junto con Madrid y Montpellier. Un reconocimiento que no llega de la nada: la ciudad mediterránea lleva más de quince años construyendo un ecosistema de innovación que ahora aspira a ser referente en todo el continente.
La ceremonia de entrega de los premios tendrá lugar el próximo 3 de diciembre en Grenoble, Francia, y la ciudad ganadora recibirá un millón de euros, mientras que las otras dos finalistas obtendrán 100.000 euros cada una. Pero más allá del dinero, lo que está verdaderamente en juego es el título y la influencia que conlleva liderar la agenda de innovación urbana europea.
Una candidatura que reivindica el derecho a innovar en la calle
No es habitual que una candidatura institucional se presente con un lema tan directo. La propuesta valenciana lleva por nombre València says yes y defiende una nueva visión europea basada en el derecho a utilizar la ciudad para innovar. La idea de fondo es tan sencilla como ambiciosa: que las aceras, las plazas, los edificios públicos y los servicios municipales dejen de ser meros escenarios y se conviertan en laboratorios vivos donde empresas, universidades, emprendedores y ciudadanos puedan probar soluciones reales.
"València quiere dar un paso más y contribuir a definir una nueva visión europea de la innovación: el derecho a utilizar la ciudad para innovar" - María José Catalá, alcaldesa de València
La alcaldesa ha recalcado que el reconocimiento no se limita a la administración local, sino que también pertenece a las más de 80 entidades que respaldan la candidatura y a todas las personas que trabajan para hacer de València una ciudad más innovadora, sostenible e inclusiva. Un respaldo colectivo que, en sí mismo, ya dice mucho sobre el tejido que se ha ido tejiendo en torno a la innovación en la ciudad.
El Urban Sandbox: la ciudad como campo de pruebas
Uno de los argumentos más sólidos de la candidatura valenciana es que no vende promesas, sino resultados ya en marcha. El València Urban Sandbox —literalmente, una caja de arena urbana— pone a disposición de proyectos innovadores más de 150 recursos de la ciudad, desde infraestructuras hasta espacios públicos. En menos de dos años, más de 80 proyectos de innovación han solicitado participar en el Sandbox Urbano de València, más de 50 ya han accedido a este entorno de experimentación para probar sus soluciones en condiciones reales y, además, la mitad de los proyectos finalizados han llegado al mercado.
¿Cuántas ciudades pueden decir que sus calles son, literalmente, un entorno de pruebas regulado por ordenanza municipal? València dispone de un marco legal específico que permite este tipo de experimentación, lo que la diferencia de propuestas más teóricas y le otorga una ventaja competitiva real frente a sus rivales en esta final.
Innovación que mueve millones y genera empleo
La apuesta valenciana también tiene una lectura económica contundente. Según los datos de la candidatura, 17 millones de euros de inversión pública han contribuido a movilizar 61 millones de euros en financiación total, un efecto multiplicador de casi cuatro veces la inversión inicial. La ciudad cuenta además con 1.689 empresas emergentes y más de 20.000 empleos cualificados, cifras que sitúan a València en el mapa europeo del talento tecnológico y emprendedor.
Entre los instrumentos que han hecho posible este crecimiento figuran las subvenciones públicas a la innovación, el modelo GovTech —que implica a la propia administración como cliente y promotor de soluciones innovadoras— y la compra pública de innovación, una fórmula cada vez más extendida en Europa para impulsar sectores estratégicos sin depender exclusivamente del mercado.
Un premio con historia y un palmarés de grandes urbes
El premio iCapital se celebra desde 2014 y entre sus ganadores históricos figuran ciudades como Barcelona, Amsterdam, París, Atenas, Nantes, Leuven y Dortmund. A ellas se suman Aix-Marseille Provence Metropole, Lisboa y Turín, que se han alzado con el título en las ediciones más recientes. No es una competición de segunda fila: estar en la final ya coloca a València en una élite urbana europea que muy pocas ciudades alcanzan.
El premio identifica a ciudades que conectan a los ciudadanos con la academia, las empresas y el sector público para traducir esos vínculos en una mejora real del bienestar social, impulsando al mismo tiempo una innovación transformadora. Precisamente esa es la filosofía que València ha intentado articular en su candidatura: que la innovación no sea un escaparate, sino una herramienta concreta al servicio de quienes viven en la ciudad.
El 3 de diciembre, en Grenoble, se sabrá si ese argumento convence al jurado. Ganar supondría no solo un millón de euros, sino la consagración de València como modelo europeo de ciudad innovadora, un reconocimiento que llegaría avalado por más de quince años de trabajo acumulado y que, en el mejor de los casos, podría redefinir cómo el resto del continente entiende la relación entre innovación urbana y calidad de vida ciudadana.

